Blogia
APUDEPA

Opinión

Trabajos orales muy bien pagados en el Gobierno de Aragón

Trabajos orales muy bien pagados en el Gobierno de Aragón

Javier Velasco es el Consejero que contrató irregularmente al arquitecto Pérez Latorre para la reforma de la Estación de Canfranc.  Militantes del PSOE cobran como “asesores” del Gobierno de Aragón por emitir “informes orales”. Lo reconoce el Consejero de Presidencia, sin vergüenza. A la solicitud de información del diputado del Partido Popular Suárez Lamata sobre el número y el título de los informes emitidos por doña Lorena Canales y doña Encarna Mihi (al conocer que habían sido contratadas como asesoras del Gobierno), el Consejero de Presidencia Javier Velasco ha hecho público mediante el Boletín Oficial de las Cortes que “doña Lorena Canales Miralles y doña Encarna Mihi Tenedor emiten informes orales y asesoran al Consejero siempre que este lo requiere” adecuando su horario laboral a las necesidades de Velasco.

Nos anima a dar a conocer esta nueva inmoralidad del Gobierno de Aragón el convencimiento de que la nefasta gestión de los recursos públicos en las áreas de patrimonio, cultura, urbanismo y ordenación territorial (por no decir en todas) tiene mucho que ver con prácticas caciquiles y moralmente corruptas. Existe una especie de clase intermedia entre los administrados y los altos mandos que, pasando sin pena ni gloria, logra hacer de la política un buen negocio. No hablamos de políticos en su sentido puro (porque no se dedican a la política) ni de gestores. Hablamos de amigos, amantes, agitadores de banderillas, ocupantes de gallinero, informadores, plañideros y concelebrantes. Cómplices de un estado de cosas corrupto; colchón de silencio necesario para la estabilidad del sistema.

No podemos dejar de señalar en este Blog una anomalía más del Gobierno de Aragón. Una anomalía que demuestra el carácter clientelar de la administración autonómica. Tendremos que citar nombres, pero no nos importa: es el silencio de los ciudadanos (tan cautos, tan prudentes) y ese afán por no personalizar lo que permite el nepotismo y la degradación moral en la administración.

Porque se da la circunstancia de que ambas “asesoras orales” son, casualmente por supuesto, militantes del PSOE, igual que el señor Consejero que las contrata. Doña Lorena Canales es la alcaldesa de Sariñera, acérrima partidaria de Gran Scala, y participó en la charla de Los Monegros No Se Venden y APUDEPA sobre el complejo, aunque se negó a hablar. Doña Encarnación Mihi Tenedor “tiene estudios de Formación Profesional y se dedica a la hostelería” según informa la página web de las Cortes de Aragón. Fue militante del PCE de 1969 a 1989 y del PSOE desde 1993. Y preside la Asociación de Vecinos de La Almozara. Se da la circunstancia de que fue la portavoz del Partido Socialista en la Comisión de Peticiones el día en que APUDEPA compareció para denunciar los proyectos para el Teatro Fleta y la Escuela de Artes. A duras penas pudo expresar opinión sobre los temas objeto de la comparecencia, limitándose a señalar la “instrumentalización” de la Asociación por parte del Partido Popular ¿Recuerdan ustedes a Isabel Teruel? Pues más o menos lo mismo pero en plan profesional. Ahora las encontramos asesorando “oralmente” al Consejero de Presidencia de la Diputación General de Aragón. ¿Qué tipo de trabajo es ese? ¿Cómo podemos los ciudadanos permitirnos pagar trabajos “orales” para el Consejero de Presidencia? ¿Por qué no específica el Consejero sobre qué asuntos recibe “informes orales” de sus asesoras tal y como se le solicitaba en la pregunta? ¿A cuántos asesores orales pagamos los contribuyentes?

Son los técnicos independientes de las administraciones públicas quienes deben de asesorar a los políticos en las áreas de su competencia. Se entiende que, en casos excepcionales, se recurra a expertos por su especial relevancia. Pero, en estos casos, las administraciones deben de justificar exquisitamente las necesidades y los trabajos de los contratados.

Así las cosas, si ven que las asociaciones de vecinos se muestran poco combativas, investiguen si su presidente cobra dinero del Gobierno por emitir “informes orales”. Y si cogen un capazo en el mercado tampoco se preocupen porque no están de cháchara: están emitiendo “informes orales” no remunerados para el pescadero de turno.

