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Vandalismo urbano

Vandalismo urbano

Nuestro compañero, Carlos Bitrián, nos deleita hoy con un artículo de opinión de rabiosa actualidad,  "VANDALISMO URBANO" pero va más allá, nos desentraña el verdadero vandalismo. Heraldo de Aragón, martes 5 de mayo de 2009.

 

El inicio de los trabajos parlamentarios sobre la Ley de Urbanismo de Aragón (LUA) ha coincidido en el tiempo con el debate de las medidas contra el vandalismo urbano: quema de contenedores, pintadas, maltrato del mobiliario. Mientras estas deplorables manifestaciones vandálicas concitan la condena unánime, la ciudad asume discretamente otro vandalismo. El de los convenios urbanísticos, las modificaciones “a la carta” del Plan General, la expansión incontrolada, el acoso inmobiliario, los desalojos masivos y la degradación de la vivienda. El debate sobre la videovigilancia de las calles se intensifica a la vez que se silencia el que ha de dar lugar a la nueva Ley de Urbanismo.

 

Con el fin último de enriquecer a una minoría y acomodar a no pocos intermediarios, los poderes políticos y económicos han fomentado en las últimas décadas un modelo urbanístico que (en un medio de corrupción normalizada) ha encarecido escandalosamente la vivienda aumentando la deuda familiar, ha imposibilitado un sistema laboral sólido y justo, ha degradado el medio y su riqueza natural y cultural y ha perjudicado, en definitiva, a la gran mayoría de ciudadanos.

 

Los datos oficiales avalan la constatación de la desmesura urbanística española. El Observatorio de la Sostenibilidad concluyó en 2006 que del total de la superficie española construida en la historia, un 25% lo ha sido en los últimos 30 años. En este periodo, España se ha situado a la cabeza de las listas europeas de viviendas por mil habitantes pero también de gasto familiar en vivienda, que ha pasado de un 15% del total a más de un 30%.

 

El problema se ha agravado en los últimos años, tras la reforma liberalizadora del suelo. Si en 2001 había 51 viviendas por cada 100 personas, desde ese año a 2007 se han construido 84 por cada 100 nuevos habitantes. El Gobierno reconoce que se han construido 300 000 casas más de las necesarias cada año y que el número de viviendas nuevas todavía sin vender ronda el millón. El 31,5 % de las viviendas (datos de 2007) son secundarias y más de 3 000 000 están permanentemente vacías (Informe FUNCAS, 2005).

 

Como única solución a uno de los mayores problemas de España (el urbanismo, el territorio y la vivienda) los poderes públicos proponen la construcción de más casas. El Proyecto de LUA que tramitan las Cortes a propuesta de la Diputación General se aferra a los viejos vicios y aún los agrava. Ahonda en la gestión indirecta del suelo, mediante sociedades urbanísticas como las que han dado lugar a casos tan tristes como los de La Muela o Mallén. Introduce en la legislación aragonesa figuras inspiradas en el “agente urbanizador” valenciano, cuya derogación ha sido oficialmente solicitada por el Parlamento Europeo (informe Auken) por burlar los derechos inherentes a la pequeña propiedad, en beneficio de la inversión especulativa. Ampara la presión de la promoción inmobiliaria sobre el suelo y la fomenta, propiciando un mayor grado de indefensión general ante los abusos urbanísticos. Y convierte a la Diputación General en juez y parte, ampliando sus poderes más allá de lo razonable, previendo quizá la necesidad de su concurso en recalificaciones sospechosas como las que ahora se plantean contra la huerta de Las Fuentes.

 

En el punto en que podrían establecerse unas nuevas políticas urbanas y de vivienda, el de la exigencia a los propietarios de los deberes elementales de conservación y mantenimiento del patrimonio inmobiliario, el proyecto hereda la tibieza con la que se ha tolerado tradicionalmente el abandono vandálico (véanse los ejemplos recientes del número 5 de la calle Moneva, la Torre Clavero o el Café Madrid). Desaprovecha la oportunidad de tomar medidas eficaces contra estas afrentas urbanas (máxime cuando son interesadas), por ejemplo penalizando el abandono de solares e inmuebles con su expropiación y consecuente adscripción al patrimonio público de suelo en régimen de alquiler asequible, asegurando la salud del parque edificado, promoviendo la rehabilitación e interviniendo así en el mercado sin necesidad de fomentar nuevas construcciones y ventas del suelo público. Cuestión esta última relacionada íntimamente con la financiación municipal, que sigue sin abordarse en profundidad.

