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Es didáctico y necesario Debatir

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¿Por qué no parar la Sagrada Familia? Un ácido debate enfrenta a partidarios y detractores de acabar la obra de Gaudí. Oriol Bohigas revela que Maragall defendió completar el templo barcelonés

AGUSTÍ FANCELLI - Barcelona - 04/12/2008

A la pregunta de por qué el primer Ayuntamiento socialista de Barcelona no hizo nada para parar las obras de finalización de la Sagrada Familia, a pesar de que su delegado de Urbanismo entre 1980 y 1984, Oriol Bohigas, había abanderado la contestación contra las mismas, el arquitecto desveló ayer: "Porque Maragall, como explica en sus recientes memorias [Oda inacabada], era partidario de continuarlas. Un tío suyo [Juan Antonio Maragall] formaba parte de la junta constructora". Como los Güell o los Bocabella, la familia Maragall estuvo en esa junta, cuyo presidente nato es el arzobispo de Barcelona, desde su fundación, en 1893. Aún hoy ocupa un puesto de vocal Roser Maragall Garriga, prima del ex alcalde y ex presidente de la Generalitat.

400 personas han firmado ya el manifiesto ’Gaudí en alerta roja’

Oriol Bohigas participó ayer en un vivo debate en el Fomento de las Artes Decorativas (FAD) que reunió a un amplio abanico de profesionales para debatir sobre dos obras de Gaudí que se hallan en el epicentro de la polémica: la Sagrada Familia y la Cripta Güell de Santa Coloma de Cervelló, a 15 kilómetros de Barcelona. El acto reunió tanto a detractores de estas últimas intervenciones -como Quim Espanyol, autor de un extenso informe sobre la Cripta, encargado por el Ministerio de Cultura; Juanjo Lahuerta, arquitecto e historiador, o Elías Torres, autor de la reforma del Parque Güell, entre otros- como a defensores: estaba José Luis González, para defender su reforma de la Cripta Güell, o Jordi Rogent, responsable municipal del patrimonio arquitectónico, que defiende la reforma.

El párrafo de las memorias de Maragall al que aludía Bohigas dice textualmente (página 296): "Soy partidario de acabarla , con el arco sobre la calle de Mallorca, pero a la vez soy partidario convencido del túnel [por el que pasará el futuro AVE hacia Francia, justo al lado del templo]. No nos conviene en absoluto retrasarlo más". De momento, los técnicos de ADIF, empresa pública encargada de la construcción de este túnel, tienen vetado el acceso al templo para colocar sensores que recojan el estado real del edificio y permitan proyectar el muro-pantalla subterráneo que se construirá para protegerlo. Mientras, la junta del templo ha presentado varios recursos ante la Audiencia Nacional para paralizar el túnel. Por su parte, las obras del templo, que se realizan sin permiso de obra alguno, prosiguen a buen ritmo, sufragadas mayormente por el precio de la entrada y sin que esos ingresos reviertan en la mejora del barrio, colapsado por los turistas.

En referencia a la Cripta Güell, la otra obra de la discordia, Quim Espanyol reconoció la "alta calidad técnica" de la intervención realizada para preservar la construcción, pero lamentó que ésta hubiera ido más allá, introduciendo "añadidos diseñados" absolutamente inadecuados, como una cubierta desmesurada, una nueva escalera para acceder a ella o un monolito con la palabra "Amén" de nueva factura. Esta obra, en la que Gaudí ensayó muchas soluciones arquitectónicas que luego trasladaría a la Sagrada Familia, quedó interrumpida por falta de financiación coincidiendo con la I Guerra Mundial, y luego sufrió múltiples reformas, hasta la última, motivada por una grieta detectada en 1989.

"Nos propusimos recuperar la imagen de la obra abandonada en 1915, pero no somos talibanes", replicó José Luis González. "Nunca quisimos continuar la obra de Gaudí, sino hacer una hipótesis de cómo hubiera sido si se hubiera acabado. Nuestra intervención siempre marca dónde acabó Gaudí y dónde empezamos nosotros".