Lo dicho: hay una clase de personas que pululan por las administraciones sin oficio pero con beneficio; pegamento de una basta red clientelar y lastre para la eficiencia y la eficacia del sector público. Estas palabras son duras. La realidad lo es mucho más.

 

"El Mal de Goya", por Francisco Tobajas

"El Mal de Goya", por Francisco Tobajas

Goya salió un buen día de Zaragoza malhumorado, con la cara enrojecida por la ira y la mirada perdida, mientras daba un sonoro portazo a la puerta de sus afectos, maldiciendo su suerte. Toda la culpa la tuvieron los canónigos del Pilar, que no supieron ni quisieron entender aquel cielo pintado en una de las cúpulas del templo. Desde entonces y siempre que concurren ciertas condiciones desfavorables en esta ciudad de la ingratitud, Zaragoza, un extraño y desconocido mal ataca las pinturas de Goya. Cuando estas condiciones dejan de ser desfavorables, el mal desaparece sin dejar rastro.

 

En este extraño fenómeno sólo han reparado los estudiosos y los especialistas en la obra de Goya. Para los visitantes y simples turistas, este mal de Goya pasa casi desapercibido.

 

Pero contemos las cosas desde el principio tal y como vinieron a suceder, aclarando que en esta historia no me invento casi nada, pues todos los datos y situaciones están suficientemente estudiados y contrastados.

 

Hacía mucho tiempo que Zaragoza quería contar con un Museo dedicado a Goya, pero cuando se tomaba la decisión no había presupuesto, y cuando se disponía de dinero, no se contaba con el espacio deseado. Pero ocurrió que, al conseguirse para la ciudad la organización de la Exposición Internacional de 2008, los políticos de turno hallaron medios y ocasión favorables para tirar la casa por la ventana, retomando el viejo proyecto del espacio de Goya. Nadie pensó ya en el lejano rincón de Goya, sino en otro edificio cercano al Museo de la ciudad, la Escuela de Artes. Y claro, todos los alumnos y algunas organizaciones ciudadanas se pasaron al bando contrario. Intervenir en un edificio centenario protegido no suele ser del gusto de todos, porque primero no es del todo legal, segundo no es nada fácil y tercero no es ni mucho menos barato. Pero los políticos son gentes que ponen las normas para no cumplirlas. Y, además, tampoco aceptan de buen grado las críticas, pues siempre creen que ellos nunca se equivocan.

 

A pesar de todo y de todos, los responsables o irresponsables de la cultura, que nunca se sabe, idearon un costoso plan para vaciar la Escuela de Artes y llenar aquel inmenso espacio con el inmenso espíritu de Goya. Paredes y techos, retratos y espectros, verdades y mentiras, ilusiones y realidades, gratitudes e ingratitudes, venturas y desventuras de Goya, todas juntas. Goyaventura, tal cual.

 

Y a golpe de decreto se hicieron las cosas. El desafío era morrocotudo. Repartir la docena y pico de goyas, que tenía entonces bien guardados y en propiedad la Diputación, en más de catorce mil metros disponibles, era empresa de valientes o de locos de remate, según se mire. Aquel proyecto cultural con mayúsculas parecía a vista de todos una locura política más, un gesto de vanidad, un arranque de tozudez, o las tres cosas a la vez.

 

Así que en el Pignatelli se formó de inmediato un grupo de trabajo, que se dedicó exclusivamente a la busca y captura a cualquier precio, de cualquiera de las pinturas de Goya que salieran al mercado, con el fin de ir llenando como fuera este nuevo espacio vacío dedicado al pintor. Por dineros no sería, que ya se sacarían de donde fuese menester.

 

Para lavar la cara a la vieja y ya centenaria Escuela de Artes, se llamó a un arquitecto extranjero de mucho nombre y postín, que hizo suyo el proyecto y llenó el espacio vacío de Goya con muchos espectros y buena voluntad.

 

Y las salas, que se habían quedado a la fuerza vacías de alumnos, continuaron vacías durante los largos meses de obras, para acabar también vacías, después de pintadas y repintadas. Con mucho cuidado se fueron colocando todos los cuadros de Goya, que se habían conseguido reunir hasta entonces a golpe de talonario, dejando espacio para las nuevas adquisiciones, que no tardarían en llegar, llenando el vacío restante con otras sombras de otros goyas. La extraña y moderna pasarela ideada por este arquitecto de renombre comunicó museos, estancias, vacíos y espacios, aunque desde un principio produjo mucho vértigo, sobretodo en el presupuesto.