 

Frente al espíritu de este proyecto, cabe reivindicar un urbanismo racionalmente planificado por órganos ampliamente participados y verdaderamente independientes, al servicio estricto del interés general de los ciudadanos. Una nueva cultura del suelo (y con ella nuevos modelos económicos basados en la conservación) que lo despoje de su carácter de bien principal de negocio, carácter que resulta lesivo para la calidad de vida, la justicia social y el mantenimiento del medio ambiente y del patrimonio cultural.

 

Pero el proyecto de LUA parece preparar el cimiento legal que (si el suelo resiste) pueda dar lugar, en el escenario de una recuperación económica, a otra nueva acometida del mismo modelo desarrollista español de origen franquista. Habrá que vigilar las calles.

“El com, el pedrís, la pleta: sobre el lugar pirenaico” por Rosa Bertran

“El com, el pedrís, la pleta: sobre el lugar pirenaico” por Rosa Bertran

Lugar de Reguard, perteneciente al municipio de Senterada (Pallars Jussá). Mayo 2009. Fotografía de Rosa Bertran. APUDEPA tiene el gusto de presentar este artículo de Rosa Bertran, joven arquitecta por la Universidad Politécnica de Cataluña, en relación con la situación actual de muchos lugares del Pirineo y del Alto Pirineo catalán en concreto.

 

Com: (catalán) recipiente de piedra o madera utilizado para dar de beber o comer a animales o como lavamanos.

Pedrís: (catalán) Banco de piedra o de ladrillo.

Pleta: (catalán) Lugar cerrado donde se guarda el ganado que pasta en el campo o en la montaña.

Ningún territorio catalán está siendo tratado con tanta irresponsabilidad y desconocimiento como las comarcas del Alto Pirineo y Arán.

La destrucción del paisaje, como consecuencia de la construcción indiscriminada de los últimos años en la costa, nos debería haber servido de lección para que no se volviera a producir en la montaña.

Hasta hace poco, las comarcas de montaña, habían quedado al margen de la construcción sin criterio. Ahora, debido a la inviabilidad económica de nuevas promociones en zonas más explotadas, a la permisividad (o inexistencia) de instrumentos de planificación urbanística y a esa nueva tendencia llamada ecoturismo, estos territorios ya se ven amenazados por ella.

En este artículo, nos centraremos en una zona donde la situación es particularmente grave, la comarca del Pallars Jussà, donde el turismo es aún un fenómeno relativamente nuevo y que debe convivir con una tradición agrícola y ganadera muy arraigada. Sin embargo, la transformación que allí ocurre puede encontrarse en otras zonas rurales del Pirineo catalán y aragonés.

El Pallars Jussà, está regulado mediante el Plan Territorial Parcial del Alto Pirineo y Arán, aprobado definitivamente por el Gobierno de Cataluña el 25 de julio del 2006. Su ámbito de aplicación son las comarcas de la Alta Ribagorza, Valle de Arán, Pallars Jussà, Pallars Sobirà, Alto Urgell y la Cerdaña. Este, establece la necesidad de un equilibrio territorial que sitúe el índice de población alrededor del 7,00% el año 2020 (la tendencia actual es del 4,00%) y define como estrategia fundamental el aprovechamiento de los potenciales endógenos.

La comarca en que nos centramos no dispone de un Plan Director Urbanístico que regule qué forma tomará ese reequilibrio. A escala municipal, excepto Tremp, el único instrumento que existe es una delimitación de suelo. Parece ser que este documento está actualmente en proceso de elaboración.

Sin embargo, si tomamos como referencia el documento análogo al Pallars Sobirà, aprobado provisionalmente en agosto del 2008, no podemos ser demasiado optimistas: el Plan, aunque bienintencionado, está cargado de definiciones genéricas y pocas regulaciones concretas, lo cuál lo convierte en un documento inocuo.

