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Opinión

"Arborescencias", por Julio José Ordovás

"Arborescencias", por Julio José Ordovás


Parque Grande de Zaragoza. Foto Apudepa 2008. Les traemos hoy esta interesante reflexión sobre el paisaje urbano, artículo de Julio José Ordovás publicado por Heraldo de Aragón en su edición de 14 de julio de 2008. Y de paso recomendarles un libro sensible a la arquitectura y al medio ambiente de nuestras ciudades, "La plaza del azufaito" de la que nos habla Ordovás. El autor nombra personas a las que saca de sus casillas el mal gusto y la insensibilidad ética y estética que han arruinado el patrimonio urbanístico español. Lo peor -decimos desde Apudepa- es que no han parado y al parecer ni piensan.

"Los paisajes sin memoria no son otra cosa que naturalezas muertas. Y nada más muerto que una ciudad a la que se le extirpan sus arrugas históricas para injertarle prótesis de diseño"

"La plaza del azufaifo" salió de un blog para convertirse en un libro. Del blog de una vecina del barrio barcelonés de Sant Gervasi que se .levantó en armas contra la inmo­biliaria que amenazaba con reducir a astillas el esplendoroso árbol centenario que, saltan­do la tapia de un jardín privado, verdeaba, sombreaba, embellecía, historiaba y dignifi­caba su calle. Isabel Núñez, escritora y traduc­tora, capitaneó una campaña contra aquel arboricidio que representaba un historicidio en toda regla, uno de los muchos que a diario tie­nen lugar en cualquier ciudad española. Arro­pada por sus vecinos (entre los que se conta­ban los padres del alcalde) y por la gente de la cultura, y respaldada por la prensa, consi­guió ganarle la batalla a la "deconstructora" y al indolente Ayuntamiento de Hereuville, aun­que finalmente no lograra la plaza de sus sue­ños. Y así es como el jinjolero sigue respiran­do sano y salvo, ajeno por completo al albo­roto que se ha organizado a su alrededor.

Mientras leía "La plaza del azufaifo", que es un vibrante panfleto pero es también un in­sinuante libro de memorias y un cuaderno de lecturas, de viajes, de cabrees y de ensoñacio­nes, sonaba en mi cabeza "Il ragazzo della Via Gluck". Vale que Celentano es un cursi y un hortera y un rebelde con demasiadas causas, y vale que uno no cambiaría la más sucia de las baldosas de cualquier acera ni por todo el oro verde del mundo, pero me emociona esa canción que habla de un paisaje destruido por la plaga del hormigón armado y de una histo­ria imposible ya de recuperar. Los paisajes sin memoria no son otra cosa que naturalezas muertas. Y nada más muerto que una ciudad a la que constantemente se le extirpan sus arrugas históricas para injertarle prótesis de diseño. A Isabel Núñez le sacan de sus casi­llas el mal gusto y la insensibilidad ética y estética que han "disneyficado", esterilizado y, en buena medida, arruinado el patrimonio ur­banístico español. Pero todo lo que tiene que ver con España le parece tan horrible, en com­paración con la Arcadia del otro lado de los Pirineos, que uno no puede por menos de pre­guntarse si no sufrirá algún tipo de trastorno ocular cada vez que cruza la frontera.

No era la de Celentano, sin embargo, la única canción que sonaba en mi cabeza mien­tras asistía a los desvelos y los insomnios ar­borescentes de Isabel Núñez. También sona­ba "Strawberry Fields Forever". Porque esa canción tiene un verso, digno de Rimbaud, que explícita con enigmático figurativismo lo que es y significa la soledad: "No one, I think, is in my tree". Y porque cuando Lennon can­ta "Living is easy with eyes closed / misunderstanding all you see", uno piensa en todos esos autómatas que viven tan ricamente con los ojos cerrados, convencidos de que ese no querer ver es el secreto de la felicidad, y se le llevan todos los diablos. Una chica me conta­ba que muchas de las mejores horas de su vi­da las había pasado en la copa de un algarro­bo, leyendo. Esa sería mi ciudad ideal: una ciu­dad llena de árboles y de mujeres colgadas de las ramas, como panteras devoralibros.

 

Entrevista a PATXI MANGADO, arquitecto del Pabellón de España en la EXPO

Entrevista a PATXI MANGADO, arquitecto del Pabellón de España en la EXPO

 

Expo Zaragoza. Palacio de Congresos de Aragón (Nieto y Sobejano) y "Alma del Ebro" (Jaume Plensa). Foto Apudepa. En el HERALDO DE ARAGON del día 21 de julio de 2008, aparece una interesantísima entrevista a uno de los mejores arquitectos españoles actuales, en la cual nos da su punto de vista sobre el rumbo de la arquitectura en nuestra sociedad (pinchar aquí artículo en Heraldo)

Francisco Mangado: "La arquitectura espectáculo está acabada". El autor del Pabellón de España dice que su estilo es más propio del teatro clásico que del espectáculo de varietés. Tras su éxito en la Expo, ahora concursa para diseñar el estadio (entrevista MANUEL LÓPEZ. Zaragoza)

 

PREGUNTA.- Zaragoza ha experimentado un aluvión de nueva arquitectura de todo tipo, desde Rafael Moneo hasta Zaha Hadid. ¿Cuál es la aportación de Patxi Mangado?