 

Y así llegó el día de la solemne inauguración con sol y cierzo, como debe ser. Los políticos se hicieron las fotos de rigor. Las autoridades civiles, militares y eclesiásticas no quisieron perderse aquella ocasión y todos fueron puntuales.

 

Pero el cierzo, que había inaugurado con fuerza el espacio vacío de Goya, cumplió su octava sin ceder. Nadie pareció darse cuenta, pero un buen día el conservador de aquel museo tan vacío, cayó en la cuenta que los rostros de los retratados por Goya comenzaban a tomar un color extraño. Las mejillas iban adquiriendo un tono rojizo y los personajes se iban poniendo, poco a poco, rojos como un tomate. Al principio el conservador del museo lo achacó a la luz de aquel día, pero al día siguiente se asustó todavía más y llamó alarmado al responsable de Cultura del Pignatelli, para pasarle la responsabilidad. Vaya trago.

 

El conservador del museo, un tanto perplejo y apurado, contó al responsable político que a la pintura de Goya le atacaba un mal extraño, que hacía enrojecer el rostro de aquellos retratados por el pintor. Al conocerse el alcance de la noticia, aquel mismo día se mandó cerrar por precaución el espacio vacío de Goya y se abrió una urgente investigación, para dar con aquel mal desconocido que atacaba a su pintura.

 

Y hasta allí fueron acudiendo muchos expertos en pintura, llegados de los cuatro puntos cardinales. Los primeros en llegar aún pudieron comprobar que los rostros estaban extrañamente enrojecidos, pero este sofoco fue poco a poco desvaneciéndose y al cabo de unos días, la pintura de los rostros volvió a su coloración habitual. Aquel caso traspasó fronteras e interesó vivamente a todo el mundo, fueran entendidos en arte o no. Aquello que ocurría en el nuevo espacio vacío de Goya era muy extraño y nadie acertaba a darle una explicación racional y convincente. Incluso alguien pensó que pudiera deberse a una maldición, o a una broma de algún gracioso, quizá un alumno despechado, por tener que asistir a las clases de Artes en el nuevo edificio del Actur. Pero faltaban las pruebas.

 

En el Departamento de Medio Ambiente andaban aquellos días muy atareados. Todo eran reuniones y más reuniones. Por eso ningún funcionario estaba en su despacho y a todos los ciudadanos que iban a hacer diligencias, los despachaban con el pretexto de aquel desconocido mal de Goya.

 

Un buen día acudió una señora de Calatorao, buscando la solución a su grave problema. Un hongo terrible estaba atacando los maderos de su casa. El hongo podía ser invasivo y podía haber atacado ya todos los maderos de aquella villa, incluso de toda la comarca y después de toda la provincia, saltándose luego las fronteras regionales y aún nacionales. Pero aquel día se juntaron el hambre con las ganas de comer. Ningún técnico estaba en su puesto, nadie le daba explicaciones y la buena señora, con razón, comenzó a despotricar contra todo y contra todos.

 

-Bueno, bueno, así que aquí nadie quiere saber nada de lo mío. Pues yo no me voy de aquí hasta que no me atiendan como se debe. Estaría bueno.

 

-Señora, no se puede venir al Pignatelli a pasar tan ricamente la mañana, que tenemos mucho trabajo y, aunque no lo crea, mucho más grave e importante que el asunto que le trae a usted. Así que váyase o llamo al guardia de seguridad.

 

-Vaya por Dios, qué modales, qué manera de acosar a los ciudadanos, y los hongos y los males libres a la buena de Dios. Yo no puedo marcharme a mi casa tan tranquila, sin saber si el hongo en cuestión es el Serpula lacrimans o no.

 

-Váyase y vuelva usted mañana o pasado mañana, para ver si alguien sabe algo de su hongo.

 

Y la señora de Calatorao tuvo que volverse a su lugar con su hongo y con su enfado. Si Larra levantara la cabeza...

