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Denuncias

APUDEPA exige la conservación de la catalogada Casa de San Bartolomé en Borja (s.XVI), pide la declaración de Bien de Interés Cultural y anuncia que, de producirse, llevará a los tribunales su derribo

APUDEPA exige la conservación de la catalogada Casa de San Bartolomé en Borja (s.XVI), pide la declaración de Bien de Interés Cultural y anuncia que, de producirse, llevará a los tribunales su derribo

San Bartolomé. Borja. Foto Heraldo de Aragón

La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA, ha conocido el ominoso acuerdo de la Comisión Provincial de Patrimonio Cultural, amparado por la Dirección General y por el Ayuntamiento de Borja, por el que se aprueba el derribo del inmueble gótico-renacentista conocido como Casa de San Bartolomé en la ciudad de Borja, catalogado por el Plan General de Ordenación Urbana.

Tal derribo atenta no solamente contra el patrimonio cultural aragonés sino también contra la legislación, puesto que el Centro Histórico de Borja goza de la protección que otorga la Ley a los Bienes de Interés Cultural. La Casa, además, posee la consideración de Bien Censado del Patrimonio Cultural Aragonés.

El edificio se encuentra situado en el casco histórico de la ciudad de Borja, presentando un gran interés para el conocimiento y el estudio de su urbanismo y su tejido constructivo histórico. La Casa Parroquial de San Bartolomé es una casona que remonta sus orígenes al menos al siglo XVI, plenamente representativa de la gran arquitectura aragonesa. Es una de las muestras más interesantes de la arquitectura y la construcción de la ciudad y, en palabras de la historiadora del arte Concepción Lomba, “el monumento más bello de aquellos que, construidos en el siglo XVI, presentan todavía claras pervivencias góticas” (tesina sobre la arquitectura civil en Borja). Se trata de un edificio en ladrillo rematado por una bellísima galería de arquillos conopiales.  

 La actuación de las administraciones implicadas en el caso produce vergüenza a esta Asociación. Por ello, APUDEPA ha decidido exigir formalmente la conservación del inmueble y solicitar su catalogación como Bien de INterés Cultural mediante instancia oficial.

Asimismo, APUDEPA ha anunciado que, si el derribo finalmente se produce, será denunciado ante los Tribunales de Justicia.

APUDEPA, 16 de noviembre de 2009

APUDEPA denuncia otro retraso escandaloso con el Teatro Fleta

La Diputación General anunció que en septiembre estaría ya convocado el concurso para la finalización de la rehabilitación del edificio. Pese a los reiterados anuncios del Departamento de Educación, Cultura y Deporte en relación con la licitación definitiva en septiembre del concurso para la finalización de la rehabilitación del Teatro Fleta, la Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA, ha constatado que la Diputación General ha vuelto a incumplir su palabra sobre el Teatro Fleta y sigue sin convocar el concurso para su restauración.

Sumado a la larga lista, ya conocida, de despropósitos con el edificio, este nuevo retraso vuelve a poner en serio peligro la conservación del edificio y constituye una nueva irresponsabilidad por parte de la Diputación General de Aragón. Y ello pese a que en el pasado debate de Política General, el presidente Iglesias aseguró que todo estaba dispuesto ya para la firma del acuerdo con el Ayuntamiento de Zaragoza.

Por todo ello, APUDEPA vuelve a exigir al Gobierno que, con carácter inmediato y de urgencia, proceda a la continuación de las obras de rehabilitación del edificio catalogado, con total respeto a su arquitectura y a lo dispuesto en la ficha catalográfica de protección.

APUDEPA denuncia, por otra parte, que sigue sin haber recibido respuesta sobre su solicitud de conocer los planes del Gobierno de Aragón y sobre su propuesta de que sea una comisión interdisciplinar quien vele por el buen desarrollo del proceso y de las obras.

APUDEPA, 5 de octubre de 2009

 

APUDEPA, indignada por el expolio del Cine Goya, ya denunció el maltrato al edificio

APUDEPA, indignada por el expolio del Cine Goya, ya denunció el maltrato al edificio

La Asociación exige responsabilidades por las nuevas destrucciones en el patrimonio cultural de Zaragoza. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA denunció a principios de septiembre “la pérdida definitiva de un edificio racionalista crucial para la memoria del cine en Zaragoza y un maltrato impropio de fachadas catalogadas”.