RESPUESTA.- En términos públicos, la más importante es el Pabellón de España. Es un manifiesto que explica que se puede hacer una arquitectura importante, significativa, responsable, con una vocación ciudadana, de representación, y que además responde a un programa que se caracteriza por grandes afluencias de masas, con medios modestos, con inteligencia para detectar los problemas y sensibilidad para resolverlos, mucho más que con espectáculo. No es la arquitectura importante la que más se exhibe, la que más grita. A veces es la menos fuerte, la que menos aguanta el tiempo.

P.- Zaragoza también ha buscado esa arquitectura espectáculo.

R.- La arquitectura espectáculo está acabada. Si no la acabamos desde una perspectiva ideológica y cultural los arquitectos, la acabará el mercado con la enorme crisis económica que está viniendo. En este momento, los países que viven al margen de la realidad, que son los de oriente medio porque están nadando en petróleo, son capaces de hacer esa arquitectura de nuevos ricos, que es moral y éticamente repudiable.


P.- ¿Por qué?


R.- Hemos vivido durante estos años en una sociedad que pregonaba el fin de las ideologías. El dios todopoderoso era el mercado y nos ha llevado a una crisis extraordinaria. Creo que va a volver otra vez una sociedad en la que la ética, los valores y los principios van a ser importantes. Desde esa perspectiva, una disciplina que aborde la solución a los problemas con una desproporción desaforada entre medios y fines está acabada. ¿Una arquitectura que vale diez veces más, que crea problemas, que está solo hecha para mayor gloria del arquitecto y no para servir no es éticamente repudiable en un mundo de deficiencias, de ausencias? La arquitectura no es solo hacer objetos; es hacer objetos en un contexto, en una sociedad, al servicio de una cultura.

P.- También recela de conceptos como la imaginación.


R.- La arquitectura es una disciplina donde hay que repudiar conceptos como la imaginación, la especulación… La imaginación hay que sustituirla por la inteligencia y la sensibilidad. La especulación, por la investigación. No podemos aceptar una arquitectura que la harían mejor los diseñadores gráficos. Yo tengo en mi estudio a 25 chicos que mañana les digo que me hagan 25 proyectos espectáculo y ese día ya tengo 25 chorradas en la mesa. Y como vivimos en un mundo con una suficiencia de nuevos ricos extraordinaria, esas 25 chorradas se pueden construir. Eso es patético. La arquitectura es más seria que todo eso y requiere más inteligencia. Me niego a que la gente que no tiene inteligencia, que es estúpida, haga arquitectura. Y hay demasiada arquitectura estúpida rodeándonos.


P.- Con la crisis económica, ¿se irá a una arquitectura más sobria?


R.- Si dijera yo que hay que hacer una arquitectura más austera o más sobria caería en la trampa de hacer una opción estilística. Hay arquitectos que alguien puede decir que no son muy de Patxi, pero que han aportado cosas extraordinarias. Por ejemplo un arquitecto como Koolhaas es evidentemente mediático, pero es uno de los grandes de nuestro tiempo. Pero no por la revolución estilística, sino porque plantea investigaciones serias de programas, de usos en materiales, tipológicos, de relación con la ciudad.


P.- ¿Qué impresión le ha dejado la arquitectura de la Expo?


R.- Hay distintas maneras de ver la Expo. Está la Expo en el tiempo, es decir, la operación estructural, la creación de infraestructuras o la aportación de espacios públicos. Creo que la nota es de sobresaliente. Como consecuencia, hay una fácil adaptación a la post-Expo. Luego hay un segundo aspecto que es la arquitectura y la recuperación de la ribera del río. También se ha hecho muy bien. El centro de prensa, la Torre del Agua, el Palacio de Congresos o el hotel son buenos edificios. El pabellón de Zaha es lo mejor que nunca ha hecho ella. Como no me gusta mucho lo de Zaha, lo digo así. Luego hay un tercer nivel, que es el que yo critico, pero es lo menos importante porque va a desaparecer. Esa recuperación de infraestructuras y ese ramillete de edificios aparecen enmascarados por una colección de cacharretes que para mí hay en exceso. Pero entiendo que forman parte de la componente lúdica de una Expo.

P.- En el recinto hay muchos elementos de estilos diversos. ¿No se pisan unos edificios a otros?


