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El Museo como Agente Social del Desarrollo

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Por su interés, recogemos este reciente artículo del ICOM (Consejo Internacional de Museos) sobre la función social de los mismos. Es del todo evidente que las políticas museísticas han cambiado en las últimas décadas. En fechas recientes, ha cobrado especial relavancia el desarrollo territorial pero la función cultural es imprescindible y en el artículo se incide en "la necesidad de concienciación del patrimonio local y responsabilización compartida del patrimonio, considerado como sedimento cultural del desarrollo" y en la necesidad de una cooperación en red con estructu­ras más avanzadas y proyectos en curso a tra­vés de intercambios.

En conclusión, los grandes museos mediáticos resultan del todo insustituibles pero también los pequeños son imprescindibles. ¿Qué se está haciendo en Aragón sobre todo esto? Desde el punto de vista educativo nos atrevemos a decir que bien poco. ¿Hasta cuándo se va a posponer una política activa, seria y generalizada de los niños y jóvenes aprendiendo y disfrutando en todo tipo de museos? Para ejemplo de mala gestión ya tenemos el Museo Provincial Arqueológico y de Bellas Artes de Zaragoza, casi siempre vacio. No obstante, ahí lo tenemos apoyando al Espacio Goya, propiciado por un gobierno inculto, en el edificio de la Escuela de Artes, su casi gemelo, a quien pretende arrebatar su alumnado y su carácter histórico.

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Noticias del ICOM, Boletín vol 61, 2008 nº 1.

El Museo como Agente Social del Desarrollo

por Rugues de Varine, Consultor, antiguo Director del ICOM (1965-1974)

El siglo pasado, a partir de los años 60, se planteó la cuestión, en la UNESCO y el ICOM, del papel que desempeñaban los museos en los países en vías de desarrollo con el fin de encon­trar una independencia cultural que acom­pañara la independencia política (Coloquio de Neuchatel 1962, Seminarios Regionales de Jos 1964, Nueva Delhi 1966). En los 70 apareció un nuevo concepto: la implicación de los museos en una óptica de desarrollo territorial (Santiago 1972, Le Creusot-Montceau 1975-1980). En los 80 surgieron iniciativas a raíz de dicho movi­miento denominado desde entonces "la nueva museología", en Canadá (Haute Beauce, Fier Monde), Suecia (Bergslagen), Noruega (Toten), Portugal (Seixal).

Los años 1990 marcaron la universaliza­ción de la nueva museología y la adopción del término "ecomuseo" o "museo comunitario" para distinguir los museos "herejes" o "hetero­doxos" de los tradicionales que buscan su mul­tiplicación y expansión en lo que a colecciones, superficies de exposición, público turístico, y en consecuencia, a presupuestos, se refiere. Este caminar discrepante se identificó en la Conferencia del Icom en Québec, en 1992. En los años 2000 se observó una especie de institucionalización: en países como Italia o China, están naciendo sistemas de ecomuseos con el apoyo de las autoridades públicas.

¿Y en la actualidad? El desarrollo terri­torial se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de los responsables políticos, las fuerzas vitales de la sociedad civil, adminis­traciones e instituciones locales. El desarrollo no puede limitarse al aspecto económico y social, debe hacerse primero en el ámbito cul­tural para que las comunidades humanas, en sus territorios, adquieran el dominio de su futuro (empowerment) y lo expresen en el idioma de su cultura viva. Esta cultura, asi­mismo enraizada en un patrimonio vivo y en constante transformación y creación, necesita herramientas complejas para el inventario, la valorización, la protección y la creación de valores y bienes materiales e inmateriales. El museo tradicional, encerrado en un edificio y preocupado por atesorar colecciones y atraer al público, tiene otras prioridades. Acoge una "cultura fuera de su suelo" y para ello dispone de medios y normas, generalmente determina­dos por las autoridades nacionales o regio­nales.

Por ello se ha tenido que imaginar algo diferente y con el nombre de ecomuseo, museo comunitario, parque cultural u otros términos, crear, a nivel territorial, estructuras originales que tienen en común la voluntad claramente política de responder a la necesidad de concienciación del patrimonio local y responsabilización compartida del patrimonio, considerado como sedimento cultural del desarrollo. La mayoría de estas estructuras existen de manera autónoma y se van definiendo naturalmente a partir de las interacciones entre los actores locales. En general, son pobres o dependen de escasa financiación; su personal es a menudo voluntario, raramente diplomado en museología o museografía clásica. Son difícilmente recono­cidas ya que no pueden respetar las normas impuestas a los museos por las administra­ciones nacionales, sobre todo, cuando su voca­ción no es la de adquirir colecciones; sin embargo, juntas constituyen un sector piloto de la museología moderna, unido a otros compo­nentes de estrategias y programas de desarrollo de los territorios.

Para que los nuevos museos puedan existir, deben cooperar en red, en el interior de sus territorios y entre ellos. El concepto de red, muy a la moda en numerosos ámbitos, es muy significativo en este contexto.

En un territorio, el inventario del patri­monio, redactado por y con la población, deter­mina la red de puntos que hay señalar, valorar, relacionar a través de itinerarios y documentar con la investigación, pero también significa la cooperación entre los actores locales, institu­cionales, asociativos, individuales, con objeti­vos y programas comunes que determinen el funcionamiento de redes operacionales.

A escala nacional e internacional es necesaria una cooperación en red con estructu­ras más avanzadas y proyectos en curso a tra­vés de intercambios, según el modelo de algunos programas europeos transnacionales (Interreg, Equal, etc.). Los ecomuseos chinos se han lanzado con el apoyo de los de Noruega. Los museos brasileños proponen cursillos a museólogos franceses, portugueses o de otros países. El Museo Comunitario de Oaxaca orga­niza cursos de formación en museología comu­nitaria. Varias iniciativas locales en África intentan obtener apoyos solidarios prove­nientes del exterior. Es necesario multiplicar los intercambios de servicios y no limitarse a reuniones internacionales o nacionales, nece­sarias pero que dan como resultado más decla­raciones que proyectos cooperativos. Las nuevas tecnologías deberán permitir que se superen las dificultades de aislamiento y comu­nicación en la actualidad se están llevando a cabo diferentes reflexiones al respecto. Esperemos que algunas instituciones pioneras acepten asumirlas y conseguir que, por lo menos, se puedan experimentar.

Contacta: hdevarlne@interactions-onllne.com

13/05/2008 12:06. apudepa #. Noticias

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