Este nuevo atentado sobre el patrimonio cultural catalogado de la ciudad de Zaragoza vuelve a confirmar, una vez más, la falta de control y respeto por parte del Ayuntamiento de Zaragoza. Es inconcebible que el Consistorio no sea capaz de detectar desde un principio la ejecución de obras urbanísticas que no se corresponden con las licencias incluso en los edificios con catalogación monumental.

Y ello, teniendo presente que la licencia urbanística ya era irrespetuosa con el patrimonio cultural. Ante este nuevo ataque al Catálogo de Edificios de Interés de Zaragoza, APUDEPA exige responsabilidades al Ayuntamiento de Zaragoza y, especialmente, al Consejero de Urbanismo municipal.

APUDEPA insiste, por otra parte en que los restos arqueológicos deben conservarse, aunque no sean visitables, y compatibilizarse con las nuevas construcciones (si se dan) pues lo contrario vacía de contenido histórico el suelo zaragozano. Máxime cuando se corresponden con conjuntos desaparecidos, tan importantes y desconocidos como el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, directamente vinculado a la memoria medieval de la ciudad y a los Sitios de Zaragoza.  

APUDEPA, 24 de septiembre de 2009

 

APUDEPA denuncia nuevos y graves daños en la necrópolis medieval de San Grimién, en Hecho

APUDEPA denuncia nuevos y graves daños en la necrópolis medieval de San Grimién, en Hecho

Fotografía APUDEPA: arriba, 2008; abajo, 2009. La Asociación alerta del mal estado del yacimiento, pide decoro y denuncia el abandono y la dejación institucional. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA, ha podido constatar durante su última visita de inspección que la Necrópolis de San Grimién en Hecho ha sufrido nuevos y graves daños desde que el año pasado la Asociación denunciara el mal estado y el abandono del yacimiento.

Desde que APUDEPA pusiera en conocimiento de las administraciones el abandono de la necrópolis, y pese a la airada reacción del Ayuntamiento de Hecho en aquella ocasión, nada se ha hecha desde las instituciones para mejorar su estado.

La dejación institucional ha provocado que varias de las tumbas hayan sufrido graves daños tales como desprendimiento de lajas o pérdida y esparcimiento de los restos humanos, como se muestra en las fotografías adjuntas. Si el yacimiento continúa así los daños serán todavía mayores.

Alguna de las tumbas que se encuentra en mejor estado está cubierta desde hace años por sábanas indecentes ancladas por piedras del lugar, totalmente expuestas a la acción humana y a la intemperie.

APUDEPA solicita de nuevo, en consecuencia, que las administraciones implicadas tomen las medidas oportunas para asegurar la información que el yacimiento contiene, su conservación y el decoro y respeto a los restos humanos conservados.

APUDEPA, 18 de agosto de 2009

 

APUDEPA denuncia que el material ferroviario está “mucho peor de lo que algunos piensen”: “si las cosas continúan así, Aragón puede perder la mayor parte de su patrimonio ferroviario”

APUDEPA exige la creación del Museo Aragonés del Ferrocarril y la asunción de responsabilidades políticas por la ineficacia que ha dado al traste con todos los proyectos presentados hasta ahora. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA, ha mostrado hoy su “enorme preocupación” por la pérdida del importante material ferroviario que va a ser llevado fuera de Aragón por la falta de recursos para mantener el patrimonio en la Comunidad. Para APUDEPA, esta es una muestra más de la precariedad aragonesa en materia de cultura y patrimonio, que lleva a una permanente sangría de los recursos propios. APUDEPA culpa de esta situación a unos responsables políticos que se han dedicado a prometer periódicamente la creación de infraestructuras museísticas mientras, a la hora de la verdad, han boicoteado todos los proyectos serios, tales como el Museo del Ferrocarril de la Estación Intermodal de Delicias o el Museo de la Estación Internacional de Canfranc. APUDEPA exige la asunción de responsabilidades políticas, tanto en el Departamento de Cultura como en el de Obras Públicas, cuyo Viceconsejero Esco ha fracasado reiteradamente en todos los intentos.