Este documento parece haber tenido muy poco en cuenta la red de pequeños núcleos diseminados, los cuales constituyen una parte fundamental del patrimonio histórico y paisajístico y que, vinculados a centros de servicios como Sort, la Pobla de Segur o Tremp, han construido la estructura nodal de la comarca. Aldeas que actualmente están condenadas al abandono o a su desfiguración mediante segundas residencias u hoteles de nueva planta.

Gran parte de las aldeas del Pallars Jussà no disponen de las infraestructuras mínimas: redes de abastecimiento obsoletas, teléfono en función de móviles personales o alumbrado insuficiente, con el agravio de tener que caminar por suelos de sotos y zarzales. Las que han tenido más suerte y están siendo dotadas hoy de la pavimentación y alumbrado de sus calles, ven como vallas y bancos estandarizados sustituyen al com, el pedrís i la pleta, testimonios de los modos de vivir ancestrales.

Incluso así, todos ellos tienen ingredientes para acoger un turismo de baja intensidad. Porque se han implantado allí donde el territorio ofrecía condiciones más apropiadas: asoleo, tierras fértiles y manantiales de agua. Porque la protección frente a la dureza del clima se resuelve con muy poco: materiales del lugar y técnicas locales. Y porque a pesar de la escasez de equipamientos, el espacio público existe y se usa.

Estos lugares, históricamente más favorecidos por la naturaleza y la casualidad que por sus gobernantes, tienen sentido de unidad… sentido de unidad que falta hoy en muchos de los nuevos barrios y los nuevos poblados, donde espera a las nuevas generaciones vidas alienadas.

Por ello, en este momento en que están por definir las trazas que regularán a escala urbanística la comarca, es necesario más que nunca tener en cuenta esta red de municipios y aldeas.

Volviendo al objetivo de equilibrio económico que se reclama desde el Departamento de Política Territorial y Obras Públicas de la Generalitat, ¿Somos capaces de llegar a él con el planteamiento actual? ¿Es posible exigir a los municipios que velen por favorecer la segunda residencia de reutilización si su mayor fuente de ingresos son las licencias de obra? ¿Podemos cuestionar sus actuaciones si no disponemos de un documento que concrete lo que para nosotros es sentido común? O algo aún más inquietante: cuando se haya destruido el patrimonio, ¿Qué atractivo tendrá la zona? ¿Qué herramienta nos quedará para activar su economía?

Por todo lo expuesto, de acuerdo con el criterio de APUDEPA en relación con el desarrollo sostenible del medio rural, sería bueno:

-          La elaboración de un catálogo de núcleos rurales protegidos (ampliando la tendencia actual al inventario de edificaciones protegidas).

-          Actualización de los límites de los espacios naturales protegidos.

-          La redacción de un Plan Director Urbanístico para el Pallars Jussà exhaustivo y concreto (así como también la redacción de cuantos planes derivados sean necesarios para esta y otras zonas del Alto Pirineo y Arán), que se centre en la preservación de los potenciales endógenos y su explotación razonable.

-          La mejora urbana de estos núcleos para dotarlos de servicios de habitabilidad mínimos pero respetando su sentido de unidad.

-          Intolerancia administrativa ante la construcción sin permiso, sea cuál sea la calificación o propiedad del suelo afectado.

-          La intervención de las administraciones responsables en las decisiones de ámbito municipal, introduciendo criterios patrimoniales y ambientales.

Barcelona, mayo de 2009

 

 

 

La arquitectura como espectáculo

La arquitectura como espectáculo

Aunque un poco manido, el tema de la relación de la arquitectura actual (y de la sociedad) con el espectáculo no carece de interés. El diario “El País” publica en su edición de 3 de mayo de 2009 un interesante artículo de Mario Vargas Llosa al respecto. Bueno sería que quienes tienen en sus manos el diseño del Espacio Goya tuvieran bien presentes estas palabras. Pero muchos nos tememos que es pedir peras al olmo.