R.- Yo creo que cuando se le quiten los aditamentos intermedios se verá mucho más limpio. Es verdad, y yo lo critico alguna vez, que el puente de Arenas y el no se sabe qué de Zaha, porque no se sabe si es puente o pabellón, compiten demasiado, porque están muy cerca. Pero eso no es tan grave.

P.- El Pabellón de España trasmite una sensación de serenidad.


R.- Yo pienso en la Expo, con cacharros, con 40 grados, el niño y tal… ¿Cómo me diferencio? Pues no gritando como el que más. Sería un grito entre tantos gritos. Te diferencias a partir del silencio, de la serenidad. Si hubiera querido pasar desapercibido, hubiera gritado. El Pabellón de España quiere ser un silencio en medio de tanto grito. Mi arquitectura es justo lo contrario de lo que yo soy.


P.- Es un edificio muy alabado.


R.- Quería un edificio que representara a mi país con poder, que fuera importante por encima del espectáculo, buscaba una significación que tiene que ver con la permanencia en el tiempo y una serie de actitudes ideológicas. He hecho teatro clásico, no espectáculo de varietés. Es un edificio que sobre todo está estudiado. La pregunta es: ¿está igualmente estudiado el puente de Zaha Hadid o es un dibujo convertido en arquitectura? ¿Hay una búsqueda de un estilo porque sí para identificarse con un producto consumible en el mercado o hay realmente una voluntad de hacer una arquitectura con ideología?

P.- Parece que no le gusta mucho el puente de Zaha Hadid.


R.- El puente de Zaha Hadid es lo que más me gusta de todo lo que ha hecho. Podríamos hablar de otros arquitectos. No hable del puente de Zaha Hadid, hable de Calatrava, por ejemplo, de lo de las Ciencias y las Artes en Valencia. Yo siempre digo lo mismo: bajarse los pantalones y que se rían es facilísimo. Pero qué haces después de bajarte los pantalones para que se sigan riendo. Lo difícil es que se rían en un discurso hablado.


P.- ¿No se está tardando en definir los usos del Pabellón de España?


R.- Me estoy poniendo ya nervioso. Siguen diciendo lo mismo que hace un año o año y medio. Que tiene muchas novias. Y yo siempre digo que el que tiene muchas novias al final se queda soltero.


P.- Participa en el concurso para diseñar el campo de fútbol. ¿Qué posibilidades le ofrece el proyecto para desarrollar esa filosofía?

R.- La búsqueda de la inteligencia lógica, de la sensibilidad en la relación con el entorno, de resolver de una manera atractiva el programa tiene las mismas posibilidades que en cualquier otro edificio. Un campo viene bastante dado. Podrá ser circular, rectangular… El compromiso con el medio y los recursos económicos tienen que ver más con los materiales. Dicho esto, tiene las mismas posibilidades para asumir la arquitectura de la que estamos hablando.

P.- ¿Qué le parece la ubicación?


R.- Un campo de fútbol de 50.000 espectadores no puede estar en el centro. Sin embargo no se ha ubicado en una lejana periferia. Por otra parte, va a estar bien comunicado. Una de las cosas buenas es que alrededor va a haber edificación y esto produce una mezcla de usos, le dota de un sentido ciudadano y por lo tanto más cívico. El sitio es bastante razonable.

 

"La ciudad y el territorio", por José Laborda Yneva

"La ciudad y el territorio", por José Laborda Yneva

Zaragoza, vista general. Foto pueblos de españa org. En consonancia con nuestras inquietudes, reproducimos hoy el artículo publicado por Heraldo de Aragón en su edición de 15 de mayo del 2008 (suplemento Artes&Letras, Arquitectura), sobre la regulación del crecimiento urbano. Continuamos hoy nuestro recorrido por algunos modelos de ciudades inexpertas, que acaso suponen que su falta de previsión no aca­bará redundando en graves o gra­vísimas disfunciones urbanas de todo género. Seguramente no ca­be culpar completamente a esas ciudades de su osada persisten­cia en el error, también nuestro ambiente es inexperto en mu­chos de sus actos esenciales. ¿Có­mo van a ser las ciudades con­temporáneas una excepción ante la insistente tendencia de huir hacia ninguna parte que ha de­mostrado con creces la economía capitalista? Sería muy largo enu­merar la suma de incoherencias que nos hemos acostumbrado a tolerar, sin apenas darnos cuenta de que la manipulación del con­sumo ignora conscientemente las consecuencias de sus actos de crecimiento indebido. Veamos lo que ocurre con la fa­bricación de automóviles, por ejemplo. Cada vez los coches son más potentes, sus materiales se agotan antes, necesitan vías más costosas y su presencia ocupa mayor espacio público. Todas esas circunstancias son arqui­tectura, condicionan directa o in­directamente la forma, extensión y enlaces de las ciudades, por no hablar de su desastroso y creciente componente de contami­nación, acumulación de despo­jos y colapso circulatorio. Quie­nes gobiernan las cosas sabea eso, aunque hayan decidido ig­norarlo en pro del consumo y, a cambio, promulguen leyes que tratan de controlar el comporta­miento de quienes usan los arte­factos cuya fabricación ellos mis­mos promueven. Podríamos su­poner la inexperiencia de esos gobernantes; pero sería falso, no hay inexperiencia sino falta cul­pable de relación entre lo que es necesario para la gente y lo ofre­cido por ellos para ser consumi­do.