La reforma ha sido denunciada en los juzgados. Manuel Medarde, que lidera esta iniciativa, denunció ayer en el debate la tala de árboles llevada a cabo, cuando Gaudí siempre buscó soluciones, incluso complejas, para respetarlos.

Como en otras ocasiones, Oriol Bohigas concluyó su intervención pidiendo la intervención del Ayuntamiento, tanto en la Sagrada Familia como en la Casa Batlló del paseo de Gràcia, donde el Consistorio, denunció, no ha sido capaz de demoler un ático y un sobreático construidos abusivamente durante el franquismo que limitan la visión del edificio.

La presidenta del FAD y moderadora del debate, Beth Galí, cerró el acto recordando una frase del arquitecto Jorn Utzon, recientemente fallecido: "Las grandes obras deben quedar inacabadas". Lo dijo poco después de haber sido expulsado de la construcción de la Ópera de Sidney, el edificio que le reportó fama mundial.

04/12/2008 11:45. apudepa #. Opinión

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apudepa

Cosme

jeje, leo que el "restaurador" de la cripta dice " no somos talibanes", y "Nunca quisimos continuar la obra de Gaudí, sino hacer una hipótesis de cómo hubiera sido si se hubiera acabado. Nuestra intervención siempre marca dónde acabó Gaudí y dónde empezamos nosotros".

SObre el asunto decir que esa forma de hablar "no somos talibanes " es llamar taliban al que no piensa como yo, es lamentable y es un ejemplo de la demagogia y triquiñuelas utilizadas para atacar a los defensores del patrimonio....

Y sobre la otra frase, pues me parece demencial."Nunca quisimos continuar la obra de Gaudí, sino hacer una hipótesis de cómo hubiera sido si se hubiera acabado. Nuestra intervención siempre marca dónde acabó Gaudí y dónde empezamos nosotros".
¿Que es eso de hacer una hipótesis? ¿Por que se tiene que materializar la hipótesis del arquitecto y no la de otros? ¿Acaso el arquitecto tiene más línea directa con Gaudí que el resto de los mortales?

Fecha: 04/12/2008 13:26.


gravatar.comPilita

A mí esta frase de José Luis González Moreno "Nunca quisimos continuar la obra de Gaudí, sino hacer una hipótesis de cómo hubiera sido si se hubiera acabado. Nuestra intervención siempre marca dónde acabó Gaudí y dónde empezamos nosotros", me parece un viva Cartagena entre una "restauración en estilo" (decimonónica), que debería estar erradicada, junto a consignas del restauro moderno a lo Camilo Boito (discernimiento entre lo original y lo añadido). Pero a ver, me pregunto, si había necesidad de ir más allá del problema de reparación que presentaba la cripta.
Por otro lado, ¿cómo que se construye la Sagrada Familia sin permiso alguno y además pretende pasar por allí un túnel? Esto pasa en un país como el nuestro poco serio.

Fecha: 04/12/2008 20:39.


Julian

Hay que debatir y por eso lo adjunto. En EL PAIS del 5 de diciembre de 2008, edición de Andalucía, viene un artículo(http://www.elpais.com/articulo/andalucia/alturas/elpepuespand/20081205elpand_14/Tes ) sobre el edificio que quieren levantar en Sevilla. Lo traigo aquí simplemente para que veamos como opinan la mayoría, porque creo que es descaradamente demagógico: han cogido un ejemplo concreto muy llamativo que el tiempo ha avalado como de interés, pero hay muchos otros ejemplos de actuaciones que bien podría haber puesto de ejemplo el periodista, y que desde luego han confirmado los peores temores de los defensores del patrimonio.