 

APUDEPA quiere hacer llegar a la sociedad aragonesa su extrema preocupación, pues es conocedora del mal estado (pese a los admirables esfuerzos de las Asociaciones de Amigos del Ferrocarril) del fondo ferroviario conservado en Aragón. “El material está mucho peor de lo que algunos piensan y en pocos años, si las cosas continúan así, puede quedar convertido en nada” han alertado desde la Asociación.

APUDEPA, 6 de agosto de 2009

Carlos Castilla del Pino: "Apresúrese a ver Córdoba"

Carlos Castilla del Pino: "Apresúrese a ver Córdoba"

Palacio del vizconde de Miranda en Córdoba- "venta de pisos, cocheras y locales comerciales".Foto Castilla del Pino publicada en la Rev. Triunfo (1973)

Éste es el artículo que publiqué en el n.  538 de la revista Triunfo, el 20 de enero de 1973, en el que denunciaba el abandono en que se hallaba la ciudad de Córdoba.Carlos castilla del Pino en "La Casa Del Olivo. Autobiografía (1942-2003) ". Tusquets ed.,  2004.

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"Apresúrese a ver Córdoba"

Salvo excepciones, cualquiera estaría dispuesto a aceptar que el hecho de que España no hiciese a su debido tiempo la revolución in­dustrial constituye una desgracia irreparable. España -la faz de Espa­ña- sería, con la mayor probabilidad, distinta, como lo fue tras la in­vasión árabe, y luego tras la Reconquista cristiana. Pero la negatividad que supone el no haberse incorporado en su momento nuestro país a lo que fuera el requerimiento industrial europeo, podría ofrecer hoy día una contrapartida positiva en algún sentido, a poco que existiese una mínima sensibilidad histórica: el desarrollo económico actual po­dría hacerse -debería nacerse, mejor dicho- de manera que fuese com­patible con la pervivencia del pasado y de los caracteres mismos de la ciudad, que la hicieron cuando menos habitable.

A mí me interesa el pasado -las huellas de nuestro pasado- no sólo a modo de adorno que ofrecemos a nosotros mismos y a los que nos visitan, cosa de por sí bastante importante. Me interesa que el pa­sado perviva en nuestras ciudades y pueblos, porque, paradójicamente, satisface necesidades elementales que la nueva ciudad está lejos de dar cumplido fin. Me refiero al hecho de que estas ciudades y pueblos sigan siendo habitables (cuando grandes masas los despueblan es «por otra» razón). Porque resulta que esas elementales instancias que son el vivir en relativo silencio, pasear, contactar uno con otro en tanto per­sonas, o sea, como conciudadanos, sólo es factible allí donde la ciu­dad todavía existe en tanto fue hecha por y para los hombres. Así se explica el comportamiento de tantos de nuestros emigrantes, que salen de sus tierras ante la imperiosa necesidad de subsistir, pero que una y vez regresan a las mismas, aunque sea pasajeramente, precisamente para convivir, porque esto del mero convivir emerge como necesidad, una vez que la de subsistir ha sido satisfecha. Posiblemente, ciudades como Écija, Antequera o Ronda, Cáceres o Trujillo, Plasencia, Ciudad­ Rodrigo o Cuenca, Toledo o Salamanca, por sólo citar unas pocas, no han sido edificadas de acuerdo a la acepción actual del vocablo «pla­nificación». La ciudad, creo, se hizo, o mejor, se fue haciendo concor­de con necesidades de toda índole, que van desde la climática y la de­fensiva a la artes anal y profesional. La consecuencia de todo ello es que cada ciudad de esta índole tiene el carácter que le es propio, o sea, su individualidad. En manera alguna, hay homogeneidad -ni siquiera entre pueblos de una misma comarca o región, aunque, con toda suer­te de aproximaciones, pueda hablarse del pueblo andaluz, castellano o gallego-, porque la identidad entre ciudades, como entre individuos, sólo puede ser expresión de la más opresiva forma de alienación, im­puesta, desde luego, por unos pocos. Hoy, sin embargo, se tiende a la ciudad-igual, y las colmenas inhumanas lo mismo se edifican en To­rremolinos o Sitges, a cien metros del mar, que en Badajoz o Segovia. El resultado de todo ello es el divorcio ostensible entre lo que la ciu­dad es y lo que debiera ser a tenor de los factores ecológicos, sencilla­mente porque la ciudad se planifica al margen de los ciudadanos, en armonía con los exclusivos intereses de un grupo de ellos.