 

Los estudiosos y los técnicos redactaron sus correspondientes informes, pero ninguno fue concluyente. Algunos echaban la culpa a la contaminación, al aire acondicionado, a la gripe, a los diversos virus que portaban los visitantes, a las ondas de los teléfonos móviles, a la falta de lluvia... O sea, a pequeñas causas que provocaban todas juntas o por separado, el cambio en el tono de la pintura de los rostros retratados por Goya. Los informes tampoco explicaban fehacientemente la causa por la que este enrojecimiento de los rostros iba decreciendo paulatinamente, hasta desaparecer unos días más tarde.

 

Pronto se reabrió de nuevo el espacio vacío de Goya con mucha afluencia de visitantes. Todos querían ver de cerca aquel extraño prodigio goyesco, pero todos salían decepcionados al comprobar que aquello no era para tanto.

 

Incluso hubo quien dijo que aquel museo estaba encantado. Y se pensó en el enfado que los canónigos del Pilar habían causado en el ánimo de Goya. Y todo fueron historias sin historia, madejas sin lana, encantos sin encanto.

 

Varios especialistas en ciencias ocultas se dieron cita en aquellas salas medio vacías, pero sus explicaciones y conclusiones tampoco convencieron a todos.

 

Parecía que la tranquilidad había vuelto otra vez al museo, cuando un buen día los rostros pintados por Goya comenzaron de nuevo a enrojecer, poniendo a todo el mundo sobre aviso. Los especialistas volvieron a estudiar este raro fenómeno. Y otra vez comenzaron las discusiones, las opiniones y las impresiones. Hasta los más escépticos creyeron que podía deberse a alguna causa sobrenatural, porque los ojos de los retratados parecían inyectados de sangre. Pero aquella rara cualidad comenzó a desvanecerse poco a poco y como por ensalmo, como si se tratara de una suerte de sarampión pictórico pasajero.

 

Mientras duró la Exposición Internacional, el estrenado espacio vacío de Goya estuvo casi más tiempo cerrado que abierto. Durante todo este tiempo, los especialistas recabaron información, tomando buena cuenta de las medidas diarias de contaminación, temperatura, viento dominante, nieblas, lluvias, fríos y número de visitantes. Todos estos datos compusieron un dosier enorme, que fue pasando de mano en mano, sin que nadie encontrara una relación causa efecto. Pero un joven funcionario interino cayó pronto en la cuenta que el enrojecimiento en el rostro de los retratados coincidía con la llegada del cierzo a la ciudad y con las visitas de políticos y eclesiásticos al museo. Como quería ascender pronto en el escalafón, lo puso en conocimiento de sus superiores, pero nadie le tomó en serio. Aquellas conclusiones eran del todo disparatadas en el siglo que se vivía. ¡Cómo iba a reírse la consejera al conocer las conclusiones de la investigación! Aquello no era serio ni mucho menos convincente, pero había que comprobarlo.

 

Y así el mismo día de la clausura de aquella Exposición Internacional de Zaragoza, se volvieron a dar cita en el museo todos los políticos y demás autoridades civiles y eclesiásticas. Para aquel día del adiós se iba a presentar al público el último cuadro de Goya, que la Diputación había adquirido para llenar el espacio vacío dedicado al pintor. Se trataba de un autorretrato de Goya, que se había comprado a última hora pagando un ojo de la cara, rebasando con creces lo ofrecido por un museo americano. Y en aquella ocasión, todas las autoridades regionales y aun nacionales llenaron aquellas salas casi vacías, para ver colgado el nuevo cuadro de Goya. Mientras se hacían los honores al nuevo cuadro adquirido, todos los rostros de los retratos comenzaron a enrojecer muy rápidamente. Entonces volvieron a saltar todas las alarmas. El edificio se evacuó en pocos minutos, las salas quedaron vacías y a una temperatura constante, y el museo se cerró inmediatamente. En todas las calles de la ciudad soplaba un cierzo destemplado y más frío que nunca.

 

La versión del funcionario interino se había confirmado. El enrojecimiento de los rostros de los retratos de Goya, aunque no se sabía aún a ciencia cierta a qué causas se debían, se agravaba con la llegada del cierzo, de los políticos y de los canónigos del Pilar.

 

Se trataba pues de una maldición en toda la regla. Por internet se pasó una información no oficial que aclaraba que aquel mal de Goya se debía a una alergia benigna, producida por dos curiosos parásitos, hasta entonces desconocidos, que se bautizaron como Acojonapoliticus Pignatellii Goyescus y Meapilus Pilarensis Goyescus.