LUIS MANUEL RUIZ
Las alturas
LUIS MANUEL RUIZ 05/12/2008

"Nosotros, escritores, pintores, escultores, arquitectos, amantes apasionados de la belleza hasta ahora intacta de París, queremos protestar con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra indignación, en el nombre del gusto francés despreciado, en el nombre del arte y de la historia francesa amenazados, contra la erección, en pleno corazón de nuestra capital, de la inútil y monstruosa torre Eiffel, que la maledicencia pública, a menudo inspirada por el buen criterio y el sentido de la justicia, ha bautizado ya con el nombre de torre de Babel... ¿Va pues la ciudad de París a asociarse a partir de ahora a la barroca, a la mercantil imaginación de un constructor de máquinas, para ser afeada irreparablemente y deshonrarse?" Este texto, trufado con un elenco de adjetivos poco obsequiosos de los que las líneas que acabo de copiar sólo ofrecen una muestra, apareció bajo un rótulo de negras letras de alarma en Le Temps del 14 de febrero de 1887. El rótulo presentaba la denuncia como Protesta de los artistas contra la Torre Eiffel, y un largo reguero de firmas avalaba, al pie, su ira y su fuego: entre los escritores, pintores, escultores y amantes de la belleza más pudibunda y conservadora se contaban Alexandre Dumas hijo, Leconte de Lisle y Charles Gounod; pronto, en artículos añadidos por otros periódicos, recibirían el apoyo de Paul Verlaine o Léon Bloy.
El decadente Joris-Karl Huysmans definió la lamentable torre como "esqueleto gigante y desgraciado"; Guy de Maupassant fue más lejos y recurrió a la proctología para calificarla de "supositorio plagado de agujeros". Así andaban los ánimos entre la materia gris de la capital del mundo en la víspera de la elevación de su monumento más emblemático. La flor y nata de la cultura, los baluartes de la estética y del buen gusto entendido como un jardín de estatuas donde el progreso no debía irrumpir con su hierro, consideraban su obligación desacreditar ese engendro, esa cosa innombrable, ese mazacote de metal con las piernas abiertas que iba a apropiarse del cielo de París para empequeñecer los campanarios de Notre Dame y asustar a las gárgolas. Poco podían sospechar que la belleza suele desplazarse a mayor velocidad que quienes le confeccionan trajes a medida, y que miríadas de afiches, películas y viajes de novios acabarían por reducir su verborrea apocalíptica a cháchara de viejas, de esas para las que no existen caballeros como los de antes.
No se me ocurre dudar de la autoridad intelectual ni moral de los miembros de Icomos, el organismo internacional que en un reciente informe ha condenado el levantamiento de la torre Cajasol en el cinturón histórico de Sevilla, y que incluso ha recomendado a la Unesco que incluya los bienes históricos de la capital en el censo del Patrimonio Histórico en Peligro. La verdad es que tampoco dudo de la autoridad de Gounod, ni de Verlaine, padre de camadas de poetas, ni de Huysmans, ni por supuesto del espléndido y excesivo señor de Maupassant; pero mi admiración no me impide percibir que todo el mundo tiene un mal día y que nadie se encuentra a salvo de dar un tropezón ni de proferir tonterías en un momento de flaqueza.
La excusa de que la torre Cajasol no debe construirse porque arruina el panorama de los tomavistas y vuelve forzosamente obsoletas las postales de los quioscos posee el mismo peso que la de los artistas enemistados con la torre Eiffel: ni los de ahora ni los de entonces comprendieron que una ciudad es una cosa viva, en continua expansión, que se desarrolla, crece, cambia de voz y cría bigote, y que intentar frenar su metabolismo para que se parezca al niño monísimo de antaño es un atentado contra la naturaleza del que ella se encargará más pronto que tarde de resarcirse. ¿Cómo? Obligando a sus habitantes a mirar a las alturas, y no a la suela de sus zapatos.

Fecha: 05/12/2008 13:03.


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