Lo innecesario

Podríamos acaso extrapolar esa actitud contemporánea hacia lo innecesario, alentada por los gobernantes, y tratar de con­vertirla en arquitectura; sería un desastre, nos encontraría­mos ante edificios en ruina in­minente. Por eso, quienes du­dan de la cordura de la arqui­tectura contemporánea, deben acaso reflexionar sobre la in-cordura social que sustenta esa arquitectura. Comprobarán en­seguida que la arquitectura de nuestro tiempo es uno de los episodios más sensatos del dis­late envolvente. Hemos decidi­do huir hacia adelante, no somos muchos quienes seguimos ese camino, podemos permitír­noslo todavía unos años. La in­gente masa de quienes carecen de todo apenas nos inquieta, allá ellos, han tenido mala suer­te, no pueden consumir, su de­ber es ser consumidos. Más aún, cuando los antes consumi­dos parecen despertar y, fasci­nados por el ejemplo de las mi­norías consumistas, deciden co­menzar también a consumir, to­do el mundo se pone muy ner­vioso, los alimentos esenciales suben, los suministros energé­ticos se resienten. No habrá pa­ra todos, el consumo no había contado con ellos como consu­midores sino como consumi­dos.

Todo ese simpático caos inci­de en la ciudad, en su forma, en su tamaño, en sus expectativas. ¿Qué podrá ocurrir cuando ese otro modelo de ciudades inex­pertas, del que les hablaba al principio, consiga de veras su ob­jetivo de despoblar el territorio en el que se encuentran? ¿Cuáles serán entonces sus argumentos para justificar su crecimiento in­debido?

La insensatez

Todo esto es una enorme insen­satez, dirigida por insensatos y poblada de normas artificiosas e innaturales que acabarán des­truyendo la concordia de esas otras ciudades inexpertas, de la misma forma que ellas destru­yeron la naturalidad de la vida de su territorio. ¿Inexpertas? No me parece que ése sea el térmi­no apropiado para ellas, como tampoco lo es en el caso de las ciudades que saben que carecen de agua para seguir creciendo. Unas y otras, las ciudades sin agua y las que llaman con se­ñuelos a la gente que no pueden atender, sin importarles que ese engaño contribuya eficazmente a la despoblación del territorio, no son inexpertas. Son egoístas, mendaces e insolidarias. Están acostumbradas a pensar tan só­lo en sí mismas, en el interés de sus poderosos, practican la cos­tumbre del engaño, les tiene sin cuidado cuanto pueda derivarse de la incoherencia de sus actos. ¿Cómo pueden reclamar aten­ción o solidaridad esas ciudades, tras haber sido ellas egoístas, mendaces e insolidarias? Pues de la misma forma que quienes go­biernan piden mesura a los con­ductores de los coches que ellos fabrican, sin haberse molestado siquiera en pintar de vez en cuan­do las líneas de las carreteras que también ellos gobiernan. Un ja­leo, ya ven.

José Laborda Yneva es arquitecto y colaborador habitual en Heraldo de Aragón en su sección Arquitectura.

 

"Lo que hace la otra mano", por Carlos Bitrián y Belén Boloqui

"Lo que hace la otra mano", por Carlos Bitrián y Belén Boloqui

El meandro de Ranillas en la maqueta de Zaragoza expuesta en la Expo. Fotografía Apudepa. Reproducimos el artículo de APUDEPA publicado por Heraldo de Aragón en su edición de 17 de julio de 2008.

Zaragoza conmemora este año uno de los hechos más importantes de su historia: los trágicos sucesos derivados de la invasión napoleónica que causaron la destrucción parcial de la ciudad en 1808 y 1809. Se diría que, desde entonces, Zaragoza siente cíclicamente la necesidad de restituirse, de reconstruirse a sí misma en busca de la reparación de un alma herida, de un espíritu tutelar perdido. Algo falso se descubre en este discurso, sin embargo, cuando se comprueba que tal reconstrucción es significativamente parcial y selectiva, dirigida muy principalmente a promover el movimiento de capital; que ese pretendido hacer reparador se compatibiliza con el mantenimiento de injustas condiciones de vida y se hace cómplice de una política continuada de maltrato a la ciudad consolidada.