Visitar en una misma semana dos grandes museos europeos en busca de testimonios de las culturas del Congo y de la Amazonia puede deparar al visitante insospechadas lecciones sobre la civilización de nuestro tiempo y la manera como en ella, sin que nadie lo pretendiera ni a menudo lo advirtiera, se ha ido produciendo esa sustitución del fondo por la forma -del contenido por el continente- que, en el pasado remoto, sólo era concebible mediante la magia, el pacto satánico o el milagro. Entre nosotros, los responsables del prodigio no parecen haber sido magos, diablos ni santos sino el narcisismo y la frivolidad.

El Real Museo de África Central está en Tervuren, a unos 15 kilómetros de Bruselas, en un parque de sueño, rodeado de bosques que en esta mañana primaveral hierven de verdura y de cantos y vuelos de pájaros multicolores. Al pie del edificio hay una laguna circular y estanques artificiales, donde, en la Exposición Universal de 1897, Leopoldo II exhibió congoleses de carne y hueso de su vasto dominio africano con sus cabañas, tatuajes, lanzas y tambores: fueron el atractivo estrella del evento pero nueve de ellos no resistieron el clima y murieron de pulmonía.

El soberano belga -ahí está su estatua de figura imponente y las inevitables barbas rastrilladas- quería que este museo diera una impresión de poderío y orgullo perfectamente justificados (¿no era propietario del Congo, riquísimo dominio 97 veces más grande que su propio país?) y encargó su construcción al arquitecto francés Charles Girault, que había diseñado el Petit Palais de París. El resultado fue versallesco, monumental y bellísimo, aunque el paso del tiempo y los avatares de la historia hayan infligido ahora a este presuntuoso local una connotación un tanto kitsch.

Me dicen que, pese a su enormidad, el museo exhibe sólo un 10% de sus existencias. Aun así, lo que muestran sus vitrinas y salas es muchísimo y está expuesto con inteligencia y gusto. Las notas y paneles son instructivas y la riqueza de la colección de máscaras, armas, instrumentos musicales, utensilios, atuendos, tocados y hasta la gigantesca piragua socavada en un tronco de árbol donde caben un centenar de remeros dan una idea soberbia de la variedad de las culturas centroafricanas. El amigo que me acompaña, que es historiador y ha investigado en los archivos del museo, me asegura que su colección de libros y documentos es la más rica que existe en el mundo sobre el África Central.

Una cosa que sorprende, sobre todo recorriendo los pabellones que rememoran las etapas en que el Congo fue posesión personal de Leopoldo II (1885-1908) y colonia del Estado belga (1908-1960) es que, a diferencia de otros museos europeos donde las antiguas potencias colonizadoras han borrado las huellas de la colonización, avergonzadas de su etapa imperialista, en este museo la vieja creencia en la misión civilizadora y emancipadora de la Europa que conquistaba países lejanos está todavía presente, sin disimulos ni complejos. Hay alusiones al canibalismo y al tráfico de esclavos que practicaban los árabes de Zanzíbar, plagas de las que los belgas habrían librado a los congoleses y fotos de misioneros predicando el Evangelio a masas de africanos desnudos, apiñados y arrodillados. Es verdad que se ven algunas manos cortadas y espaldas flageladas, pero, también, las "acciones heroicas" de la Force Publique reprimiendo los intentos de rebelión de los nativos. Ni una sola referencia, claro está, a los 10 millones de congoleses que, según el historiador Adam Hochschild, habrían perecido a causa de los malos tratos y la explotación en las caucherías y las minas.