 

Desde el día de la clausura de la Exposición Internacional del 2008, ningún político en activo, ni canónigo en su sano juicio, ha querido volver a pisar aquel espacio medio vacío dedicado a Goya, donde sus visitas, si coinciden con el cierzo, producen estas graves consecuencias. Y nadie los echa en falta.

 

Los responsables del espacio casi vacío de Goya saben que siempre que sopla el cierzo, las puertas y las ventanas del museo, sean de salas, oficinas o almacenes, deben cerrarse de inmediato al viento, a los políticos y a los canónigos, para evitar que vuelva a aparecer en los rostros de los retratados ese mal de Goya, esa extraña alergia que producen el Acojonapoliticus Pignatellii Goyescus y el Meapilus Pilarensis Goyescus.

 

Si Goya levantara la cabeza dejaría escapar una sonora carcajada a la aragonesa, al conocer este extraño mal de sus pinturas. Pero yo lo hago por él, vaya que sí.

 

El lado verde de la Ley. Fiscales de medio ambiente VI (y último). Álvaro García Ortiz en Galicia.

El lado verde de la Ley. Fiscales de medio ambiente VI (y último). Álvaro García Ortiz en Galicia.

Recogemos ya la última de las recensiones  que publicó en julio  El País sobre El lado verde de la ley y los  fiscales de Medio Ambiente (pinchar aquí). García Ortiz hace referencia a la utilización del fuego en Galicia como instrumento de trabajo y relación humana y a la caótica ordenación del territorio gallego. El problema es que la ordenación del territorio en este país es un caos.  Y si les interesa últimos datos de un desastre de ordenación del territorio lean  “20  años de bendiciones para un hotel ilegal” (entrar aquí). Los planos públicos fueron manipulados “de forma burda” según el juez, pero, ojo al dato,  “aunque la justicia tire el hotel, la empresa puede construir al lado”. Estamos en Almería, en el Parque Nacional de Cabo de Gata, ni más ni menos, en la obra del Algarrobico, ¿lo han adivinado? Lo cierto es que mientras la ordenación del territorio no se aplique en este país nuestro patrimonio rural y urbano, incluido el paisaje, estarán a merced del mercado.

Por cierto, valga un inocente chascarrilo ¿han observado qué estilizados  y relajados se presentan nuestros fiscales de medio ambiente?

Galicia Incendios intencionados

Para Álvaro García Ortiz, de 40 años, nacido en Lumbrales, un pe­queño pueblo de Salamanca, ser fiscal de Medio Ambiente es una vocación que en la actualidad de­sarrolla desde el Tribunal Superior de Justicia de Galicia. Lleva el caso del Prestige y es un convencido de que hacen falta instrucciones es­pecializadas. "Un juez natural del pueblo pequeño donde suceden los hechos, como fue el caso de Corcubión, no tiene por qué cono­cer la complejidad que significa un asunto de esta relevancia, la canti­dad de derivaciones internaciona­les que tiene, el mundo del tráfico de hidrocarburos, el tema de los seguros, etcétera. Esto ha podido suponer entre otras cosas que el caso esté atascado durante mu­chos años", enfatiza el fiscal. Pero el principal problema ambien­tal de Galicia, según Garcia Ortiz, es que en esta comunidad se pro­ducen la mitad de los incendios forestales de España y también los índices de intencionalidad superan con mucho a los del resto del país El fiscal de Medio Ambiente se que|a de que las sentencias sobre esfos temas fracasen por falta de pruebas y que los procedimientos nunca lleguen donde uno quiere. "En la fiscalía hemos hecho un es­tudio con datos de los últimos 10 años, y las conclusiones demues­tran que un incendio no tiene nada que ver con las tramas orga­nizadas, cuestiones madereras o especulación urbanística, sino de ordenación del territorio", asegu­ra. El perfil del incendiario es una persona mayor y asocia!. "Hay también una raíz sociológica compleja: una población rural muy en­vejecida y la utilización del fuego como instrumento de trabajo y de relación humana Esto signifi­ca que cuando alguien se enfada, aquí utiliza el fuego para la ven­ganza, mientras en otros lugares se da una patada o se tira una pie­dra. Existen muchas y muy diver­sas causas que influyen (ganado, cultivos, minas, caza), lo que unido a la caótica ordenación del territorio gallego y al abandono ru­ral hace que esto sea un polvorín cuando se dan determinadas con­diciones meteorológicas". Los casos relacionados con la des­trucción de la costa de Galicia es­tán empezando a llegar a la fis­calía pero, según García Ortiz, no son tan graves corno en Levante, Málaga, Cádiz u otros puntos de España. "Aquí existe un clientelismo exacerbado y también tene­mos alcaldes imputados por cohe­cho urbanístico, pero nada que ver con los de otros sitios" Galicia tampoco se libra de los vertidos, explica García Ortiz. Por su formación geográfica, los es­tuarios, las rías, cuentan con un abrigo natural donde se hacen más evidentes estas sustancias. "Además, la economía de nume­rosas familias depende del marisqueo, así que cualquier problema de contaminación supone parar esta actividad económica esencial, una tragedia para mucha gente. Por ello tenemos un especial con­trol, y son muchas las industrias imputadas, en su mayoría conser­veras", indica.