Suele olvidarse que aquello a cuya reparación tan vehementemente se llama (la “autoestima” de la ciudad expresada en su monumentalidad, su belleza, su apariencia, su interés urbanístico) no sufrió tanto durante la invasión como con la posterior gestión que de la ciudad han hecho las élites locales hasta nuestros días. Porque la reconstrucción (redestrucción) de Zaragoza durante la posguerra se fundió con la especulación urbanística que ya no nos ha abandonado desde las primeras desamortizaciones.

Paradójicamente, la Zaragoza obsesionada por la creación de nuevos iconos sigue siendo una de las ciudades más desconsideradas con la belleza histórica de su faz, con su arquitectura tradicional y su tejido urbano, siguiendo una política ciega que tiene hoy su más firme expresión en la voluntad de derribo del Teatro Fleta.

La ciudad sigue sin responder a una concepción global de un orden más equilibrado y justo, que contribuya al mejoramiento de las condiciones de vida del conjunto de ciudadanos. Se expande inconexamente a golpe de operaciones inmobiliarias, valorándose las cualidades de su espacio en función de su mayor aportación a los procesos financieros y de consumo. Proliferan moles comerciales, espacios privados que pretenden suplantar el lugar colectivo y edificios creados para expresar el dominio de la empresa y su hegemonía sobre la ciudad (WTC y Centros Comerciales del Actur, Pla-za, Puerto Venecia…). Mientras tanto, las infraviviendas, los inmuebles abandonados y el aislamiento aumentan en el Centro Histórico y en algunas zonas periféricas, faltas de equipamientos, manteniéndose lamentablemente condiciones de vida injustas.

La convivencia (y aún la complicidad) de ese ímpetu reparador de la ciudad con los soterrados movimientos que la siguen maltratando, responde a un modelo de ciudad (de sistema) que, queriendo parcializar la comprensión de los fenómenos y excluir al conjunto en la toma de decisiones, basa su éxito en que no sepa la mano izquierda cuanto hace la derecha. Es la lógica que posibilita que las instituciones que promueven sesudas Tribunas del Agua para el Desarrollo Sostenible impulsen en el paraje rural de Monegros un megacomplejo deslocalizado de casinos y parques temáticos.

El afán cíclico de gran reparación de Zaragoza, que en 1908 se manifestó mediante la Exposición Hispano-Francesa, toma ahora la forma de Exposición Internacional del Agua. Y deja algunas muestras de buena arquitectura en el meandro de Ranillas. Para conocer su fortuna, sin embargo, será decisivo el modo en que sirva al ciudadano el espacio de la antigua zona de huertas. De su aportación a la vida de la ciudad y de su contribución a la mejora de la Zaragoza desigual y abandonada dependerá buena parte del éxito o el fracaso de la operación urbana. Las intenciones que conocemos son desalentadoras: el meandro amenaza con convertirse en una colección de recintos cercados y segregados en que la función del espacio común puede limitarse a invitar seductoramente al consumo. Se anuncia la privatización de buena parte del interesante Parque del Agua mediante un programa de usos que parece poco adecuado para un nuevo espacio cívico: campo de golf, centro termal, apartotel, escuela de hípica y juegos de aventura desaprovechan el gran atractivo de su raigambre agrícola.

Pese a la manifiesta falta de equipamientos, los usos previstos para la mayoría de edificios son empresariales y administrativos. Para evitar que el recinto se convierta en una “reserva” para ejecutivos y turistas es imprescindible que las administraciones públicas conserven en la debida proporción la propiedad y la gestión del espacio Expo, propiciando que sea el conjunto de ciudadanos el que encuentre su uso y su destino.

Frente a la exaltación de la ciudad en cuanto que “marca”, “logotipo” o espacio exclusivo de negocio, cabe una reivindicación de la ciudad como lugar común, del lenguaje y de la política, hija del diálogo fructífero entre sus ciudadanos. Esa ciudad es la que proponemos: una ciudad que sepa lo que hace con cada una de sus manos, una suerte de “ciudad dialéctica” frente al monólogo abrumador de la retórica mercadotécnica a que nos tiene acostumbrados el regir de los intereses creados.

Carlos Bitrián Varea y Belén Boloqui Larraya son miembros de la Junta de APUDEPA.