Pero no es esto lo que, a lo largo de las dos horas y media que dura la visita, me distrae todo el tiempo y me impide aprovechar como quisiera la formidable diversidad de objetos que atestan las vitrinas. Sino que el museo, a la vez que los exhibe, se exhibe demasiado a sí mismo. Sus cúpulas, vitrales, molduras, arañas, cortinajes, espejos biselados, están continuamente interponiéndose con descaro entre el visitante y lo que, en teoría, es la razón de ser del edificio: revelar la realidad histórica, geográfica, cultural y etnológica centroafricana. No hay que culpar de este exhibicionismo intruso sólo al arquitecto Girault: éste obedecía instrucciones de su patrón, un rey mesiánico y megalómano que, a través de este museo, quería promocionar su obra y lucirse ante la posteridad. Pero, al mismo tiempo y sin saberlo, quien diseñó el Petit Palais y el Museo Real para África Central inauguraba una tendencia de la sensibilidad y los valores estéticos que a lo ancho y lo largo de Europa occidental empujaba ya a los artistas a ser protagonistas de sus propias obras, desnaturalizando de este modo aquella antiquísima vocación del arte y la cultura que quería que el creador desapareciese detrás de su obra para que ésta resplandeciera mejor y con brillo propio. Era sólo el comienzo de una evolución de la que, al cabo de unas décadas, resultaría esa más que curiosa innovación: la de que cada obra arquitectónica, por ejemplo, pasara en muchos casos a ser poco menos que un autorretrato, una arquitectura de autor, un arte exhibicionista y narciso en el que los museos, al igual que los ministerios, los puentes y hasta las plazas, tendrían la función principalísima de llamar la atención no sobre lo que hospedan sus salones o aquello para lo que se supone fueron construidos, sino sobre sí mismos y sobre la inventiva y audacia de sus creadores.

Para comprobarlo hay que darse una vuelta por el Museo de las Primeras Artes y Civilizaciones de África, Asia, Oceanía y de las Américas, como se llama el museo del Quai Branly, de París. Se iba a llamar de las Artes Primitivas, pero la corrección política atajó a tiempo esa denominación "etnocentrista". Con este museo, el presidente Jacques Chirac quiso inmortalizar su memoria, así como Pompidou inmortalizó la suya con el museo que lleva su nombre y Mitterrand con la singular Biblioteca Nacional cuyos cuatro edificios semejan cuatro libros abiertos y de pie y cuya mayor originalidad consiste en que las salas de lecturas están en los sótanos y los libros en las alturas, protegidos por costosas gelatinas de la destructora luz solar. Pero, a diferencia de éstos tres últimos, Chirac no consiguió del todo su anhelo de perennidad museística porque al único personaje que inmortaliza el Museo del Quai Branly es a quien lo concibió, el arquitecto Jean Nouvel, el más moderno de todos los arquitectos modernos, pues cada una de sus obras es siempre un extraordinario espectáculo.

En el Museo del Quai Branly, Jean Nouvel se supera a sí mismo en la marca personal que ha dejado impresa en el edificio y que va mucho más allá de la que aparece en otras afamadas concepciones suyas como el Instituto del Mundo Árabe en París, la Torre Agbar de Barcelona o la ampliación del Museo Reina Sofía de Madrid. Sin exageración alguna, del Museo del Quai Branly puede decirse que si extrajeran de él las 3.500 piezas etnológicas y artísticas, el local no perdería nada, porque para lo que él muestra y representa, su contenido es indiferente y acaso esté de más. Pese a las minuciosas explicaciones y justificaciones de su catálogo, la verdad es que este bello monumento -lo es, sin duda- acapara de tal modo la atención del visitante con su largo y sinuoso corredor sombreado, la floresta artificial que lo abraza, sus laberínticas salas casi a oscuras en las que echan como llamaradas de luz los nichos, hornacinas o alvéolos de las esquinas donde se exhiben los objetos que éstos se esfuman, desaparecen, convertidos en detalles prescindibles, arrollados por el espectacular entorno que, con sus audacias, sorpresas, guiños, disfuerzos, coqueterías y desplantes, absorbe de tal modo al espectador que no le da tiempo ni libertad para disfrutar de otra cosa que de la representación que es el museo en sí mismo.

Los buenos museos son, como los buenos mayordomos, invisibles. Existen sólo para dar relieve, presencia y atractivo a lo que exhiben, no para exhibirse a sí mismos y apabullar con su histrionismo a los cuadros, esculturas, instalaciones u objetos que albergan. ¿Pruebas? Todavía quedan algunas, reminiscencias de un pasado en vías de extinción. Por ejemplo, los dos museos de arte moderno de Renzo Piano que conozco: el que diseñó para la colección Du Menil, en Houston, y el museo de arte moderno de la Fundación Bayeler, en Suiza. En ambos, los limpios espacios, la atmósfera serena y sigilosa que fomenta la sencillez del diseño y la discreción de los materiales permiten al visitante concentrarse en las obras y entablar con ellas ese silencioso diálogo en que el buen arte habla y enseña y el espectador escucha, goza y aprende. Renzo Piano debe ser uno de los últimos grandes arquitectos que todavía creen que los museos están al servicio de los cuadros y esculturas y no éstos al servicio del museo y su progenitor.