Córdoba era una ciudad -y todavía lo es en alguna medida, aunque el futuro próximo se muestre en este sentido con tintas som­brías- que se podía habitar. Pero está dejando de serlo en virtud de una hábil y sutil maniobra. Se ha considerado un recinto monumental, y fuera del mismo se deja hacer, dentro de unas limitaciones que no son suficientes para evitar la pérdida del carácter que le ha sido propio. Pero Córdoba no será la misma porque se respete (?) el mínimo cír­culo de la judería y el que circunda a la Mezquita. El carácter de Cór­doba está también en el barrio de Santa Marina, en la Piedra escrita, en el conjunto de Santa Marta o de San Francisco, en la extensa área que comprende San Pedro, la calle de la Palma, de Alcántara, del Acei­tuno, la de Santiago y del Sol, el ámbito de la Magdalena ... Mi expe­riencia de «guía» durante los años que hace que vivo en Córdoba, me ha deparado siempre, ante visitantes que ofendería denominándoles tu­ristas, que estas zonas aludidas y muchas más muestran el notable con­traste entre lo que fuera remotamente la Córdoba árabe y judía y lo que ha sido la cristiano-popular, salpicada de palacios y casas solariegas de la aristocracia rural. Usted puede pasear esta Córdoba, sentarse en algu­nas de sus plazas, vivir la experiencia del testimonio directo de sus ha­bitantes, sencillamente porque el «hábitat» hace posible todavía hablar con el que pasa. Usted puede vivir la propia evolución histórica de la ciudad, las modificaciones sociológicas habidas, merced a los distintossignos que entre sus calles se ostentan. Porque la Historia no debe es­tar meramente en museos y archivos, sino que, allí donde ha sido res­petada, está sobre todo en la propia ciudad.