Miguel Martínez Tomey: La armada invencible de Belloch

Miguel Martínez Tomey: La armada invencible de Belloch

El Ebro a su paso por Zaragoza y vista del Puente de Piedra y el Pilar. Foto Apudepa 2007. Aquellos vientos traen ahora estas tempestades. El azud sobre el Ebro a la altura del barrio de las Fuentes no tendría que haberse construido nunca por las afecciones medioambientales, culturales y paisajísticas que distintos colectivos universitarios y sociales fueron exponiendo años atrás. Se ha levantado la solera de la segunda arcada del puente, se ha dragado el río y se seguirá dragando. El inefable alcalde Belloch se ha empeñado en lo imposible. Lean el ingenioso artículo de "La Armada invencible de Belloch" de Miguel Martínez Tomey publicado en Heraldo de Aragón el 9 de julio del 2008. La bromita de Belloch y sus amigios del PSOE nos va a costar un pastón a los ciudadanos. Luego que no hay para cultura, entre otras cosas. Claro que como no hay responsabilidades y todos se van de rositas. Si nos midiesen con la misma vara al resto de los ciudadanos... Entrar aquí

"Jánovas, cuarenta años de dictadura", por Victoria Trigo

"Jánovas, cuarenta años de dictadura", por Victoria Trigo

Jánovas en el año 2001. Foto www.pirineovivo.org. Las dictaduras tienen la puñetera costumbre de necesitar más tiempo para concluir que para comenzar. En el caso de Jánovas, que con sus cuarenta años de oscuridad se equipara a la duración del régimen de aquel señor que sacó a muchos a pasear mientras él lo hacía bajo palio, no fue suficiente la declaración negativa de impacto medio ambiental de 2001 para urgir a la resurrección del territorio. La dinamita y la patada en la puerta actúan con más rapidez que los fárragos de la justicia y los despachos. La post-dictadura es un eco que tarda mucho a retirarse de allí donde las cacicadas instauraron su rancho. Y es que cuesta más levantar un muro que derribarlo. Hasta la ley de la gravedad obra en contra de los vecinos de Jánovas.

Ahora se da un paso más en esa resurrección. La reversión de los terrenos llega. Mejor dicho, va llegando, que los gerundios gustan bastante a la administración. Y en ese compás de espera, hay sorpresivas conversiones, como la de aquellos personajes del cuento de la gallina Marcelina, dispuestos a sumarse al festín del pan cocido. Me gustaría a mí saber cuándo el PSOE ha mostrado su condena a lo sucedido en Jánovas. Me gustaría a mí saber –y esto podría saberse y detallarse- cuántas veces ese partido ha manifestado su afán pantanero, su desprecio por los problemas de los territorios afectados por embalses, su línea dura en pro del desgastado interés general. Me gustaría a mí saber cuál es su posición ante las declaraciones de José Luis Alonso, presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro -CHE-, acerca de que la devolución de tierras expropiadas se realizará a precio actualizado, como si hubiera sido voluntad de los habitantes de Jánovas, Lacort y Lavelilla salir de allí y aguardar tantos años para ahora hacer su pelotazo. ¡Qué corta es la memoria fluvial de algunos y qué grande su atrevimiento…!

Pero las hemerotecas están para recordar a la sociedad quiénes ocupaban los sillones del poder cuando fue volada la casa de los Garcés, quiénes fraguaron y siguen apoyando el Pacto del Agua, quiénes -solos o en coalición- están haciendo de la montaña su corralito, quiénes acallan con discursos de mermelada las voces críticas, quiénes hablan de reservas hídricas y de blindajes de caudales disfrazados de falso antitrasvasismo.

Que no nos vengan con bobadas, que ya llevamos muchos pantanos a las espaldas. Y este pantano de papel de Jánovas, como bien lo llama Marisancho Menjón en su libro Jánovas, víctimas de un pantano de papel, ha hecho mucho daño como para aceptar en silencio la neoecología de bolsillo de la izquierda menos comprometida. ¡Y, por favor, que no pinten en la CHE a la hidroeléctrica como hada benefactora y dispuesta a colaborar, que sabemos cómo turbinan los corazones de estas entidades!

Jánovas, cuarenta años de dictadura. Ahora, el largo camino de paños calientes de la post-dictadura.

Mª. Victoria Trigo Bello

Asociación Ebro Vivo – Coagret (Zaragoza)

El Coloso de Goya en el Prado: Los expertos no se ponen de acuerdo.

El Coloso de Goya en el Prado: Los expertos no se ponen de acuerdo.

El Coloso, Goya, Museo del Prado. Foto del Museo. Leyendo el diario de El País hoy día 4/07/2008 vemos que los expertos no se ponen de acuerdo a la hora de aceptar la propuesta de Manuela Mena, la conservadora del Museo del Prado, avaladas por su director, en relación al Coloso, obra atribuida tradicionalmente a Francisco de Goya pero ahora adjudicada a su seguidor Asensio Juliá. Juliet Wilson-Bareau, experta en Goya, es también partidaria de la descatalogación.

El País, con el título, La autoría de Goya desata una guerra entre expertos en su obra, ha consultado además a otras tres autoridades en el pintor aragonés: el inglés Neil Glendinning niega la propuesta de la conservadora del Prado; el profesor Arturo Ansón es tremendamente escéptico sobre el asunto y A. Meléndez, también se suma a los escépticos. Los tres están de acuerdo que antes de dar una rueda de prensa de semejante alcance Mena tendría que haber publicado un profundo estudio en donde se recogiese con todo tipo de detalles y justificaciones su nueva propuesta (ver aquí el artículo).