Alberto Larraz, sin vergüenza

Alberto Larraz, sin vergüenza

Alberto Larraz, iluminado. Hemos de reconocer que, con tan intensas experiencias en materia de patrimonio cultural y desarrollo sostenible, en APUDEPA algunos llegamos al límite de nuestra paciencia. Así que nos disculpen a los redactores de guardia de este blog si utilizamos palabras gruesas junto a nombres y apellidos. Porque ¿Cómo hablarían ustedes de la actitud del consejero de Economía Alberto Larraz? Dejemos aparte por ahora el resto de las declaraciones hechas durante la entrevista concedida a El Periódico de Aragón para centrarnos en unas palabras que nos demuestran una actitud sin vergüenza. Al ser preguntado por Gran Scala, el Consejero afirma: “¿Me habéis oído hablar a mi alguna vez del proyecto de Gran Scala? Pues entonces. No me preguntéis a mí de esas cosas porque lo desconozco”. La fotografía que encabeza este artículo es por todos recordada: la firma en la Real Casa de Misericordia del protocolo por el que el Gobierno de Aragón se compromete a todo tipo de ayudas con el consorcio privado promotor de Gran Scala. En nombre de la Diputación General de Aragón suscriben el protocolo el presidente, el vicepresidente, el consejero de Industria y el CONSEJERO DE ECONOMÍA, ALBERTO LARRAZ. ¿Nunca ha hablado el Consejero de Gran Scala? ¿Desconoce el proyecto? ¿Firma, entonces, lo que le mandan? ¿Tiene criterio? ¿Tiene vergüenza? Esto último seguro que no. El consejero ha mostrado una actitud sin vergüenza. Al pan, pan. Y al vino, vino.

 

Don Juan Moneva y su casa en la calle Sanclemente

Don Juan Moneva y su casa en la calle Sanclemente

Casa de  Don Juan Moneva en Sanclemente 12. Zaragoza. Foto Apudepa 2008. Invitados por Heraldo de Aragón, Apudepa preparó el texto que presentamos a continuación, publicado en su edición de 25 de agosto de 2008, junto al artículo “Una herencia impide al colegio Miraflores vender la Casa Moneva hasta dentro de 40 años”.

Hace unos días defendíamos desde APUDEPA la figura intelectual de Don Juan Moneva  y la importancia histórica de su casa situada en la calle Sanclemente nº 12. La lectura de sus “Memorias” nos da el perfil de un varón cristiano, intelectual e independiente.

Juan Moneva y Puyol (Venta de Pollos, Zamora, 1871-Zaragoza, 1951) residió en Zaragoza desde 1878: calle del Temple nº 17, Manifestación y  Sanclemente 6   (desde 1905), por enfrentamiento con el arzobispo-cardenal Soldevilla al oponerse como catedrático de derecho canónico a la venta de los tapices de la Seo que aquel había fraguado (negocio felizmente no consumado). Moneva decidió entonces  “trasladarse” a la diócesis  de Huesca, a la que pertenecía la calle Sanclemente en la  parroquia de Santa Engracia. Por el  plano de Dionisio Casañal de 1911 sabemos que la vivienda era más amplia y  que tuvo que ser adaptada en 1925 a la nueva alineación de la calle,  adaptación arquitectónica que ahora sabemos –lo dice Don Juan en sus Memorias- diseñó su propio hijo, el joven arquitecto Jaime Moneva (1903-1929).

