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APUDEPA

Opinión

¿Es esto el fin?

¿Es esto el fin?

APUDEPA viene observando indicios muy serios de un avance apocalíptico. (Ya saben que además de reaccionarios, talibanes y radicales somos un tanto apocalípticos). Los diarios de ayer eran un ejemplo evidente. A las preclaras mentes gubernamentales se les ha ocurrido, quizás en un vermú, trasladar el Campus de San Francisco de la Universidad de Zaragoza al meandro de Ranillas. Y así lo confiesan, sin contar con la Universidad, con la oposición, con los vecinos… ¿no será la próxima trasladar el Pilar a Valdespartera para ofrecer al ferial unos suelos más céntricos? El Heraldo nos ofrece una imagen virtual de un teatro romano, al estilo Mérida. Se nos dice que el Departamento de Cultura quiere construir un teatro romano en Bílbilis. ¿Será una errata? ¿Volverá Julio César? El alcalde Elboj plantea tirar una veintena de edificios antiguos del centro de Huesca para “sanear” el casco antiguo. ¿No podríamos comenzar saneando el Ayuntamiento? Y, por supuesto, el Gobierno de Aragón anuncia que va a continuar con las obras de la Escuela de Artes, pese a que el Ayuntamiento ha rechazado modificar el Plan General de Ordenación Urbana para “legalizar” dichas obras. ¿Oyen sonido de trompetas? ¿Han visto hoy a Al Gore? Que Dios nos pille confesaos.

“Otra falacia patética” por Santiago de Mora-Figueroa

“Otra falacia patética” por Santiago de Mora-Figueroa

Por su interés, el Blog de APUDEPA incluye el artículo “Otra falacia patética”, de Santiago de Mora-Figueroa (Marqués de Tamarón), publicado por el diario ABC en su edición de 25 de mayo de 2006. La cuestión concreta planteada, la de los incendios forestales, ha vuelto a ser de interés mediático este verano, a causa de los gravísimos incendios de Grecia (fotografía tomada del diario El País), tras de los cuales se halla la especulación inmobiliaria. En este sentido, APUDEPA es algo más tajante (y su visión menos romántica y literaria) que el Marqués de Camarón: el actual sistema económico necesita de un espacio físico que, de una u otra forma, consigue. No queda tan lejos el fuego olímpico...

Una de las falacias más repetidas es que los españoles son indiferentes ante la Naturaleza. Sorprende esta afirmación reiterada y gratuita -auténtica falacia patética, que diría Ruskin- cuando todo a nuestro alrededor indica que en su mayoría los españoles no sólo no son indiferentes ante la Naturaleza, sino que con notable eficacia la detestan. Esa antipatía se manifiesta a veces de forma canallesca, quemando el monte o envenenando animales. En otras ocasiones el estilo es tan sólo achulado, y se desparrama basura en parajes de singular belleza, estridencias de discoteca y moto en el corazón del silencio, pintadas procaces o mitineras en las rocas. Es una manera de decir, con desplante de imbécil, «por aquí he pasado yo, que no soy menos que ese roble tan viejo o esa águila que salió huyendo».

Pero las más de las veces el odio rezuma por omisión más que por acción: los vecinos se sonríen ante el atropello, el juez se encoge de hombros, el Ayuntamiento se inhibe, los Gobiernos callan o fingen. Es la más sincera de las connivencias. «Vaya usted a saber quién lo hizo, sería muy difícil probarlo, además el bosque era muy viejo, y ya es hora de que esto beneficie a las personas y no sólo a los pajaritos». Y suspiran satisfechos los especuladores urbanos, tratantes de madera quemada, cazadores furtivos, extorsionistas, camellos de la droga, piariegos y retenes renegados.

El ejemplo perfecto de la mezcla de resentimiento y estupidez demagógica fue aquella brillante coletilla al lema de la vieja campaña contra los fuegos forestales: «Cuando arde un bosque, algo suyo se quema, señor conde». Añadiendo esas dos palabras, el gracioso -creo recordar que en La Codorniz- convertía el incendio en un acto progresista, puesto que fastidiaba a la oligarquía. Y además heroico, ya que en aquel entonces la Guardia Civil aún era o podía ser severa.

Huelga decir que esa bellaquería en particular no es ya políticamente correcta. Pero otras sí, pues casi todo es turbio en ciertas actitudes sociales. Ni siquiera los delincuentes, que deberían ser fieles a su imagen social de dechado de lógica -lógica egoísta y amoral, pero lógica al fin- son tal cosa cuando se dedican a destruir la Naturaleza. Rara vez actúan con la frialdad de un delincuente puramente racional, como por ejemplo un monedero falso. Éste tan sólo busca el estricto provecho económico, mientras que el incendiario, con independencia del posible lucro, suele disfrutar haciendo daño. Diríase que en ese terreno hay tanto o más odio que codicia. A veces cabe preguntarse si ciertos vertidos tóxicos o incendios no tendrán más en común con los crímenes de los violadores que con los de malhechores supuestamente racionales como los ladrones. Después de todo es de suponer que el sueño de quien aspira a hacer el mal perfecto es mancillar a su madre y luego matarla, y eso es, en exacta metáfora, lo que hacen miles de autores de delitos ecológicos al año, sobre todo en verano. Si tan sólo buscasen el lucro, es probable que escogieran otros delitos más rentables y que causan menos dolor innecesario.