Nos alegramos mucho que desde la prensa nacional consulten con el profesor de la Universidad de Zaragoza, catedrático de instituto, y amigo nuestro, Arturo Ansón, quien curiosamente no ha sido invitado por el Gobierno de Aragón a formar parte del comité de expertos que forman parte del cacareado Espacio Goya, espacio que se quiere situar en un edificio histórico catalogado como de Interés monumental por el ayuntamiento de de la ciudad pero que con el proyecto aprobado de Hezog y de Meuron se quedará en mera pantomima de lo que todavía es una arquitectura histórica, la Escuela de Artes, inaugurada en 1908, edificio con solera de Félix Navarro que todavía sigue en plenitud en su empeño educativo.

Ah, se nos había olvidado añadir que el profesor Arturo Ansón es secretario de Apudepa. ¿Entienden Vds. por qué no le llama el gobierno de Aragón? Ansón no se calla y el Espacio Goya en la escuela de Artes le parece un atropello en toda regla, como ya lo dijo en su día en la reunión de expertos previa al proyecto, atropello que también compartimos muchos aragoneses, incluida APUDEPA y ADEEA (Asociación en Defensa del emplazamiento y uso de la Escuela de Artes). Así se escribe la historia, con renglones concienzudamente torcidos. Así nos va.


Más noticias de Goya

Patxi Mangado: En la Expo hay bastante cacharrería

Patxi Mangado: En la Expo hay bastante cacharrería

Foto de la Expo desde el funicular con el Pabellón Puente. Foto Apudepa

En EL PAIS del día 30 de junio de 2008, sale una entrevista a Patxi Mangado bastante interesante pues habla de la Expo y de la arquitectura. Otro artículo para reflexionar este verano.

ENTREVISTA: PATXI MANGADO Arquitecto

"En la Expo hay bastante cacharrería"

M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA - Madrid - 30/06/2008

Considerado el heredero de Sainz de Oiza y Rafael Moneo ("más del primero, que tenía un carácter explosivo, como yo; Moneo es más templado", matiza), firma el Pabellón Español de la Expo de Zaragoza, una obra aplaudida por la crítica

El próximo titular de la cátedra de Eero Saarinen, en Yale, que ocupó Zaha Hadid, Mangado (Estella, Navarra, 1957), pronto desvela por dónde van los tiros. "Me gusta que Yale dé oportunidad a dos arquitectos tan opuestos: a Hadid, como exponente de la arquitectura espectáculo y frívola y a la mía, próxima a la investigación". Desde su estudio en Pamplona se aplica ahora en el proyecto concurso del Tribunal de La Haya. Han sido seleccionados 20 y él es el único español. Entre sus obras, El Baluarte, en Pamplona, y el Estadio de Palencia.

"La crisis facilitará que se recupere el valor ético de la arquitectura"

Pregunta. En su carrera de fondo, ¿se ha coronado con el Pabellón de España?

Respuesta. Los edificios hay que juzgarlos con la perspectiva del tiempo. No creo que una pieza sea capaz de coronar a un arquitecto, como tampoco destruirle, y reivindico el derecho a equivocarse. Pero vivimos en una sociedad que valora lo inmediato, la presentación de las cosas, por eso tiende a identificar una obra con un arquitecto.

P. ¿Es una obra de madurez?

R. Tengo 50 años, sería pretencioso decir eso. Es una obra importante en mi carrera, pero nada más. Quizás mis edificios ahora son más sólidos, es la evolución natural de las cosas.

P. ¿Qué mensajes ha querido transmitir con él?

R. Que la arquitectura, aun siendo modesta, puede ser tremendamente significativa. No hacen falta grandes escenografías para que represente a un país. Los materiales más modestos, como la terracota o el corcho, son capaces de transformarse en algo noble y dotarles de un valor añadido, incluso económico. Y quería también romper con la idea de la arquitectura medioambiental como un estilo. La arquitectura inteligente siempre se ha preocupado por el contexto. Estoy un poco harto del uso de paneles carísimos y ya la llamamos sostenible. El pabellón tenía que escenificar el compromiso con la sociedad y ser coherente con el lema: el agua. Y en Zaragoza, con 45 grados, hay que buscar sombra. La gente dice que es el único sitio donde se pueden aguantar las colas, pero es de cajón, lo contrario es hacer un coche sin ruedas.