© Mario Vargas Llosa, 2009 © Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2009.

 

 

Mañana 3 de mayo: Concentración de repulsa por la destrucción del yacimiento arqueológico de la cueva de Chaves, Huesca.

Mañana 3 de mayo: Concentración de repulsa por la destrucción del yacimiento arqueológico de la cueva de Chaves, Huesca.

Convocatoria realizada desde la Federación Aragonesa de Montaña, Federación Aragonesa de Espeleología, Amigos del Museo de Huesca, APUDEPA y Ecologistas en Acción. La F.A.M. a través del CODENA fletará un autobús que saldrá de Zaragoza a las 10:00 a.m. (Edificio del Paraninfo Universitario), y parará en Huesca a las 11:00 a.m. si hay algún inscrito (parking Eroski). El precio para los no federados es de 3,00 €, para los federados es gratuito. Tfno. 976-227971 E-mail: fam@fam.es

En marzo un sentimiento de indignación se extendía como una nube de la que brotaba la triste noticia. El yacimiento del Neolítico de la Cueva de Chaves, el más importante de toda la península junto al de Or (Valencia) había sido literalmente arrasado. La incredulidad dio paso a la rabia y a la pregunta ¿porqué una empresa (FIMBAS, S.A) era capaz de destruir este yacimiento consciente totalmente de lo que estaba haciendo?

Un mes después, más allá del envío de un informe de la Dirección General dePatrimonio Cultural del Gobierno de Aragón a la fiscalía para que iniciara las correspondientes diligencias, no se ha producido ninguna respuesta políticaconocida públicamente. Todas las instituciones callan.

Las organizaciones: Federación Aragonesa de Montaña, Federación Aragonesa de Espeleología, Amigos del Museo de Huesca, APUDEPA y Ecologistas en Acción consideramos que se deben dar respuestas contundentes ante esta barbarie que ha destruido una fuente de conocimiento incalculable del pasado en el presente. Cualquiera que haya pasado una tarde visitando el Museo Arqueológico Provincial de Huesca es consciente de lo que la cueva de Chaves representaba en el patrimonio cultural de Aragón y de todo el Estado Español, por no hablar de las múltiples publicaciones existentes.

Como primer paso para que este hecho no quede en el olvido, Federación Aragonesa de Montaña, Federación Aragonesa de Espeleología, Amigos del Museo de Huesca, APUDEPA y Ecologistas en Acción te invitamos a participar en una concentración el domingo 3 de mayo, a las 12 horas en el espacio público de la localidad de Bastaras (junto a la fuente), con el objetivo de mostrar nuestra repulsa a la destrucción del yacimiento de la cueva de Chaves, pedir responsabilidades y exigir a las administraciones que actúen con la Ley contra los que destruyen nuestro patrimonio. Igualmente, invitamos a todos los colectivos que lo deseen a hacer suya esta convocatoria y se adhieran a la misma.

Ampliación de información 3 de mayo

                                                                                                   ¡¡¡¡TE ESPERAMOS¡¡¡¡

 

1 de Mayo: huellas jacobeas en Zaragoza

1 de Mayo:  huellas jacobeas en Zaragoza

Iglesia de Santiago Apósotol de Zaragoza. Foto Apudepa.

He salido sin saber bien el rumbo que iba a tomar  pero pronto me decidí pasar por la iglesia de Santiago, antigua de  San Idelfonso de padres dominicos. Necesitaba solicitar un permiso al párroco. Buscaba “huellas” del apóstol y las encontré, claro que las encontré, dado que esta iglesia barroca del siglo XVII heredó el ajuar del templo  románico que llevaba su nombre y  que acabó derribándose en la calle homónima,  esquina con D. Jaime o San Gil. No sé si saben que en Apudepa trabajamos por  la recuperación del camino jacobeo del Ebro y formamos parte de la asociación AJEBRO (Asociación Jacobea del Ebro).