Lo más triste, sin embargo, es que lo turbio de las motivaciones de los delincuentes parece desdibujar las propias reacciones de la opinión pública, de las autoridades y de los periodistas. No conozco otro ámbito donde haya menos ideas claras y menos acciones decididas. Abunda, eso sí, la palabrería. Todas las fuerzas políticas coinciden en sus ansias retóricas de «preservar el medio ambiente» (artículo 38 de la Constitución de 1978), pero ninguna muestra respeto siquiera por su propio nombre; se conoce que no va con ellas lo de nomen est omen. Los socialistas valoran muy poco en la práctica el primer bien social, que es la Naturaleza. A los conservadores no les interesa mucho conservar esta vieja piel de toro, tan llena de mataduras. Los verdes, absortos en la izquierda unida, tienen mucho más de izquierdistas que de verdes. Y los llamados ecologistas nunca se manifiestan cuando el desastre ecológico ocurre donde gobiernan las izquierdas.

Prueba de lo que antecede es la anarquía urbanística en casi todos los municipios españoles. Sea cual sea su militancia política, el sueño megalómano de un alcalde es benidormizar entero su término municipal, edificarlo del uno al otro confín. Yerran quienes atribuyen el anhelo a un afán de beneficio personal. Por lo común no se trata de cohecho sino de una fe pétrea en el progreso, entendido éste como un aumento acelerado del casco urbano y del número de automóviles en circulación.

Contra creencia tan firme no hay leyes que valgan, y menos en un país latino, donde la tradición es legislar profusamente pero sin luego aplicar las normas con demasiado rigor. A veces, sin embargo, triunfan paradójicos escrúpulos y ocurre, por ejemplo, que se paraliza la declaración de tal Parque Nacional para no verse obligados a entorpecer los negocios de la construcción ni sufrir la consiguiente pérdida de votos.

Quizá por el mismo prurito oficial de discreción -acaso para evitar la llamada alarma social- no sea posible averiguar cuántos están en la cárcel tras los incendios, casi todos provocados, de 180.000 hectáreas forestales en toda España durante el pasado año 2005, o por cualquier otro delito ecológico (se dice oficiosamente que nadie está en prisión por un quítame allá esas pajas, aun ardientes). Pero cuesta creer que haya voluntad oficial de sigilo, pues los poderes públicos no pueden ignorar el auténtico sentir popular ante todos estos abusos y delitos: la sonrisa suficiente. Como mucho, los políticos evitarán en lo sucesivo reconocer las amplias complicidades del pueblo soberano con los incendiarios, después del revuelo causado en agosto pasado por la franqueza de la ministra de Medio Ambiente al admitir que existía «tolerancia social» en Galicia y en el resto de España, que impedía la identificación de los culpables.

A la tolerancia podía haber añadido la desidia. Mientras escribo estas líneas y para no perder el sentido de la realidad más humilde, tengo a mi lado una bolsa de carbón vegetal para barbacoas hecho en el Paraguay y comprado esta primavera en unos grandes almacenes madrileños. O sea, que mientras ardían los montes españoles porque nadie era capaz de atajar el fuego, ya que el sotobosque no se mantiene limpio desde que desapareció el piconeo, estábamos importando picón de una selva situada a diez mil kilómetros de distancia.

Y es que aquí, como en otros asuntos nacionales, el problema no está tanto en el Gobierno o los Gobiernos de la nación cuanto en la nación del Gobierno. Un pueblo que no cree en él mismo -en su historia ni en su naturaleza- mal puede exigir fe y voluntad a sus Gobiernos. Y éstos -unos más que otros, es cierto- tendrán la perpetua tentación de zanjar los problemas «como sea». Es decir, sin resolverlos.

Moobing inmobiliario, Centros Históricos y Expos Internacionales

Moobing inmobiliario, Centros Históricos y Expos Internacionales

Por su interés publicamos a continuación el artículo de Belén Boloqui, profesora de Historia del Arte en la Facultad de Educación de Zaragoza y Presidenta de APUDEPA, publicado por Heraldo de Aragón en su edición de 11 de octubre de 2007. Tanto este artículo como el del profesor Montaner publicado ayer en este Blog muestran hasta qué punto las políticas sociales y económicas están interrelacionadas con las políticas urbanísticas y culturales.

“Amenazas, averías misteriosas, extrañas plagas... Todo vale con tal de que los vecinos desalojen el edificio. La ONU sitúa a España a la cabeza del acoso inmobiliario. Aquí se acuñó el término `asustaviejas´, pero con la especulación el fenómeno se ha desbordado. Hemos estado en las ciudades más afectadas”. Así de claro hablaba el XL SEMANAL de Heraldo de Aragón, en su última edición de septiembre-octubre. Los centros históricos, y con ellos los Conjuntos Históricos protegidos por las leyes de patrimonio cultural, no se salvan de esta plaga de gente sin entrañas que busca solo su interés particular. Sevilla, Cádiz, Barcelona, Zaragoza… ¿cuántas ciudades más en España sufren este moobing?