P. Pues se hacen bastantes.

R. Estoy harto de la arquitectura de nuevos ricos cuyo valor es la falta de ideología. La arquitectura de moda es estéril y habría que recuperar su carácter de servicio. Pero es que la sociedad reclama muy poco, sólo el aspecto productivo de la arquitectura. Y encima con un sector constructivo que es el menos profesional. Sólo reclama espectáculo y responder con él es servilismo.

P. El prestigioso crítico William J. R. Curtis, que ha ponderado muy pocos edificios de la Expo, destaca la sobriedad del suyo entre tanta estridencia.

R. En una feria donde hay una tendencia natural a la pelea de gallos, la mejor respuesta era la tranquilidad. En un edificio que va a tener cuatro millones de visitas, el hecho arquitectónico más importante es la circulación de la gente, cómo se entra y cómo se recorre. En arquitectura son necesarias dos cosas: inteligencia para descubrir los problemas y sensibilidad para resolverlos.

P. ¿Cómo valora la Expo?

R. La mejora de las infraestructuras y del espacio público han prevalecido. En eso, sobresaliente. Significa que la pos-Expo va a ser fácil y útil para Zaragoza. Pero, desde el punto de vista arquitectónico, hay pocos edificios interesantes.

P. ¿Cuáles?

R. La Torre del Agua [de Enrique de Teresa y Julio Martínez Calzón], el Palacio de Congresos [de Nieto y Soberano] y el pabellón-puente que, dentro de que la arquitectura de Hadid no me gusta, es su obra más interesante.

P. ¿Y el resto de edificios?

R. Es parafernalia, cacharrería, no resuelve problemas, los crea. En arquitectura la imaginación es peligrosa, cuanta menos mejor.

P. ¿Y qué opina de la proliferación de arquitecturas y arquitectos estrella?

R. Asistimos a barbaridades que son inadmisibles. Es producto de la sociedad actual de consumo desmesurado. Las arquitecturas estrella han servido para justificar otros proyectos. Algunos de estos arquitectos tenían una actitud de reírse, como de venir a terreno conquistado. Se criticó a Mitterrand por faraónico, ¿y qué es la Ciudad de la Justicia en Madrid? ¿Alguien ha investigado lo que tendría que costar y lo que va a costar?

P. ¿Cuál ha sido el papel de los poderes públicos?

R. Todo esto ha sido adobado con una actitud política que interesa presentar así los edificios para que parezca que estamos en una sociedad avanzada. Pero es una arquitectura carente de ética. ¿Cómo es posible que estemos discutiendo sobre las curvas de un pabellón-puente que cuesta una fortuna y es un despropósito y en muchos países se viva en condiciones infrahumanas? No pretendo ser una ONG, pero habría que recuperar el valor ético de la arquitectura. En este sentido, la crisis va a ser estupenda, la visión materialista no va a ser lo más importante y se van a recuperar las ideas y las maneras. Me da pena que los estudiantes de arquitectura no sepan dibujar un plano, que no se ocupen del interior de las viviendas, de procurar la mejor iluminación, las mejores vistas. Olvidan que arquitectura es hacer que la gente viva mejor. Sólo incorporan imágenes de ordenador, así que la arquitectura de hoy la podría hacer un buen diseñador gráfico.

P. ¿Y qué ha pasado para llegar a esta crisis inmobiliaria?

R. Creímos que porque nuestra casa valía 200 millones éramos ricos. Y se debe a un mercado que ha sido ocupado por advenedizos cuyo interés no era crear un tejido productivo, sino ganar dinero rápido. No ha habido intención de hacer las cosas bien, el 99% de los promotores ha hecho basura y destrozado el territorio. Y ahora quieren que los demás les paguemos la crisis. Mi padre decía: siete años de vacas gordas para siete años de vacas flacas. Si hubiera gastado todo, todos mis empleados se irían a la calle. Y esto no tiene que ver con la arquitectura.

P. ¿Se puede tener acceso a una buena casa sin tener que pagar 600.000 euros?

R. No es una cuestión de dinero. Diría que hay una mayor proporción de casas lujosísimas donde yo no podría vivir.

P. ¿Nos han engañado?

R. En grandes dosis. Pero soy optimista. En España contamos con arquitectos extraordinarios, que en el resto de países están considerados entre los mejores del mundo y aquí se les ha ninguneado y hemos sido tan papanatas de aplaudir arquitecturas foráneas carentes de valor. Pero hay cierto hartazgo y se está produciendo una reacción hacia una arquitectura responsable y sensata.

P. Ha creado una fundación con 20 patronos entre los que se encuentran escritores, sociólogos... Nombres como Carlos Solchaga, Javier Rioyo o José María Hidalgo. ¿Qué persigue?

R. La arquitectura es una profesión muy endogámica y queremos acercarla a la sociedad para que sepa reclamar, que se produzca un diálogo rico y que nos adelantemos a problemas futuros. Por eso hay gente de distintas disciplinas, porque todo el mundo tiene algo que decir.