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Las torres de Zaragoza: otras víctimas

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 Foto Heraldo de Aragón

Ayer domingo Heraldo de A. publicó un interesante reportaje de David Navarro sobre las antiguas casas de campo, las denominadas  comunmente torres. Están en el olvido por abandono del campo,  atracción de la ciudad, ignorancia, desconocimiento histórico, ausencia de catalogaciones adecuadas, inhibición de las alcaldías correspondientes, ausencia de cumplimiento de la ley urbanística de Aragón,  especulación urbanística...

Que en el año 2009 se haya derribado la torre Clavero, mudéjar, y que la del ilustrado Goicoechea esté en el estado que nos  presenta la fotografía ponen los pelos de punta. Hemos de confesar que ésta no la conocíamos, en Villamayor, y que habría que hacer algo para que no acabe como otras. ¿Acaso podemos consentir quedarnos sin esa seña de identidad?

 

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UNA VÍCTIMA MÁS

El valle del Ebro está salpicado de casas que, al estilo de las villas romanas, vigilaban los cultivos. Apenas quedan ya restos de este patrimonio olvidado

Texto DAVID NAVARRO, HERALDO 4/12/2011

Los campos de Miraflores tienen ya fecha de caducidad. La crisis les ha dado un respiro, pero los planes son firmes: en esos terrenos se levantará un campo de fútbol y un nuevo barrio de viviendas. Esos mismos campos se divisan desde la torre del Mirador, una hermosa construcción del siglo XIX que será la próxima víctima de la dictadura del ladrillo.

«Hemos perdido un patrimonio de gran valor por no haber sabido valorarlo –considera José Antonio Mínguez, colaborador de Apudepa, la asociación que defiende el patrimonio aragonés–. Construcciones históricas, molinos, piezas de valor etnológico... y ahora nos quedan dos opciones: llorar por lo que se ha destruido o trabajar para proteger lo que aún queda».

Las torres forman parte del paisaje zaragozano desde la época romana. Primero, con el nombre de ‘villas’; después, durante la dominación árabe, se llamaron ‘almunias’. Finalmente, tras la conquista de la ciudad por Alfonso I, en 1118, pasaron a llamarse ‘torres’.. No eran meros edificios agrarios, sino complejos mixtos con una casa principal que servía de vivienda de recreo para los hacendados. Edificios señoriales, algunos de ellos de gran valor arquitectónico, que han sido víctima de cuatro momentos históricos que contribuyeron a su desaparición: la desamortización (finales del siglo XVII), los Sitios (1808), el desarrollismo (1960) y la burbuja inmobiliaria (siglo XXI).

 «La desamortización llevó a abandonar muchas torres que pertenecían a conventos –explica el arqueólogo e historiador zaragozano José Luis Ona–, algunas pasaron a manos privadas, como la torre de Santa Engracia, perootras se perdieron. El segundo problema llegó pocos años más tarde, cuando la capital sufrió los Sitios napoleónicos». Los dos asedios franceses contra la capital aragonesa fueron fatales para su paisaje. Los vastísimos y fértiles olivares que rodeaban la ciudad fueron quemados por las tropas napoleónicas y no se recuperaron jamás. Las llamas destruyeron también muchas torres de las familias adineradas, auténticos palacios como la torre del Pino, que estaba situada hace 200 años en la actual plaza de Aragón.

 ABANDONADAS

 «Podemos seguir llorando por lo destruido o proteger lo que aún queda»

 Aun así, la desaparición masiva de torres llegó en los años 60, con el éxodo masivo de la población de la ciudad al campo y la expansión urbana. «Por un lado, se abandonaron muchos cultivos y las torres comenzaron su decadencia –señala Ona–. Por otro, se empezaron a recalificar terrenos rústicos para hacer suelo industrial. La torre del Arzobispo, por ejemplo, era un complejo muy hermoso.

 Apudepa advirtió en enero de 2000, en las páginas de HERALDO DOMINGO, del peligro que corría esta hermosa finca. Solo unas semanas más tardes, fue derruida para continuar la expansión urbanística del barrio. «El desinterés es evidente, por las razones que sean –considera Ángel Tomás, que escribió hace ya una década ese reportaje dedicado a la torre Peribáñez–. Es como si los zaragozanos ya hubiéramos dado por perdido todo, como si esas viejas casas que se ven al horizonte ya no valieran. Solo un cambio de mentalidad llevará a su completa desaparición».

 Según Ángel Tomás, miembro de Apudepa, el principal problema de las torres zaragozanas ha sido la desvinculación de las familias con ese edificio. «Los propietarios no vivían en las torres y se despreocuparon de ellas. Las que aún quedan en pie necesitan una gran inversión para adaptarlas a las comodidades mínimas que exigimos hoy en día. Solo llevar el agua corriente a una torre cuesta un dineral».

 Pero, en opinión de José Antonio Mínguez, «eso no significa que estas casas se puedan dejar a su suerte. Bastaría con declararlas BIC (Bien de Interés Cultural) y controlar que las reformas que hagan sus propietarios no borren su personalidad –hay torres en las que la teja aragonesa ha sido sustituida por pizarra–, además de asegurarse que se mantienen en buen estado». La reciente expansión urbana producto de la burbuja inmobiliaria puso en evidencia la absoluta indefensión que sufren estas construcciones. Un ejemplo: Latorre Peribáñez de Miralbueno.

La reciente expansión urbana producto de la burbuja inmobiliaria puso en evidencia la absoluta indefensión que sufren estas construcciones. Un ejemplo: la torre Peribáñez de Miralbueno. Apudepa advirtió en enero de 2000, en las páginas de HERALDO DOMINGO, del peligro que

corría esta hermosa finca. Solo unas semanas más tardes, fue derruida para continuar la expansión urbanística del barrio. «El desinterés es evidente, por las razones que sean –considera Ángel Tomás, que escribió hace ya una década ese reportaje dedicado a la torrePeribáñez–. Es como si los zaragozanos ya hubiéramos dado por perdido todo, como si esas viejas casas que se ven al horizonte ya no valieran. Solo un cambio de mentalidad llevará a su completa desaparición».

 Pie de las imágenes.

Torre Peribáñez. Los terrenos del barrio zaragozano deMiralbueno perteneceían en el siglo

XIX a la familia de ganaderos Peribáñez, que poseían varias carnicerías. La voracidad urbana

fue engullendo todas estas tierras hasta acabar con la torre, que se derribó en el año 2000.

 

Torre del Mirador. En el término zaragozano de Miraflores todavía se eleva la pintoresca torre

del Mirador, en estado de semirruina y rodeada de basuras. Hace pocos años, unos ‘okupas’

destruyeron su interior, se hicieron con los restos de valor y robaron todas las tejas.

 

Torre de la Hacienda. Juan Martín de Goicoechea, amigo de Goya, mandó construir esta torre

en el siglo XVIII, en Villamayor (Zaragoza). Era una joya arquitectónica, con pinturasmurales,

que se fue abandonando hasta presentar el estado de ruina que se puede ver en la fotografía.

 

Torre Clavero. La imagen es de 1994 y en ella aún se ve la hermosa estructura de esta joya

mudéjar del siglo XV. En 2009, fue demolida por su peligroso estado de ruina. Había estado

vacía en los últimos 30 años, a merced del espolio de sus elementos artísticos. que se destruyó por completo para construir el polígono de Cogullada».

05/12/2011 22:24. apudepa #. Noticias

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