En paralelo, las ciudades antiguas van perdiendo su solera, algunas por el derribo de sus viviendas tradicionales, esas casas privilegiadas por su ubicación, y por la expulsión de sus habitantes más genuinos, las clases más desfavorecidas (bien sea en su versión tradicional, el pobre a secas, o en su versión de familia gitana y ahora de inmigrantes extranjeros). La Conservación Integrada, defendida en el importante texto de la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico de 1975, todavía vigente, hace especial énfasis en esto: “La evolución histórica ha conducido a los centros degradados de las ciudades, y en ocasiones a los pueblos abandonados, a convertirse en reservas de alojamientos baratos. Su restauración debe ser llevada a cabo con un espíritu de justicia social y no debe ir acompañada del éxodo de todos los habitantes de condición social modesta. Así la conservación integrada debe constituir uno de los pasos previos de las planificaciones urbanas y regionales” (punto 7º).

¿Han visto Vds. que se practique ese espíritu de justicia social en muchos de nuestros centros históricos españoles? Sinceramente no. ¿Qué clase de política urbanística se lleva a cabo en nuestras áreas centrales? Misterio, misterio. Con las transferencias autonómicas España no ha dado pasos decisivos en este sentido aunque, para el bien de todos, es cierto que ha habido actuaciones puntuales muy meritorias. Citaré entre ellas las de Vitoria, Gerona, Santiago de Compostela y Bilbao, que han recuperado con voluntad inquebrantable y política social sus centros históricos a lo largo de las décadas de 1980 y 1990 valiéndose para ello de los fondos europeos en una apuesta política de conservación integrada. Zaragoza perdió aquella oportunidad por su negligente actuación en las décadas de 1980 y 1990; también dilapidó sus recursos en el cacareado PICH de 1996 (Plan Integral del Conjunto Histórico), de la época de alcaldesa Luisa Fernando Rudi, una cortina de humo con poca consistencia real, como se ha venido demostrando en los diez años siguientes. Apudepa intentó participar pero fue curioso comprobar el ninguneo sufrido, curiosa práctica consolidada en nuestra sociedad democrática. Ignorar la capacidad de la sociedad es propio de la clase política española. Ahora tenemos un nuevo texto, el PICH de 2005-2012, que está a disposición de todos en la página web del Ayuntamiento de Zaragoza pero del que apenas nadie habla públicamente, cuando debería ser todo lo contrario, de intenso debate social. Mientras tanto, se desvían partidas presupuestarias, se mantienen algunas viviendas en condiciones de habitabilidad infrahumanas, caen edificios antiguos que no están ni tan siquiera inventariados y con ellos el exilio de las personas, una tras otra, con el silencio acostumbrado y la extorsión necesaria llegado el caso. Por otro lado, como la Expo está ya en su recta final y el Conjunto Histórico de Zaragoza sigue sin resolverse es evidente que éste dará mala imagen, ni más ni menos la que le corresponde.

Desde Apudepa siempre hemos reclamado que ciudadanos y asociaciones tenemos derecho a participar en el proceso urbanístico de la ciudad en la que vivimos aunque la clase política y el poder en la sombra se empeñen en lo contrario. Como decía Goya, “todo lo que huele a secretos, es digno de poco aprecio”.

“Barcelona, territorio de ficción” por Josep Maria Montaner

“Barcelona, territorio de ficción” por Josep Maria Montaner

Por su interés reproducimos el artículo del profesor Montaner, Catedrático de Composición Arquitectónica de la Universidad Politécnica de Cataluña, publicado por el suplemento Babelia del diario El País . APUDEPA comparte con el profesor Montaner su insistente preocupación por el modelo urbanístico imperante y por la calidad del espacio público y le agradece su fundamental labor didáctica. La Presidenta de APUDEPA y profesora de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Belén Boloqui, escribió casualmente unos días antes un artículo también sobre el centro histórico de la ciudad consolidada (en este caso el de Zaragoza) que hoy se publica en Heraldo de Aragón. Mañana lo publicaremos en el Blog de APUDEPA.

La Ciudad Condal fue a lo largo del siglo XX un foco cultural en el que crecieron las vanguardias artísticas y, a su vez, el gran escenario de la literatura catalana. La transformación arquitectónica y urbanística de las últimas décadas ha llevado a conciliar lo público y lo privado.

Por su voluntad de capitalidad, Barcelona tiene una laboriosa historia como escenario de lo público, desde el municipalismo del siglo XIX hasta un modelo Barcelona que, si se ha exportado como tal, lo es mucho más por la sabia divulgación de las cualidades de su historia implícita que por los aciertos de los proyectos contemporáneos. Lo que sigue destacando es su carácter de ciudad compacta, de estructura clara, junto al mar, entre dos ríos y rodeada de una serie de montañas. Una ciudad densa, de abundantes calles y paseos, que se aproxima a las coordenadas de hacia donde debería tender una ciudad sostenible: proximidad entre lugares de residencia y trabajo, buena red de transporte público, muchos recorridos a pie y en bicicleta.

Del modelo Barcelona, más que si existe o si está en crisis, lo que ahora nos interesa es que esta ciudad se puede referir a otros modelos contemporáneos dentro del panorama internacional: Curitiba y Bogotá, Shanghai y Hong Kong, Singapur y Dubai, Los Ángeles y Las Vegas, son todos modelos muy definidos de ciudad que pueden compararse con modelos europeos como París, Berlín o Barcelona.

El caso de Barcelona ha destacado por un modelo de negociación entre lo público y lo privado, y por haber sido transformada en las últimas décadas más con el proyecto urbano y los planes especiales de ordenación urbana que con los grandes planes generales y el urbanismo tecnocrático de estándares y cifras.