Me ha gustado mucho el templo. Lo he disfrutado. Restaurado en su interior no hace mucho tiempo, me ha encantado el ambiente que se le ha logrado dar al recinto obviando la excesiva suciedad propia del paso del tiempo pero alcanzando ese equilibrio sabio de una restauración sutil y tenue, compromiso equilibrado entre el pasado y el presente. La luz del mediodía facilita la comprensión del espacio.

La intervención no era fácil, no, porque no era solo una cuestión de recuperar superficies lisas de paramentos y bóvedas, sino también yeserías, algunas policromadas, y frescos que aparecieron en la restauración tras las capas de pinturas. El restaurador, y artista, Vicente Gómez, de Híjar, que también acaba de restaurar muy bien la capilla de las Heroínas de Zaragoza en la iglesia del Portillo,  se encargó de  todo ello hace cosa de unos tres años. Les sugiero una visita porque les gustará esa sinfonía rotunda de yeserías barrocas y formas vegetales y mudejarizantes, localizadas a una altura que impresionan y  unos frescos de tonos apastelados  recuperados entre pilares y bocas de capilla. Una delicia para la vista. No se lo pierdan, la iglesia está abierta muchas horas al día y uno puede deambular sin que moleste a nadie.

Bellísima una virgen gótica policromada que está en el crucero, a la izquierda, mirando hacia el altar, es de gran tamaño y material probablemente piedra o mármol. El párroco me ha “confirmado” que es la Nª Sª del Pilar porque está sobre una columna, presidiendo su retablo,  pero personalmente no creo que esa sea su devoción de origen porque no corresponde a ninguna de las dos iconografías que la del Pilar mantuvo hasta más o menos 1600, es decir, una responde a la imagen  de la Santa Capilla y la otra también lleva Niño y se apoya sobre la columna pero no tiene manto acampanado que la cubra y otra diferencia es el brazo  derecho extendido y hacia abajo como si quisiera señalar  la columna.

De ésta última conocemos algunoas figuras  del siglo XVI y hoy he tenido la suerte de ver en la sacristía de este templo un ejemplar, para restaurar, con  esta segunda iconografía que les acabo de comentar, acompañada por ángeles músicos, el apóstol Santiago y los Convertidos. Es un tema apasionante que aquí debería generar debate.

En la capilla siguiente está la que yo pensaba es la imagen de la Virgen del Pilar, al estilo de la de la Santa Capilla, pero con el faldón muy subido como Arturo Ansón nos contó en la iglesia de Bureta que  se exponían hasta mediados del siglo XVIII cuando el arquitecto Ventura Rodríguez decidió bajarle el manto. El párroco me ha dicho que no, que es la de Sancho Abarca de Tauste, así que ya ven que desencuentros tan “divinos” como apasionantes así que no les extrañará que les diga que  ahora me entran ganas de ir a Tauste, Cinco Villas,  al santuario que lleva su nombre para averiguar por qué son tan parecidas.

Y acabo. Dice una Guía de Zaragoza de 1860 que “esta iglesia posee el báculo que, se cree trajo el apóstol y era su apoyo en la peregrinación: es una pértiga de hierro, de unos doce palmas,forrada de plata, con su contera del mismo metal”. Era lo que al principio es dije que iba buscando: las huellas del apóstol.  El lunes he quedado con el rector de la iglesia y la fotografío. A mediados de mayo pienso acercarme a Tarragona a una reunión de estudios jacobeos. Les voy a mostrar las huellas... ¿no es divertido y apasionane?

 

 

 

 

Más sobre la recalificación de la Huerta de las Fuentes

Más sobre la recalificación de la Huerta de las Fuentes

 

Espacio de huerta en las Fuentes. Foto Apudepa 2009. Las operaciones para la recalificación de la Huerta de las Fuentes, maravilloso lugar para el solaz de Zaragoza y la producción de alimentos, está generando un intenso debate en el que participan un buen número de profesionales. Interesante es la opinión de José Fariña, Catedrático de Urbanística y Ordenación del Territorio en la Universidad Politécnica de Madrid.

