ELOGIO DEL VACÍO
Artículo de Carlos Bitrián publicado en Heraldo de Aragón en su edición de 29 de mayo de 2007
Fotografía de Heraldo de Aragón publicada en su edición de 13 de enero de 2002
Hace unas semanas Televisión Española en Aragón emitía un reportaje sobre la polémica en torno al proyecto de privatización y derribo del catalogado Teatro Fleta. En él, el señor Viceconsejero de Educación, Cultura y Deporte, don Juan José Vázquez, proclamaba con pompa que el del Fleta es “el primer caso en que se cataloga el vacío”. En la huida hacia delante de la Diputación General, no deja de sorprender la falta de rigor de quienes presuntamente han regido la política aragonesa en materia de cultura durante los últimos cuatro años. Proteger el vacío es quizás hoy más necesario que nunca y, lejos de ser una cosa nueva, es una de las funciones principales de la labor arquitectónica del ser humano. Protegerlo y conformarlo.
El vacío tan despectivamente considerado por el señor Viceconsejero, el de la elegante escalinata del Fleta, el de su vestíbulo y el de su patio de butacas, es uno de los vacíos más sugerentes de la moderna arquitectura teatral española. Porque el sagrado arte del teatro da lugar, en su transcripción arquitectónica, a uno de los espacios más fascinantes de la comunidad: un vacío cuya más asombrosa capacidad es la de ser, a la vez o sucesivamente, todos los vacíos imaginables. Una superposición del espacio y el tiempo que, al decir de Foucault, constituye un claro ejemplo de “heterotopía”. La comunidad merece tener un vacío público en que yuxtaponer sus tiempos y sus espacios sin que su uso esté para siempre condicionado por los compromisos y los intereses de una sociedad privada que tiene como fin la promoción de sus socios. Pero la comunidad merece también conservar el tan connotado y arquitectónico vacío del Fleta. Porque la sutil arquitectura de Yarza conformó un espacio que, medio siglo más tarde y por ser uno de los lugares preferidos de los zaragozanos durante la segunda mitad del siglo XX, está íntimamente unido al descubrimiento colectivo del fenómeno cinematográfico por la ciudad y los ciudadanos. Es el último de los grandes ejemplos de edificios destinados al cinema y al teatro que Zaragoza conserva. Y no merece perderlo porque a la SGAE no le resulte rentable la gestión de un espacio que no puede albergar desfiles de moda, cenas de gala o fastuosas sesiones de dj.
La ignorancia de los valores culturales y significantes del vacío (del espacio, si se prefiere) es coherente con un estado de cosas basado en la conversión en mercancía de todo cuanto es susceptible de ello. El vacío, así despojado de las cualidades que lo connotan, es comprendido como aquello que no produce el máximo beneficio económico y adquiere el sentido negativo advertido en las palabras del Viceconsejero. Todo ello conduce a una política en relación con el patrimonio cultural y natural, el urbanismo y la ordenación del territorio que ignora las características no mercantiles del espacio y que, con obligadas concesiones a la apariencia formal y material, atiende sobre todo a los motivos de la rentabilidad económica. El espacio debe rendir, de cualquier forma, y por ello el lugar común ya sólo parece tener sentido como mero soporte publicitario. No hay calle que no admita ser suficientes veces levantada. No hay solar en que no quepa un edificio de viviendas, ni estación de tren que no pueda ser transformada en “hotel de lujo”. Donde hay plazas se ven aparcamientos subterráneos y donde hay parques, escuelas de hípica. Los valles no son más que potenciales estaciones de esquí y los bosques, reservas para la economía forestal.
La principal consecuencia de la protección legal del patrimonio cultural es (o debería ser) la exclusión de dicho patrimonio del ámbito del consumo. Por ello sobre el Fleta ha pendido siempre la amenaza de la desprotección. Porque en el espacio todavía hoy conformado por la arquitectura de Yarza cabe una máquina de hacer dinero más eficaz que el viejo teatro. Y por ello nuestros mandatarios (en el más amplio sentido del término) han paralizado las obras de rehabilitación, de forma muy consciente, en su momento más crítico, en el preciso momento en que poder decir: he aquí el vacío. La paralización de las obras del Fleta, conviene decirlo, no obedece a razones técnicas, y mucho menos culturales, sino a meras cuestiones de gestión y rentabilidad económica.
Pero supongamos por un instante que el Viceconsejero tiene razón y que, más allá del radical equívoco en el planteamiento de la actuación del Gobierno, es cierto que el Gabinete Iglesias ha invertido millones de euros en convertir un bien público del patrimonio cultural en una ruina irrecuperable. ¡Qué decir entonces de las personas que han estado aconsejando (o viceaconsejando) a semejante Gobierno!
En la cultura del máximo beneficio el vacío es el pecado más insoportable. Y, sin embargo, como depositario de buena parte de los valores culturales y significantes de la comunidad, ha de ser defendido por ésta si quiere seguir considerándose tal. La ley está escrita. Algo más que la brillante arquitectura de Yarza está en juego.
Carlos Bitrián Varea.
Miembro de la Junta de APUDEPA
10 comentarios
Discordia -
Carmencita Descalza -
Discordia -
Carmencita Descalza -
Josita -
Discordia -
Josita a Carmelita Descalza y Marianín -
Marianin -
Apoyo su propuesta, quizás el Fleta un día santuario de la voz y hoy del silencio de sus vacíos se recicle en Ecos de Dignidad Musical para recibir Cultura y no dude que será gracias a su tesón y valentía
Gracias señor Bitrián
Carmencita Descalza -
Aunque soy una persona muy inquieta, he de reconocer que, hasta que sacaron los de APUDEPA este fantástico blog yo era un ama de casa completamente normal. No pensaba mucho en cuestiones de patrimonio. Y desde que tengo a los niños ya crecidos
Empleo mi tiempo libre en cosas más normales, como en mis dos grandes pasiones: la física nuclear y la filosofía de Michel Foucault. Así que, si el señor Bitrián sigue sin responderle (parece que está ausente de este blog), me ofrezco a explicarle yo el muy sugerente concepto de heterotopía. Pero esperaré un tiempo por si el señor Bitrián (que es quien lo cita en su artículo) decide dar el paso. Permítame que le diga, doña Josita, que creo que está usted en la misma situación que yo: seguro que hasta que no se abrió este blog era usted un ama de casa la mar de despreocupada por el patrimonio. Y por cierto: tengo una gran amiga que (además de ser mi pareja de mus) tiene una gata llamada como usted: Josita. ¿Se percata usted de la coincidencia? Reciba un cordial saludo de Carmencita Descalza.
Josita -