Por esta razón, lo que ha hecho realmente Barcelona es sacar partido del patrimonio que ya tenía, a veces con acierto y a veces erróneamente o abusando de él. Por esto se empezó por el espacio público, se continuó con los grandes nudos que se han convertido en las áreas de nueva centralidad (entre ellas las áreas olímpicas), luego se ha desarrollado una política sincopada de museos y centros de arte distribuidos por la ciudad, más tarde se le ha sacado todo el provecho a los mercados, tematizándolos con remodelaciones, supermercados y restaurantes de moda, y ahora se está consolidando una política de bibliotecas en cada barrio.

En el camino, también se ha perdido equipaje, especialmente patrimonio, nunca bien visto (excepto Gaudí y el Modernismo, no por su valor cultural sino por los royalties que dan), en una ciudad que siempre renace de los bolsillos de los nuevos ricos y que cree que tiene historia de sobra. Y se ha perdido en participación: de la fuerte presencia en los movimientos sociales urbanos de los años setenta y principios de los ochenta a una situación actual en la que la máxima preocupación municipal ha sido cómo engañar y desmotivar a los vecinos, por muchas audiencias públicas que se diga que se han organizado. El momento máximo de desorientación fue cuando se invirtió en un Fórum 2004 de las culturas totalmente galáctico y superfluo, en vez de hacerlo en una ciudad real cada día más gastada, averiada y colapsada.

Barcelona fue a lo largo del siglo XX un foco cultural, de cruce y encuentro de las vanguardias artísticas, arquitectónicas y musicales. En estos tiempos está en la cuerda floja si esto va a continuar o si ya tenemos suficiente con el delirio del turismo.

Pero no olvidemos que sin Barcelona como escenario no habría surgido la mejor literatura catalana, que ha tomado la ciudad como epopeya o los rincones de sus barrios como escenario vivo de sus historias: sus barrios han sido lugar privilegiado para las novelas de Mercè Rodoreda, Carmen Laforet, Montserrat Roig y Juan Marsé; ha inspirado recreaciones de la sociedad industrial del Poblenou en las novelas de Xavier Benguerel y también está presente en la trilogía de Julià de Jòdar, que aunque se localice en Badalona se acerca a barrios vecinos de Barcelona; se vislumbra entre los versos de J. V. Foix, Jaime Gil de Biedma, Salvador Espriu i Joan Margarit; está viva en los escenarios pop de las historias de Terenci Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Carlos Barral, Luis, Juan y José Agustín Goytisolo; es materia de la narrativa periodística, culinaria para Néstor Luján y de crítica social para Teresa Pàmies; es el escenario real para las visiones irónicas de Quim Monzó y las construcciones cultas de Miquel de Palol; y tema para las epopeyas: la medieval en Santa Maria del Mar de Ildefonso Falcones; las burguesas narradas por Eduardo Mendoza y las de terror gótico en la España franquista inventadas por Carlos Ruiz Zafón. Y hoy nos podemos preguntar: ¿cuál va a ser la literatura y la poesía que va a generar la Barcelona turística y global?

Desde el ingeniero de caminos Ildefons Cerdà hasta los arquitectos Oriol Bohigas y Joan Busquets, pasando por historiadores como Francesc Carreras Candi, Agustí Duran i Sanpere, Pau Vila y Jaume Sobrequés, Barcelona ha sido revisada, pensada y conceptualizada por urbanistas y geógrafos de primer rango.

Pero en los últimos tiempos lo que sucede en la realidad está mucho mejor reflejado en la contracultura de la crítica y los debates, en las luchas vecinales y en las páginas web de los movimientos alternativos, en el trabajo crítico de antropólogos y sociólogos, en las acciones artísticas en la calle y en la cada vez más larga serie de documentales críticos, mucho más que en la historia oficial, aun con la inercia de un modelo exitoso y referente en el panorama internacional, que no se atreven a replantear.

 

“Sangüesa, aguas abajo del riesgo” por Victoria Trigo

“Sangüesa, aguas abajo del riesgo” por Victoria Trigo

Mejor tarde que nunca. Es una buena noticia que la localidad de Sangüesa, con su Iniciativa Ciudadana Yesa No Vida Sí, se sume a la lucha contra el recrecimiento, a cualquier cota, del pantano de Yesa. Es una buena noticia contar con más voces en defensa del sentido común y de una justicia que, lamentablemente, muchas veces escapa astutamente a trámites jurídicos sorteando resquicios entre leyes y protocolos para, finalmente, soltar el martillazo a favor de la sinrazón, ésa que suele defenderse bastante bien desde posiciones de poderío económico y con la inestimable ayuda de medios de comunicación poco comprometidos con la información objetiva.