Córdoba está, como he dicho, dejando de ser. Y hay que reputar su devastación, ante todo, a la especulación del suelo. Pese a las tími­das limitaciones impuestas, sobre todo en lo que concierne a la altu­ra, han sido sacrificados ya los palacios del conde de Priego (siglo XVI), del conde de San Calixto (XVIII), del marqués de Valdeflores (XVIII), del vizconde de Miranda (XVIII), del marqués de la Fuensanta del Valle (XVI), la casa de los Ceas, popularmente conocida como «Casa del In­diano» (del xv); el Ayuntamiento (siglos XVI-XVII) y un conjunto de ca­sas solariegas que sería prolijo enumerar (por ejemplo, en la plaza de San Juan, en la calle de San Pablo, en la Trinidad1.- [Nota al pie: En la plaza de la Trinidad fue demolida la casa en donde murió don Luis de Góngora, pese a la oposición, solamente oral, claro es, de una gran ma­yoría. Sobre el solar ha sido edificada la residencia del Opus Dei.], et­cétera). No sólo son pérdidas irrecuperables en tanto edificaciones sim­bólicas del pasado, que podrían ser perfectamente utilizadas hoy, sino que la misma espacialidad que tales edificaciones conlleva ha sido de­finitivamente perturbada. Tras la torre de la Malmuerta -algo seme­jante a lo ocurrido con la torre de Valencia en Madrid- se alza un blo­que de pisos. La plaza del conde de Priego, para citar uno de los más graves ejemplos de destrucción inimaginable, era realmente un asom­bro: el palacio formaba un ángulo recto, con sus dos fachadas de una sobriedad impresionante; otro lado del rectángulo lo forma aún la fa­chada del convento de Santa Isabel, con ventanales de celosía a unos ocho o diez metros sobre el suelo; al frente, la iglesia de Santa Mari­na cerraba parcialmente el espacio apenas iluminado, de manera que la vivencia habitual, apenas anochecido, venía a ser una mezcla de re­cogimiento y temor. La destrucción comenzó emplazando allí el mo­numento a Manolete, horrendo pisapapeles de tamaño descomunal, que tiene el honor de figurar en la antología del mal gusto mundial. (Véase Gillo Dorfles, Kitsch. An Antology 01 Bad Táste, Studio Vista, Lon­don, 1969, página 84. Tras el primer plano del monumento, puede ver el lector parte de la fachada del palacio desaparecido.) Hubo entonces una oposición encubierta a que a Manolete se le erigiese un monu­mento, y luego, a su emplazamiento. Recuerdo que su elevación se hizo gracias al producto obtenido de una corrida en la que hubieron de lidiarse once toros, amén de una charla de aquel inefable académi­co que se llamó en vida don Federico García Sánchiz: el buen sentido del público hizo callar a tan ilustre charlista apenas abrió la boca para emitir toda suerte de tópicos acerca de «la Córdoba de Maimónides y de los Abderramanes», y le obligó a limitarse a contemplar la corrida como uno de tantos y a que le dejara en paz. Pero el monumento se hizo. Y cuando un cordobés sensato -«discreto», diría Baroja-, con toda suerte de precauciones, hizo una tímida protesta a que a Mano­lete se le erigiese tamaño artefacto, en esta ciudad en la que Séneca, Lucano, cualquiera de los Emires y Califas, Maimónides, Albucasis y varias docenas más de ilustres nacidos, no poseían aún nada que los hiciese recordar, alguien salió con la razón: «Es que ésos no eran ca­tólicos ... ». En una segunda etapa, el propio palacio ha sido demolido para edificar en su lugar una casa de pisos, eso sí, de corte seudo an­daluz, con el aire de alegría estúpida quinteropemaniana que nada tie­ne que ver con lo que quiera que sea eso que, por llamado de alguna manera, denominamos «lo andaluz» (es curioso que el descubrimiento de la lógica tristeza y la seriedad del andaluz, que se corresponde tan­to con el «cante jondo» cuanto con Bécquer, Machado, Larca o Juan Ramón Jiménez, tuviera que ser entrevisto gracias a extraños tales como Borrow, Baroja u Ortega, entre otros). emitir toda suerte de tópicos acerca de «la Córdoba de Maimónides y de los Abderramanes», y le obligó a limitarse a contemplar la corrida como uno de tantos y a que le dejara en paz. Pero el monumento se hizo. Y cuando un cordobés sensato -«discreto», diría Baroja-, con toda suerte de precauciones, hizo una tímida protesta a que a Mano­lete se le erigiese tamaño artefacto, en esta ciudad en la que Séneca, Lucano, cualquiera de los Emires y Califas, Maimónides, Albucasis y varias docenas más de ilustres nacidos, no poseían aún nada que los hiciese recordar, alguien salió con la razón: «Es que ésos no eran ca­tólicos ... ». En una segunda etapa, el propio palacio ha sido demolido para edificar en su lugar una casa de pisos, eso sí, de corte seudoan­daluz, con el aire de alegría estúpida quinteropemaniana que nada tie­ne que ver con lo que quiera que sea eso que, por llamado de alguna manera, denominamos «lo andaluz» (es curioso que el descubrimiento de la lógica tristeza y la seriedad del andaluz, que se corresponde tan­to con el «cante jondo» cuanto con Bécquer, Machado, Larca o Juan Ramón Jiménez, tuviera que ser entrevisto gracias a extraños tales como Borrow, Baroja u Ortega, entre otros).

En ocasiones, antes de la destrucción-construcción, se obliga a la empresa, como si fuera una exigencia drástica, a que respete la fachada, y así vemos surgir engendros de pisos tras la fachada del ya demolido palacio del vizconde de Miranda; o tras la casa del Indiano, un artifi­cioso decorado muy propio para un film de Imperio Argentina o Lola Flores.