La fachada es fiel reflejo de la personalidad de Moneva, un hombre del siglo XIX que detestaba la construcción en serie, como escribía en el texto aludido, de ahí que su vivienda neorenacentista represente el canto del cisne de los exitosos historicismos decimonónicos. Su casa es también la de un cristiano como vemos en la cerámica de San Jorge de la fachada y el anagrama de la mirilla de la puerta con la siglas de Cristo, el alfa y la omega; también es la de un intelectual pues según nos ha manifestado un sobrino que vivió acogido en sus casa, José Mª García Leániz, Don Juan se refugiaba en su magnífico despacho de gran chimenea, con vistas al jardín, acompañado de sus ficheros de trabajo y blasones familiares.

La casa está catalogada de interés arquitectónico por el Ayuntamiento de Zaragoza y debe preservarse íntegramente por los valores materiales e inmateriales que representa. Opinaba Don Juan aludiendo a los palacios de Zaragoza derribados: “el más entusiasta demócrata, si es político inteligente, reconocerá que esa falta de receptividad social de Zaragoza, a Zaragoza más que a nadie perjudica”.

Belén Boloqui Larraya y Carlos Bitrián Varea son miembros

 de la Junta de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés

 

Adela Cortina: Educar para una ciudadanía activa

Adela Cortina: Educar para una ciudadanía activa

“Educar para una ciudadanía activa” es un artículo interesante de Adela Cortina publicado en El País el 30/12/2006.  Catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia a este blog le gusta lo que dice esta profesora. Creemos que hace falta insistir en ello.

Señala Cortina que no sólo hace falta saber el qué de las cosas  sino también  el por qué y participar en la vida común,   que se debe pasar del Estado Benefactor, con una ciudadanía pasiva, a edificar un  Estado de Justicia, o mejor,  una Sociedad Justa con una ciudadanía activa, “dispuesta a reclamar sus derechos ya ejercerlos, a pechar con sus responsabilidades  y a construir, participando en ella, la vida en común.  Por otro lado, partidizar la opinión es letal para una sociedad (pinchar artículo de Cortina).  

Desde Apudepa entendemos que sobre todo esto mucho habría que hablar en este país porque son los propios partidos políticos – especialmente los que ocupan el poder- los que tratan de amordazar al ciudadano, asociaciones, etc. Aquellos que tratan de analizar con razones lo que entienden que conocen, y para eso estudian, suelen ser blanco de la mayor indiferencia o la ira política. En España,  Aragón por poner un ejemplo, mucho se les llena la boca con las Agendas 21, programa europeo para el desarrollo armónico de las ciudades,  donde se contempla como hecho básico la participación ciudadana. Zaragoza y otras ciudades aragonesas están en la Agenda 21 ¿no hacen el paripé los ayuntamientos al respecto? Es evidente que sí dados los resultados de las encuestas sobre la falta de transparencia en nuestros grandes ayuntamientos aragoneses (pinchar aquí).

Está claro que para corregir estos datos entre otras cosas hace falta mayor participación ciudadana ¿Somos ciudadanos activos o llevamos máscaras permanentemente? ¿Vd. qué opina?

Trasobares y la Expo: Glorioso

Trasobares  y la Expo: Glorioso

El Ebro,  el pabellón puente y el de tercer milenio. Foto Apudepa

Hoy incluimos este comentario del día de José Luis Trasobares, texto que creemos recoge fielmente la realidad política y social de nuestra ciudad: el personal veranea en la Expo y el poder saca rentabilidad política, que es de lo que realmente se trataba. ¡Qué listos son!

Por cierto, ya es hora de decir que el pabellón Puente engulle literalmente  al Ebro, lo minimiza, y hace invisible al  puente del Tercer Milenio. Un dispendio para nada, bueno, para un supuesto icono-ballena pantagruélico, carísimo.  Mientras nosotros lo pasábamos en grande en la sátira política “Apocalipsis Aplazada. Bienvenida catástrofe”, de Darío Fo, premio nobel,   en su jocosa representación alegórica medioambiental de estos últimos días  en el pabellón de congresos de la Expo.  Una delicia debida a la inteligencia y energía del italiano a sus 82 años, a la que nuestros próceres llamarían “teatro fundamentalista”,  otra  engañifa del poder para tenernos quietos  porque todos sabemos a estas alturas que el fundamentalismo, lo que se dice fundamentalismo,  lo practica el mercado y los políticos (lo dice hasta Soros).