En estos momentos, con el movimiento en defensa de los ríos funcionando a medio gas desde la derogación del trasvase del Ebro –que no de la cara oculta del mismo y su insistencia en reservas estratégicas de caudales, es decir, en pantanos y más pantanos- arrecia el temporal de impaciencias por aumentar la capacidad de Yesa, reiterándose las falacias de los resultados de una Comisión del Agua que, desde su nacimiento, estaba destinada a refrendar y decorar de tolerancia a las posturas más indefendibles a la luz de los tiempos actuales. Es triste que desde el Ministerio de Medio Ambiente se manejen con frivolidad y superficialidad los criterios de sostenibilidad y consenso. Es triste que, además, desde el Gobierno de Aragón, se siga practicamente al unísono esa cantinela. Es triste que el Gobierno de Navarra, con su vergonzoso historial en el caso Itoiz, tampoco se decida a enmendar errores. Pero hay realidades, como las grietas de Yesa y los riesgos que de ellas se deriven, que no se pueden ocultar ni con cemento, ni con silencio, ni con cortinas de humo de compensaciones y baratijas y mucho menos con el discurso adulterado de la sostenibilidad que en el colmo de la manipulación, incluso se aplica a la Expo de Zaragoza, donde entre otras maravillas, contando con inexplicables colaboraciones de particulares y grupos vinculados a la ecología, a codazos con riberas, valores históricos del Puente de Piedra y normativas medioambientales, se ha construido un azud, se ha dragado ferozmente –bajo denominación de limpieza- y, a la vez, se pretende convertir un tramo del Ebro en un canal de aguas bravas. ¡Hoy los tiempos adelantan, que es una barbaridad! Así, con la población zaragozana deslumbrada con la navegabilidad en unos barcos “trans-Ebro-oceánicos” que han supuesto literalmente modificar la talla del río, es difícil hacer llegar a las conciencias el mensaje de los problemas de Yesa. Sin embargo, hago un voto por la esperanza de que ahora, con los vecinos de Sangüesa en la calle, consolidando la unidad de cuenca social entre comunidades, resurjan reforzados los aldabonazos contra un proyecto en el que, para amargura de los aguatenientes, el tiempo está avalando nuestras razones. Sólo queremos evitar que nos refrende en una: en el grave riesgo para Sangüesa.

Mª. Victoria Trigo Bello

"El memoricidio" por Rafael Argullol

"El memoricidio" por Rafael Argullol

Por su interés reproducimos en el Blog de APUDEPA el artículo “El memoricidio” del escritor, filósofo y catedrático de Humanidades en la Universitad Pompeu Fabra Rafael Argullol, publicado en el suplemento del diario El País “La Cataluña que viene, 25 años de la edición catalana” (7 de octubre de 2007). La fotografía corresponde al derribo del edificio "Miles de viviendas" en la Barceloneta y ha sido tomada de la página web www.otrabarcelona.com.

Veinticinco años. Hace veinticinco años Gabriel Dersen se metió en un barco para viajar a Perú, y no ha vuelto. Claro está que hubiera podido viajar en avión con mucha más rapidez pero quiso alejarse lentamente porque así lo habían hecho los viejos viajeros y porque no tenía prisa alguna. Allí, en Perú, no le esperaban y se le había metido en la cabeza que aquí, en su ciudad, habían dejado de esperarle.

Lo cierto es que se largó, y con el transporte deseado. Consiguió pasaje en un carguero que admitía, más o menos legalmente, a media docena de pasajeros y un mes después llegó a Lima después de haber recalado en los puertos de Lisboa y Santos y cruzado el Cabo de Hornos. No se instaló en la capital peruana sino en Pisco, al sur del país.

A lo largo de estos veinticinco años no hemos escritos siempre. Cartas tradicionales al principio y luego largos mensajes electrónicos. Yo no era partidario de abandonar el formato tradicional pero él insistió en que explotáramos la ventaja de la nueva velocidad epistolar. Sin embargo, en nuestro caso, esta velocidad tampoco era demasiado necesaria pues en las cartas hablábamos poco de esas cosas que si no se expresan en su fulminante inmediatez pierden todo valor.

A medida que pasaban los años se agudizaba la tendencia de Gabriel a interrogarme sobre los lugares de la ciudad que habían ido desapareciendo. Todos esos sitios tenían en común el hecho de que los habíamos compartido Gabriel y yo: eran muchos porque, además de haber nacido en el mismo año, habíamos ido al mismo colegio y estudiado en la misma universidad.

Al principio los lugares perdidos surgían un poco al azar en nuestro epistolario: yo le informaba de que había derribado tal o cual edificio o que había cerrado tal o cual café. Gabriel tomaba nota de mis informaciones sin concederles mayor importancia. No obstante, a partir de un determinado momento, su atención fue en aumento. Ya no aguardaba mis noticias de nuevas desapariciones sino que, adelantándose, me interrogaba: ¿aún está aquello bar de Escudillers o aquel chiringuito de la Barceloneta o aquella tienda del paseo de Gràcia? Yo le contestaba afirmativa o negativamente. Casi siempre negativamente.

Una vez, hace doce o trece años, visité a Gabriel Dersen, allí en Pisco. Vivía modestamente en el único piso de una deteriorada casa colonial. Mientras paseábamos por Pisco, Gabriel insistió en sus preguntas sobre esos lugares desaparecidos que tanto le preocupaban. Un día, durante una excursión que realizamos a la isla de Paracas, empezó a hablarme del memoricidio que se estaba perpetrando a nuestra costa. La conversación se interrumpió porque el aullido de los lobos marinos que se aparean en las playas de Paracas hacía imposible escuchar palabra alguna. Creo que durante mi estancia peruana Gabriel no se refirió más al memoricidio.