Cualquier ciudad del mundo habría encontrado usos para estas edi­ficaciones, desde grupos escolares -Córdoba, tan necesitada de ellos­y Colegios Universitarios, hasta bibliotecas públicas, salas de concier­to, teatro municipal, incluso hoteles o mesones, si no mediante el in­terés económico, capaz de convertir en solar útil, si se le deja, a la pro­pia Mezquita. Hoy están en peligro inmediato, por ejemplo, la casa del marqués de Boil y el soberbio palacio del marqués de Benamejí, que conserva todavía intactos incluso los jardines descritos por Baroja, a principios de este siglo, en La firia de los discretos,·y que ha sido durante años Escuela de Artes y Oficios.

Para calmar sin duda la mala conciencia ante los hechos somera­mente apuntados, en Córdoba ha entrado la peligrosa absesión recons­tructora. Es muy probable que nuestros «reconstructores" consideren salvajes a los ciudadanos de Roma, que no han rehecho el Foro o el Coliseo, o que estimen indolentes e incultos a las atenienses, que no han tenido interés en reconstruimos el Partenón, dejando los fragmen­tos del mismo esparcidos por la Acrópolis. Aquí, en Córdoba, no se trata de dejar a las ruinas en condiciones, todo lo más, de que no se arrui­nen más: eso se estimaría en poco. Hay que hacer de nuevo -absolu­tamente de nuevo- la Sala del Trono del palacio de Medina Azahara, hasta ofrecemos una ridícula parodia de lo que fue; hay que hacer íntegramente de nuevo el inmenso templo romano, aunque, desde luego, con columnas de escayola y capiteles de lo mismo; hay que ha­cer de nuevo la totalidad de las almenas de la muralla del Alcázar y construir un foso escuálido, capaz de ser saltado por un infante en jol­gorio, porque -como me dijo el teniente de alcalde de su momento­ «después de dos inviernos, ¿qué americano sabe que esto que hacemos no tiene más de quinientos años?"; hay que estropear definitivamente la puerta de Sevilla, único resto de arquitectura militar visigótica que poseemos, con bloques de piedra simulada; hay que pintarrajear de co­lorines absurdos la portada románico-ojival de la capilla mudéjar de San Bartolomé, o hacer que nos sonrojemos ante los que, al visitamos, nos preguntan: «¿Pero, qué es eso?», cuando contemplan la horripilan­te fachada del Hospicio (hoy Diputación), estucada para simular már­moles veteados. Y así sucesivamente.

Imagino que una ciudad plantea innumerables y muy complejos problemas, sobre todo en etapas socio económicas de transición. Pero ha de haber, necesariamente, forma de resolverlos, y se podrá aprender, sin duda, en Roma, en Florencia, en Pisa, Urbino, Siena, o simplemen­te recurriendo al buen sentido. Cuando hablo de que se respete la hue­lla del pasado, no estoy defendiendo la pervivencia de la miserabilización que, para las actuales exigencias, ofrecen sin duda muchas muestras de arquitectura popular, como las clásicamente denominadas casas de veci­nos. No planteo el problema en alternativa, y, desde luego, ignoro cuál sea su solución racional. Quiero simplemente llamar la atención so­bre que no es permisible -perdón: no debiera ser permisible- que una ciudad se destruya ante nuestros ojos, y con una rapidez que no hace honor a la tan cacareada apatía de los españoles. Probablemente, la mayor parte de los que colaboran en esta tarea pertenecen al grupo de los que hablan reiteradamente de «valores eternos» y sitúan a España como «reserva espiritual de Occidente». Nunca se dio tan ostensible desparpajo entre la espiritualista retórica al uso y la práctica utilitarista. A lo peor, hablando como hablo, se me incluye, una vez más, entre los que forman en el grupo de esa curiosa entidad que ellos mismos denominan «anti-España».

Alberto Moravia dijo hace años que Córdoba era la ciudad más bella del mundo. Por principio, hay que considerar esta frase inexacta. Sólo en un arrebato disculpable puede emitirse, porque, de hecho, na­die, ni Moravia, ni Fidias redivivo, posee una vara para dictaminar so­bre medidas estéticas. Yo me limito a decir que Córdoba me parecía muy bella y que, para mí también, no era intercambiable. Si usted, querido lector, pretende tener idea de lo que Córdoba era nada más que hace diez años, ha de apresurarse. Porque de algo de lo que fuera pue­de no quedar huella alguna cuando venga, o, por el contrario, puede hallado todavía, pero bajo la forma de esperpento. C. C. DEL P. Re­portaje gráfico: ZURITA.

