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PALACIO DE AMBEL EN LA PROVINCIA DE ZARAGOZA. ENTREGA DEL PREMIO APUDEPA 2005

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El pasado 22 de abril, sábado, tuvo lugar una  cena de socios y simpatizantes en la Posada de las Almas de Zaragoza   con motivo de la entrega del Premio de Apudepa a la restauración del palacio de Ambel. En el acto se les hizo entrega de una obra original del pintor aragonés, Joaquín Ferrer Millán. Estuvieron presentes dos de sus cuatro propietarios, Christopher  Gerrad y Nick Watson.

En cuanto al Tocho Apudepa 2005, entregado al Gobierno de Aragón por su injusta  actuación en el Fleta, la asociación hizo parodia de un supuesto telegrama enviado por nuestra inefable Dª Eva Almunia, la actual Consejera de Educación y Cultura, entre las risas generalizasa de los asistentes

 Por su interés, transcribimos el texto que para la ocasión leyó uno de sus propietarios,   profesor de la Universidad de Durham (Inglaterra), Dr. Christopher Gerrad:  

"Muchas gracias. En primer lugar me gustaria agradecer a APUDEPA en mi nombre y en el del resto de los propietarios este premio, que es un gran honor para nosotros. La verdad es que es muy inesperado y ha sido una gran sorpresa. Tras 20 anos de trabajo en el edificio, la restauracion del palacio todavia continua.

Fue en 1987 cuando Isidro Aguilera nos llevó a ver el edificio de Ambel por primera vez y de noche. Éramos un grupo de cuatro amigos –jóvenes entonces- que visitabamos la zona cada verano para excavar a las afueras de Borja y queríamos encontrar una base desde la que explorar un poco más de la región. Llegamos aquí como estudiantes de arqueología ayudando con las excavaciones que realizaba la universidad de Bristol en colaboración con la universidad de Zaragoza.

Cuando vimos el edificio nos fascinó su complicado plano (por el que era necesario salir a la calle y utilizar tres puertas distintas para visitarlo) y la verdad es que por aquel entonces no vimos pega alguna con el mismo. Una vez adquirido el edificio, teníamos que dormir todos juntos en una sola habitación, rodeados de goteras y ruidos que el pueblo nos dijo que era el fantasma del palacio. El resto de las habitaciones estaban habitadas por arañas “tan grandes como conejos”, no había electricidad y tampoco agua. La situación era un poco deprimente, y por aquel entonces tanto el dinero como nuestro conocimiento de la arquitectura medieval y moderna de la región eran muy limitados, y por supuesto, la relación que el edificio tenía con las órdenes militares no tenía mucha relevancia entonces.

En aquellos primeros días estaba claro que era imposible llegar y vivir en el edificio sin más. Empezamos por establecer una zona como campamento base, con varias habitaciones que se podían utilizar sin riesgo alguno, por ejemplo,  sin que cachos del techo se cayeran en la comida.

Buscamos a ver si era posible encontrar algun tipo de ayuda para hacer algunas de las obras mayores (sobre todo los tejados), pero no tuvimos suerte alguna, así que organizamos un tipo de intercambio con un colegio británico de carpinteros, electricistas y albañiles. Jóvenes estudiantes de estos gremios vinieron durante seis veranos con sus profesores y con ellos reorganizamos la infraestructura básica del palacio. El arquitecto Miguel Angel Bordejé fue un entusiasta consejero y bajo su supervisión quitamos escombro, reforzamos vigas de los tejados y reparamos el ladrillo y yeso que estaba en mal estado. Por entonces Manuel Jiménez fue una fuente de sabiduría sobre aspectos locales.

Nuestra filosofía fue, y sigue siendo, muy simple. Intentamos no hacer intervención alguna que no sea reversible y simplemente no tocamos la fábrica histórica del edificio. Durante los últimos diez años hemos trabajos o bien solos o bien con familiares y amigos, que generosamente aceptan la invitación de venir a echarnos una mano en el proyecto que sea, y algunos de los cuales todavía están desconcertados sobre nuestros objetivos. De hecho, no hemos realizado restauración alguna, en el sentido de que no hemos creado espacios nuevos, sino que lo que hemos hecho es conservar lo que había, con métodos y materiales tradicionales siempre que se ha podido. Incluso hemos intentado conservar la ecología del edificio, creando espacios para los grandes grupos de murciélagos que invernan en el palacio y también para las lechuzas que viven en las falsas.