A mi vuelta reanudamos la actividad epistolar. En cartas sucesivas me fue aclarando su idea del memoricidio: él y yo, y muchos más con nosotros, éramos víctimas del exterminio de nuestra memoria. Los poderes –fueran quieres fuesen los que se ocultaran bajo esa denominación- habían aniquilado sistemáticamente nuestros lugares de referencia con excusas como el progreso, el bienestar o la modernización. Ya no teníamos ni infancia ni juventud sino una suerte de espectro amorfo sin sede. Aunque no le faltaba razón a Dersen en lo que decía no había duda de que en sus palabras pesaba mucho la añoranza del que desde la lejanía desarrollaba ambiguas relaciones con su ciudad natal. Yo trataba de convencerlo de que no todo había sido negativo en esos veinticinco años en que él había estado ausente. Cada generación hace lo que puede, le aseguraba con estoicismo. Él se reafirmaba en la convicción de que se había perpetrado el memoricidio.

Las cartas de estos últimos años han sido cada vez más precisas al respecto. Mientras aumentaba el ritmo de las destrucciones, del que le informaba puntualmente, aumentaba también la labor de Gabriel Dersen como cronista, historiador e incluso arqueólogo de nuestro memoricidio. Por lo que leo en sus cartas tiene en su casa, allá en Pisco, un plano detallado de Barcelona con todos los lugares que él considera perdidos y que ha ido reuniendo a lo largo de un cuarto de siglo. Ahora está construyendo maquetas de los sitios más emblemáticos, con la ayuda de sus recuerdos y de la documentación gráfica que obtiene en Internet o que reclama a los archivos. El conjunto de esas maquetas será, afirma, su monumento contra el memoricidio. O nunca mejor dicho, su memorial.

Yo me río y le escribo que es una locura. Pero sé que no está loco y que el asunto es completamente serio.

Vota a Eva Almunia como Ministra de Cultura. Aragón te lo agradecerá (Zapatero, no sabemos)

Vota a Eva Almunia como Ministra de Cultura. Aragón te lo agradecerá (Zapatero, no sabemos)

“Eva Almunia, una mujer que pesa en Ferraz. Postulada por el entorno de Marcelino Iglesias como sustituta lógica del líder aragonés cuando éste decida jubilarse, Eva Almunia se ha convertido en la voz del PSOE aragonés en la Ejecutiva federal del PSOE. Se ha ganado la confianza de José Blanco y de todo el aparato de Ferraz y ha marcado dignamente en toda España la postura del partido en conflictos como la Educación para la Ciudadanía. Cada vez que hay cambios en el Gobierno de Zapatero y afectan a la cuota femenina, sale su nombre. No ha llegado a materializarse, pero es de los pocos aragoneses que tiene posibilidades reales de ser ministro”.

Este es el retrato de Eva Almunia publicado hoy en Heraldo de Aragón en el marco de uno de esos refrescantes reportajes de los suplementos dominicales. Almunia aparece así incluida en la lista de los “15 aragoneses que cortan el bacalao”, “los personajes públicos de Aragón con más influencia en España”. APUDEPA, mediante este no menos fresco artículo de domingo, desea sumar su voz a todos quienes ven en Eva Almunia a la próxima ministra de Cultura de un Gobierno “ideal” de Zapatero y celebra la confianza que “el aparato de Ferraz” (y José Blanco) depositan en nuestra Consejera. Y no son pocas las razones por las que creemos que, aunque hayamos mantenido nuestras discrepancias, es idóneo el nombramiento de Almunia como Ministra de España. Ahí van unas cuantas:

 

- El Prado necesita una reforma algo menos “sosa” que la llevada a cabo por Rafael Moneo. Almunia sabrá encontrar la manera de “perforar” el edificio de Villanueva, añadiendo un nivel de contemporaneidad a la incompleta arquitectura neoclásica. Dada la magnitud de la empresa, la intervención la habrá de realizar un arquitecto muy famoso. A poder ser, Le Corbusier.

- Los Fondos del Prado son demasiado reales. Es necesario un plan museográfico específico (que debería de encargarse a Gonzalo Borrás) para “virtualizar” el depósito artístico. Almunia posee la capacidad suficiente como para proponer una solución original e imaginativa, más allá de los aburridos límites burocráticos. Así como el Espacio Goya pretende enseñar a comprender “la ausencia de Goya”, el Prado podría convertirse en el mejor lugar del mundo para gozar de la ausencia de los fondos del Louvre.

- El Teatro Real pasaría a ser gestionado por la SGAE, de acuerdo con los principios básicos de economía y productividad. Se acabaron las polémicas operísticas en el gran escenario madrileño. Será un maravilloso “espacio” multifuncional y para todas las artes: pase de modelos, presentaciones de libros, disco-móvil, números de circo… El aspecto y la esencia del viejo teatro son demasiado elitistas, por lo que se plantearía una intervención que lo dejara con la platea al aire, conservando su nombre y su espíritu, por supuesto. Podría pensarse incluso en dejar una grúa en vigilia permanente, en un claro guiño metafórico que sólo pueden hacer personas con experiencia en rehabilitación (ya me entienden) de teatros.

- La Biblioteca Nacional tiene unos horarios demasiado generosos, que podrían justificar el último robo de documentos. Podría pensarse en introducir los horarios de las bibliotecas de Aragón (en las que Almunia tiene experiencia, o no). Cuanto más cerradas y seguras, mejor. En verano se aprovechará para cambiar anualmente las soleras del edificio. Debería de acabarse con la inercia corporativista (casi fundamentalista) de poner al frente de la institución a un literato o a un experto técnico del ramo. Para promover la fusión multirracial de las diversas corrientes literarias (en el marco de la Alianza de Civilizaciones) se propone para la dirección de la Biblioteca Nacional a Carmen París.