 

El derribo de la torre de Clavero en Movera o la pérdida de identidad

El derribo de la torre de Clavero en Movera o la pérdida de identidad

 El sino de la  Torre de Clavero en Movera  o la historia repetida de una política desvinculada a la cultura del territorio

Esta asociación  reclama a la administración que actúe con urgencia para ampliar el catálogo en todas las zonas periurbanas de Zaragoza

Información de  Heraldo de Aragón.  artículo de Mariano García (enlace 25/IV/ 2009).

Apudepa lamenta una vez más  otra pérdida significativa, e irreversible,  del patrimonio aragonés, una excepcional arquitectura civil ubicada  en la huerta de Movera que por su  antigüedad,  la singularidad de su torre y  su carácter mudéjar y campestre  hacen si cabe más lamentable su pérdida. El sino de la  Torre de Clavero en Movera  responde a una maniobra de la propiedad que cuenta con la connivencia de una política diaria  desvinculada a una cultura del territorio acorde a la legislación vigente.

Apudepa ya  solicitó hace años la necesidad de revisar el catálogo arquitectónico del Ayuntamiento de Zaragoza, actuación que en efecto se llevó a cabo sin contar con la asociación. Las pruebas remiten que no se hizo completa y es a todas luces  necesario que los barrios rurales deben de gozar de la  protección de su patrimonio en paridad con la ciudad.

Esta asociación se pregunta si a estas alturas todavía falta mentalidad para entender que la arquitectura rural, esté donde esté, debe de contar con la protección justa que necesita y que dada la amplitud de concepto de esta materia es más necesaria que nunca la  exigencia de equipos de expertos interdisciplinares en la consecución de los inventarios y catálogos y en la composición de las  comisiones de especialistas.

Apudepa viene advirtiendo desde hace tiempo que la arquitectura civil aragonesa, monumental y rural, está en peligro como consecuencia de la ausencia de conciencia entre los ciudadanos de la importancia de la misma, la sordera e  inoperancia de la administración ensimismada a menudo en unos objetivos poco desviados de los auténticos intereses de la sociedad  y también en la atroz  especulación urbanística que ve en estos hechos mayor oportunidad del gran negocio del suelo a costa del bienestar e identidad aragonesa.

La pérdida de estos edificios campestres va en paralelo a un desarrollismo sin sentido. No nos pasa desapercibido que el núcleo más antiguo de la torre Clavero en Movera, ya todo él escombros, es al parecer propiedad de una inmobiliaria, todo a tono con el carácter especulador que ejercen parte de algunos profesionales de la construcción en connivencia con políticos sin escrúpulos, tal y como se está demostrando  en los últimos  meses.

En consecuencia, el ayuntamiento de Zaragoza está obligado moralmente a recabar información sobre qué “se cayó” en origen y qué circunstancias mediaron para que se derribase toda la torre de Clavero. Quede bien claro que estamos hablando de una arquitectura de alto  interés y como tal de un derecho constitucional al que algunos no estamos dispuestos a renunciar aunque unos pocos con poder  intenten burlarlos.  

Apudepa exige  a la administración que actúe con urgencia para ampliar el catálogo en todas las zonas periurbanas de Zaragoza atendiendo especialmente a la arquitectura civil tanto de edificios monumentales, entre las que se podrían considerar todas las torres de campo antiguas que se conservan, empezando por la conocida e histórica torre de Santa Engracia, también en Movera y en lamentable estado según recoge Heraldo,  y en paralelo el inventario y catalogación de la denominada arquitectura menor, o “arquitectura sin arquitectos”, es decir,  tipologías rurales diversas y de interés que debemos de preservar con urgencia, antes de que sea definitivamente tarde.

                                                                       Zaragoza 25 de abril, 2009

                                                                                 APUDEPA

 

Mariví alcaldesa de la Muela

Mariví alcaldesa de la Muela

 1.236 euros sú nómina de alcaldesa

¿Quién será el próximo?

Sus caprichos