 

Biscarrués: todos contra el pantano

Biscarrués: todos contra el pantano

Hoy en Zaragoza: La Galliguera toma el Ebro. Foto Apudepa

Hoy nuestros amigos de la Galliguera   estaban  en Zaragoza. Biscarrués, Erés,  Santa Eulalia del Campo., Murillo de Gállego, Concilio,  Ayerbe... que junto a otros colectivos, como Coagret, han arropado el acto. De Apudepa también estábamos varios miembros de la junta y socios.

Ha sido, no obstante, un colorista y animada fiesta. En botes y canoas se ha bajado el Ebro desde la pasarela del voluntariado hasta más allá del puente de Santiago volviendo luego para desembarcar finalmente junto a Helios. Con pancartas y acompañados de la campana de Erés  un nutrido grupo de afectados y simpatizantes hemos ido hacia la plaza del Pilar y de allí a San Bruno donde han tomado la palabra Emilio Gastón y vecinos de la Galliera en protesta de un pantano que lleva amenazando más de 20  años el territorio. Un despropósito más de la política del agua. Han estado  esas maravillosas madres de Erés recordando que no renuncian a ninguno de los valores territoriales de su pueblo y que  el apacible rincón donde se ubican sus casas  no va a quedar inundado,  pues el anteproyecto deja a Erés algo así como si se tratara de una península.  En paraleo, en San Bruno  íbamos firmado las alegaciones  y  había música en directo en el   escenario.

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Os pedimos colaboración. Si cada uno de nosotros  ponemos nuestro grano de arena pueden llegar muchas alegaciones contra el  mencionado pantano futuro cuyo anteproyecto puede alegarse ante la CHE hasta el 9 de julio.  Hasta el día 5 de julio se pueden enviar a:

Amigos de la Galliguera

22806 Santa Eulalia de Gállego (Zaragoza)

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ALEGACIONES AL ANTEPROYECTO AL EMBALSE DE BISCARRUÉS

D..............................................................................................................................  con DNI ...............................  y domicilio a efectos de notificaciones en calle ........................................................................................................

CP ..................... LOCALIDAD ..........................................................................................  (...........................).

Comparece en el periodo de información pública del Anteproyecto 02/09, del embalse de Biscarrués, publicado en el BOE de 25 de mayo de 2009, y mediante el presente escrito formula las siguientes alegaciones:

o    Es un proyecto innecesario. No está justificado el aumento de necesidades de agua del regadío monegrino. No hay una definición final de la superficie regable de Riegos del Alto Aragón. No hay un análisis real de las superficies cultivadas, las zonas salinas, los cultivos implantados ahora y en un futuro inmediato, los efectos de la desaparición de la PAC, etc. No se conocen necesidades reales. Se parte de estimaciones generosas a modo de cuentas del Gran Capitán. Además consolida superficies importantes de riegos a precario, por encima de las cotas regadas y que se pueden considerar de dudosa legalidad.

o    Una parte de las necesidades agrarias que se pretende satisfacer son en realidad aprovechamientos hidroeléctricos. Esperemos que no estén incluidas las demandas de Gran Scala, huertos solares y otros usos no agrarios.

o    Las supuestas necesidades se pueden cubrir con la ampliación del vetusto y deteriorado Canal de Monegros y la previa y seria construcción de las denominadas balsas laterales dentro del sistema de riegos y para las que se han publicitado cabidas de más de 1000 hectómetros. Sin su construcción, no tiene sentido la realización de ninguna obra nueva en el Gállego. Antes el tejado que la casa.

o    Existen alternativas razonables y más baratas a la hipotética necesidad de agua para regadío, como son la modernización de sus riegos, el reajuste de dotaciones y un sistema tarifario real, que no político, que impida los consumos excesivos.