- El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía necesita de una política que sepa contextualizar-en-el-presente-estado -acumulado-del-pensamiento-la-obra-producida-por-el -arte-contemporáneo. Se impone la edición de infinitos catálogos analíticos del estado de la cuestión. Sería bueno que Almunia propusiera una dirección compartida para Chus Tudelilla y Concha Lomba.

- Se observa que la agitación producida por el Museo Nacional de Cerámica en pleno centro histórico de la ciudad de Valencia produce graves afecciones a la movilidad de la zona. Para mitigar este perverso efecto (y de acuerdo con los criterios de la movilidad sostenible) se nombraría director del Museo Nacional de Cerámica a Miguel Beltrán, poseedor de una cualificación sobradamente contrastada que permitirá aletargar suficientemente el entorno del museo previniendo de raíz las avalanchas de visitantes. Una vez convertidos en “invisitados” los ricos fondos del Museo, se preverá la firma con el Ministerio de la Vivienda y el de Asuntos Sociales de un convenio para su utilización social en el “alicatamiento” de las cocinas de los Minipisos de Protección Oficial, lo que redundará en el acercamiento de la juventud a nuestra rica cerámica histórica.

- Dada la improductividad de los entornos de los monumentos nacionales (más propia del antiguo régimen, hay que reconocerlo) Almunia es la persona idónea para proponer la urbanización del espacio en torno de la Alhambra, que se cederá a una empresa sin renunciar a su titularidad. Otra no lo haría. Se ampliará el parador nacional en un hotel de 5 estrellas (para atraer a un turismo de calidad, por supuesto) que se deberá situar en el palacio nazarí. Se convocará un concurso de méritos abierto a la participación de todos los arquitectos que se adjudicará a Pérez Latorre, para que proponga cubrir el patio de los Leones, reinterpretando el proyecto original para situar la sala de convites.

- Se suprimen las Orquestas Nacionales, por costosas y elitistas. Se entablarán las conversaciones necesarias con Kamela para que asuma ser el grupo residente del Auditorio Nacional, cuya programación quedaría bajo la dirección de Gabriel Sopeña.

- Se propondrá la gestión compartida con Damasco, en claro signo intercultural, de la Mezquita de Córdoba. La mezquita tendrá dos sedes. Una en Córdoba y otra que irá rotando (pero manteniendo-la-unidad-virtual-de-la-colección-real-en-el-seno-del -entendimiento-integrado-del-discurso-museológico-y-del-complejo -espacio-museográfico-contemporáneo) por las capitales de provincia. El Gobierno sirio correría con los costes.

- Se seguiría adelante con la ley de protección del patrimonio subacuático anunciada por Molina. Se estrechará la relación entre el patrimonio y el agua. Consecuentemente con todo ello, los fondos del Museo Nacional de Escultura serían depositados bajo las aguas, en el “fondo” del Acuario de la Ciudad de las Ciencias y de las Artes de Valencia, (racionalizando sedes, sobra la de Valladolid, y abaratando costes), en el transcurso de una gala de claro componente conceptual postmoderno (que podría ser retransmitida por la 2 de Televisión Española y por Televisión Española Internacional). El llaut “cardenal” de Rueda se echará al mar con un tesoro que habrán de buscar los chavales en campamentos organizados al efecto por Odissey para fomentar la pedagogía del arte subacuático. Paralelamente Se ordena la navegabilidad de todas las acequias del Reino. Los sillares de los puentes que se interpongan se cederán a la ciudad de Seseña, siempre sin renunciar a su titularidad, para dignificar las nuevas construcciones del Pocero.

- Se elaboraría un Plan Arqueológico racional y acorde a las posibilidades económicas de la Nación. De tal forma se aplicarán los llamados “criterios del Cabezo de La Muela”. Se conserva de cada yacimiento un tanto por ciento justo y el resto de espacio se cede a Fomento para ampliar la red de áreas de descanso de las autovías del Estado, en colaboración con la Dirección General de Tráfico. El dinero sobrante se utilizaría para una nueva señalización, diseñada en Barcelona, en que se utilizarían todas las lenguas oficiales del Estado.

- El Archivo Histórico Nacional está sumido en la apatía monótona del investigador. Ha de abrirse a la sociedad y proyectar-esa-imagen-del-pasado-en-el-presente-para-el-futuro. Almunia, aunando-tradición-y-modernidad, podría proponer un programa denominado “pizarrización digital del Archivo Histórico Nacional”, recogiendo la pionera experiencia educativa aragonesa consistente en cambiar el soporte de los apuntes de los niños, del papel a la pantalla. A cada investigador le sería entregada una pizarra virtual en que previamente se habría introducido toda la documentación digitalizada. De esta forma se lograrían diversos objetivos: el edificio de depósito de documentos se convertiría en edificio de depósito de pizarras y las toneladas de papel y pergamino antiguo serían entregadas a un vertedero selectivo, contribuyendo a un desarrollo sostenible, sostenido y sostenedor, diríamos más. Si se necesitase una nueva sede para el archivo, Almunia puede dar el do de pecho utilizando los 4 años de una legislatura para buscar un solar por el que, a poder ser, no pase un gaseoducto nacional…

- Se abaratarían los gastos corrientes del presupuesto ministerial. Todos los Patronatos Nacionales se reunirían para su constitución y nada más, no fuera a ser que algún Patrono se pusiera a aconsejar. Se implantaría el sofisticadísimo sistema tecnológico ya utilizado en Aragón: la mayoría de miembros de las Comisiones de Patrimonio son sustituidos por respectivos radiocasetes con el mensaje “vo-to-lo-queus-ted-quie-ra-se-ñor-direc-tor-gene-ral” que se acciona a discreción. De este modo se ahorra el Estado millones de euros en dietas, que se invierten en el patrocinio de la gala de los premios Goya.