14/08/2008 El Periódico de Aragón 

J.L. Trasobares

Glorioso

"Con setenta mil personas entrando por sus puertas cada día, la Expo se consagra como el gran éxito de la iniciativa pública en estos últimos treinta años. Hasta la fecha, la Zaragoza democrática podía exhibir dos logros importantes: un desarrollo urbanístico tan caótico como el de cualquier gran ciudad que se precie... e incluso más, y unas fiestas mayores en las que la combinación del estilo urbano con el ramalazo rural de nuestra idiosincrasia ciudadana consigue apoteosis multitudinarias. Ahora tenemos la Exposición Internacional, donde veranean miles de zaragozanos y sus amigos y parientes desplazados ex profeso. Esa mezcla de feria turística, parque de atracciones y exhibición de arquitectura emblemática, trufada de conciencia medioambiental y marcheta nocturna, es un pelotazo sólo comparable, si acaso, al que obtuvo la remodelación de la plaza del Pilar y aledaños cuando González Triviño se puso al borde de la mayoría absoluta (y eso que ya andaba medio corroído por las dudas ajenas).

En la Expo no hay demasiados guiris (aunque llegan algunos en los viajes relámpago desde la Costa Dorada) y los organizadores llevan meses confundiendo el número de visitas con el de visitantes para que al final se cumplan las previsiones. Pero cada vez está más claro que quienes han cortado este bacalao nunca pretendieron alcanzar la fama internacional, sino dejar boquiabierta a la parroquia electoral correspondiente, a los de casa. Y eso lo han logrado, por más que los exigentes esperásemos mucho más del 2008 o que los más alternativos y radicales estuvieran desde el principio en contra de este festival.

Por las mañanas, las paradas de autobús en las líneas que llevan a la Expo están abarrotadas. Reina entre el gentío un ambiente playero, tipo Salou. Al personal casi todo le parece bien, trátese de puentes, pabellones, torres, parques y chirimbolos. Zaragoza está más guapa y moderna. Y en Ranillas no cabe ni un alma más. O sea, que la ausencia de extranjeros no es un fracaso sino un logro. Nos hubiesen estorbado una barbaridad".

Belén Moneo: La debacle inmobiliaria en España

Belén Moneo: La debacle inmobiliaria en España

 

Termas de Tiberio proyecto de Belén Moneo y Jeff Brok, Panticosa (Huesca). En poco usual en este país que un arquitecto hable claro con respecto al urbanismo español. Lo ha hecho la arquitecta Belén Moneo, hija de Rafael Moneo, que no tiene ningún empacho en mencionar en la entrevista para El País “la ausencia total de planificación urbanística en España”; que “el desarrollo urbanístico [español] sólo se ha guiado por el capitalismo puro y duro”, para apostillar” que "el urbanismo, que es una disciplina prioritaria en otros países y objeto de debate, aquí ha estado fuera del alcance de los arquitectos”.

Las acusaciones son ciertamente graves así que imagínense lo segura que se encuentra la arquitecta para lanzarlas en la última página de El País. APUDEPA agradece su valentía por decir lo que piensa en un tema tan vital como éste. Ahora bien, esta asociación también lamenta que la saga Moneo (con A. Siza) haya intervenido masivamente en la destrucción del conjunto del antiguo balneario de Panticosa, en el Pirineo aragonés, catalogado como Bien de Interés Cultural, la más alta protección otorgada por la Ley de Patrimonio Histórico Español. Cierto es que en otro país más respetuoso con la cultura nunca hubiera consentido tal atropello. Nosotros pensamos que este complejo ha sido otra maniobra capitalista pura y dura, revestida, cómo no, con soflamas de desarrollo local. Por otro lado, el grupo Nozar se retira, por quebranto económico, y ahí está el viejo Panticosa reinventado, como dice cierta propaganda, en "Panticosa Resort", a medio gas, sin concluir.

Lo que Belén Moneo opina para El País es lo que estamos viendo ocurre a todas horas en esta piel de toro de nuestros amores aunque aquí casi todo el mundo se llame andana. ¿Quién le pone el cascabel a la construcción? ¿O no debe ser el Estado español en coordinación con todas las comunidades autónomas?