o    Amenaza directamente al pueblo de Erés. No lo destruye directamente, pero corta sus comunicaciones tradicionales, alarga sus desplazamientos, ahoga sus campos y lo aísla.

o    Hace desaparecer totalmente el deporte de aguas bravas, motor económico de la comarca y con repercusiones en todo el Alto Aragón. Se eliminan muchos puestos de trabajo, directos e indirectos. Elimina la bajada de nabatas.

o    Ahoga la Magia de la Hoya de Huesca. Se destruye el emblemático paisaje de la Galliguera y sus mallos, con clara incidencia en el turismo rural, segundo motor económico de la zona.

o    Destruye y desnaturaliza un porcentaje muy alto de las, ya muy escasas, riberas naturales del río Gállego, fuertemente transformado por escolleras, graveras pantanos y detracciones de aguas por azudes de riego y canales hidroeléctricos.

o    Vulnera de forma flagrante la Directiva Marco de Aguas (DIRECTIVA 2000/60). Incumple el objetivo de conseguir el buen estado ecológico en el río Gállego. La regulación de avenidas y los caudales ecológicos son meras excusas. La propia CHE incumple sistemáticamente, con excusas fútiles, en muchos tramos de la cuenca del Ebro.

o    También vulnera la Directiva Hábitats (DIRECTIVA92/43CEE). Además afecta directamente a especies de fauna, catalogadas por su interés por la Unión Europea y la Comunidad Autónoma de Aragón: visón europeo, nutria y galápago europeo. Se afecta directamente la pesca deportiva

o    Es una aberración económica, sin justificación fehaciente, lo que supone un despilfarro de dinero público intolerable, máxime en una época de crisis.

o    Supone un agravio para una comarca que lleva más de 20 años padeciendo la amenaza de la construcción del embalse. Esta espada de Damocles ya ha impactado su desarrollo sostenible.

o    Es un paso previo para la construcción de un embalse mayor, que con el nuevo Yesa, es la base del trasvase.

Por todo ello, SOLICITO se tengan en cuentas estas alegaciones para que se descarte definitivamente la construcción de cualquier embalse en el Gállego, objeto de este expediente.

En .......................................... a .......... de ................... de 2009.

Firma:

 

Sr. Presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro,  Pº de Sagasta 24-28.  50071 Zaragoza

 

 

Segeda: Destrucción de su muralla

Segeda: Destrucción de su muralla

Segeda II. Vean este enlacen y como se allana el terreno sobre Segeda II para construirse un “chalecito” en el campo. Así, como lo leen.

Creíamos que Segeda estaba a salvo, pero no, tampoco. Heraldo de Aragón informa y nosotros añadimos que aquí no se libra nada ni nadie.  Está en peligro la muralla de Segeda II,   yacimiento celtibérico  situado entre las poblaciones de Mara y Belmonte de Gracián, patria de Baltasar Gracián, en la Comarca de Calatayud.  Desde el 2000 se están llevando a cabo las denuncias el Centro de Estudios Celtibéricos situado en Mara, la DGA da soluciones poco prácticas y  el problema  sigue sin resolverse y el yacimiento expoliándose. Segeda  I  y II,  se llegaron a construir dos ciudades, fueron  muy importantes ¿por qué no se acude a la expropiación en casos como éste? ¿Por qué no se ha podido comprar  los terrenos en todos estos años?  En Aragón no nos podemos permitir  semejante pérdida cultural y el territorio tiene elementos culturales fascinantes en pocos cientos de metros: la ciudad celtibérica y la patria del jesuita y autor universal, Baltasar Gracián,  quien,  por cierto, daba  en sus cartas buena cuenta de los hallazgos arqueológicos que se sucedían en la zona y enviaba alguna que otra moneda a sus amigos anticuarios, entre ellas un nicle de plata a Vicencio Juan de Lastanosa en Huesca, su gran protector en los primeros años.

A pesar de toda la cultura existente no se logra desarrollar el territorio de forma decidida. En Aragón están ocurriendo cosas  muy graves y parece que casi nadie se quiere dar cuenta.  Claro que para muchos “los raros”  somos nosotros por  recoger estas noticias.