- En el resto de campos no se haría nada. Para no agotar.

Y esto es sólo un botón de muestra. Las políticas culturales y patrimoniales llevadas a cabo en Aragón facultan a la señora Almunia para aspirar a los más altos cargos internacionales. De implantarse a niveles supraregionales, estamos convencidos de la revolución conceptual que iba a producirse. APUDEPA sólo puede plantear alguna humilde condición, para que su apoyo sea completo a la candidatura de Eva Almunia como Ministra del Gobierno de España: que se blinde la ley de incompatibilidades para que la ministra no pudiera ser consejera de Aragón y tuviera que vivir en el Ministerio; que (por favor, por favor) no denuncie indiscriminadamente a las asociaciones españolas y, sobre todo (Señor ten piedad) que se lleve a Madrid a Juan José Vázquez y a Isabel Teruel (“ex aequo”) como Secretarios de Estado del Deporte.

(PD: Hemos de pedir disculpas a Heraldo de Aragón, pues en un primer momento desde este Blog percibimos como un fallo la ausencia de Marcelino Iglesias en esta lista de gerifaltes aragoneses. Luego ya caímos en la cuenta de que era una “lista de personajes aragoneses influyentes en España”).

Ahora le toca a la Puerta del Carmen y Belloch mete la pata.

Ahora le toca a la Puerta del Carmen y Belloch mete la pata.

Esta ciudad no descansa ni deja descansar a nadie y menos ahora con las obras de la Expo. Que se lo digan a los vecinos del Portillo por las máquinas trabajando por la noche. Con el patrimonio cultural siempre hay que estar al acecho porque por un motivo o por otro casi siempre acaba nuestro patrimonio arquitectónico malparado. Es una evidencia palpable que la arquitectura civil está saliendo muy mal parada. Lo hemos estado comprobando este verano en todo Aragón y con ocasión de las múltiples obras que se están llevando a cabo en las riberas del Ebro.

Ahora le toca a la Puerta del Carmen, por causa de la red del riego, escribe El Periódico de Aragón . Allí el blog de Apudepa escribía entre los comentarios, "estas cosas pasan, y pasarán, por no existir una auténtica presencia pluridisciplinar de profesionales expertos en la conservación y mantenimiento del patrimonio histórico. Además ya se sabe que el agua es temible para la conservación del patrimonio arquitectónico y más si es un monumento". Esta Puerta del Carmen es representativa del ideal estético que Francisco Sabatini impuso en Madrid en la corte del rey Borbón Carlos III.

Este monumento, histórico artístico, que pertenece a la memoria de los Sitios de Zaragoza, es proyecto ni más ni menos que de Agustín Sanz, nuestro más aventajado arquitecto aragonés del siglo XVIII, de la escuela de Ventura Rodríguez, académico, y representante en Aragón, de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. El que quiera pasear un poco y ver el alcance de su valía puede ver otra obra suya admirable cerca de Zaragoza, en Épila, valle del Jalón, allí está plantada en lo alto de un cabezo su magnífica y académica iglesia parroquial, próxima al palacio del X Conde de Aranda. Como escuché hace pocos días a un joven licenciado de historia del arte, "ahora parece que me he trasladado a Roma".

Declaraciones del alcalde Belloch en Heraldo de Aragón , 20/9/2007

EL ALCALDE ASEGURA QUE SE HAN ADOPTADO LAS MEDIDAS NECESARIAS PARA ESTE MONUMENTO ZARAGOZANO “DE ESCASO VALOR PATRIMONIAL PERO ALTÍSIMO VALOR HISTÓRICO Y CULTURAL”

Cuando ayer día 20 habíamos escrito este artículo, leímos a continuación en Heraldo de Aragón las declaraciones del alcalde Belloch. Esta Asociación entiende que el alcalde no tiene por qué entender de historia del arte, ni tener sensibilidad artística, hasta ahí todo pase, pero a un alcalde sí hay que exigirle buenos asesores para que no diga lo que no tiene que decir porque lo que ha dicho es una barbaridad. Vamos a ver si se lo explicamos y se entera el Sr. Alcalde. Si una construcción es de alto valor histórico y cultural tiene por definición valor patrimonial, sencillamente porque el “valor histórico” es uno de los pilares en lo que se fundamenta el patrimonio. La puerta del Carmen es BIC, tiene la categoría de monumento, por lo que su opinión personal puede guardársela para la peña de amigos pero haga el favor de no hacer una declaración pública en contra de la catalogación oficial, incluida la de su propio Ayuntamiento. A nosotros, en cualquier caso, nos deja los ojos a chiribitas que un ex Ministro de Justicia diga estas tonterías. ¿No ha tenido el gusto de leerse la Ley de Patrimonio Histórico Español?

¡SALUD Y LARGA VIDA PUERTA DEL CARMEN EN TU DENOSTADO BARRIO HISTÓRICO!