Nuestra filosofía fue, y sigue siendo, muy simple. Intentamos no hacer intervención alguna que no sea reversible y símplemente no tocamos la fábrica histórica del edificio. Durante los últimos diez años hemos trabajado o bien solos o bien con familiares y amigos, que generosamente aceptan la invitación de venir a echarnos una mano en el proyecto que sea, y algunos de los cuales todavía están desconcertados sobre nuestros objetivos. De hecho, no hemos realizado restauración alguna, en el sentido de que no hemos creado espacios nuevos, sino que lo que hemos hecho es conservar lo que había, con métodos y materiales tradicionales siempre que se ha podido. Incluso hemos intentado conservar la ecología del edificio, creando espacios para los grandes grupos de murciélagos que invernan en el palacio y también para las lechuzas que viven en las falsas. El enfoque que hemos adaptado ha sido muy arqueológico. Hemos medido y dibujado todas la fachadas del edificio, ventanas, puertas y decoraciones. La mayor parte de este trabajo lo han realizado mis estudiantes, que vienen durante el verano a hacer prácticas y disfrutar de un poco de sol. Con ellos hemos limpiado la cal del siglo XIX y calcado los graffiti, produciendo unos sesenta metros de papel. También hemos realizado excavaciones arqueológicas y hemos intentado situar al edificio en el contexto local de la villa de Ambel; para ello, y con la ayuda del Centro de Estudios Borjanos, hemos estudiado varios cientos de documentos del Archivo Nacional de Madrid, y los resultados fueron publicados en el 2003. Durante todo este proceso, lo que más nos ha sorprendido es que el edificio que compramos en 1987, que fue descrito entonces como del siglo XVI, es mucho más antiguo. La arqueología muraria nos ha permitido descubrir las estructuras templarias de los siglos XII y XIII, todavía embutidas en construcciones más tardías. Igualmente no sabíamos de las grandes obras realizadas a finales del siglo 18, que salvaron al edificio de una ruina total e incluyen la fachada lateral con sus grandes arcos. Todo esto nos indica que es imposible restaurar el edificio de una fecha determinada, todavía es más, el verdadero valor del palacio está en lo que nos comunica de su larga y compleja historia de adaptación y remodelación de acuerdo con las necesidades de sus habitantes. Durante siglos estos eran los monjes conventuales y caballeros, pero después fueron los arrendadores del edificio, y más recientemente las familias de propietarios, administradores y criados que vivían allí.

El palacio de Ambel es ahora uno de los edificios mejor entendidos de aquellos que fueron de las órdenes militares, y no solo en España, sino en toda Europa. Su estudio ha sido multidisciplinar, y esperamos que continúe así en el futuro. En la actualidad, por ejemplo, en colaboración con el departamento de ingeniería de mi universidad estamos dirigiendo una tesis sobre los defectos estructurales del tapial, intentando encontrar modos de repararlos. Aquí debo hacer un inciso, y mencionar que hemos estado midiendo y vigilando cada dos meses el movimiento de las rajas de las paredes del palacio durante 20 años, dando pie a dos tesis doctorales por sendos ingenieros. Todo esto es debido al interés actual existente por el tapial, material de construcción tradicional y muy de moda con arquitectos modernos por sus características ecológicas.

En cuanto al progreso en la conservación del edificio, todavía hay varios suelos por reparar y varias zonas del edificio donde todavía no hemos empezado. La decoración interior es algo primitiva –o rústica-, el agua caliente es algo escasa, y el tejado requiere trabajo constante.

Por lo demás, cuando los visitantes vienen y nos preguntan ¿qué obras habéis hecho? ¡porque no se notan! Nos lo tomamos como un halago. Por ejemplo, ningún suelo está complemente horizontal, porque originalmente no lo fueron y creemos que no tiene ningún mérito reponer vigas para rectificarlo.

En España hoy en día, la restauración de edificios antiguos a veces insiste en crear un edificio nuevo –y de lujo- en el lugar del edificio histórico, y generalmente a su costa. Nosotros tenemos muy claro que no queremos esto. Sería como rellenar todos los agujeros y allanar las superficies de la Puerta del Carmen, borrando el carácter histórico y significado del monumento.

Mucha gente viene a Ambel y desde del centro del palacio nos dice: ¡Pero cuanto queda por hacer!, aunque a nuestro parecer la restauración esta casi ya terminada.

Nuestro papel actual es el de meros guardianes del edificio y de su historia para las generaciones futuras.

Muchas gracias por el premio, es un gran honor".

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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