La lápida en el sepulcro de Alfonso III de Aragón en la catedral de Barcelona es buena prueba de manipulación histórica. Fotografía APUDEPA. La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA, quiere aprovechar el foco de atención sobre la tumba del Rey de Aragón don Jaime I para reclamar a las administraciones competentes la dignidad necesaria para el resto de panteones de los Reyes de Aragón. En el discurso institucional del presidente de la Diputación General de Aragón se señala que son 4 los panteones de los Reyes aragoneses: los Monasterios de Santa María de Poblet, San Juan de la Peña, San Pedro el Viejo y Santa María de Sijena (que debe escribirse con j). Sin embargo, son más: Olvida el presidente (o su gabinete asesor) nada más y nada menos que la Catedral de Barcelona (Petronila, Reina de Aragón y Alfonso III, Rey de Aragón), el Monasterio de Santes Creus (Pedro III, Rey de Aragón y Jaime II, Rey de Aragón), la Catedral Vieja de Lérida (Alfonso IV, Rey de Aragón), y la Capilla Real de Granada (Fernando II, Rey de Aragón y Juana I, Reina de Aragón). Ello sin contar los panteones posteriores de los reyes comunes hispánicos. Cabe mencionar también (por su importancia para Aragón) el Monasterio de San Victorián, como Panteón del Rey de Sobrarbe, don Gonzalo, y el Castillo-Abadía de Montearagón (Panteón de Alfonso I, Rey de Aragón, antes de su traslado al Monasterio de San Pedro el Viejo en Huesca), así como recordar otros lugares que guardan o han guardado los restos de reinas consortes de Aragón y demás miembros de la familia real aragonesa. APUDEPA desea denunciar, por todo ello, que los panteones históricos de los Reyes de Aragón adolecen de la dignidad necesaria y correspondiente a tan importante historia, fundamentalmente los radicados en suelo aragonés. Así, el Monasterio de San Victorián y la Abadía de Montearagón se encuentran en un estado de ruina lamentable, sin que actúen con el suficiente impulso las administraciones públicas competentes. El Monasterio de Sijena se encuentra en obras de restauración, pero no se ha ahondado suficientemente en la investigación sobre el paradero de los restos de los reyes Pedro II y Sancha de Castilla y las infantas.
Y, sobre todo, una parte muy importante de los huesos de los Reyes de Aragón y su familia, pertenecientes al Real Monasterio de San Juan de la Peña, sigue depositada en Zaragoza en lugar y condiciones desconocidos (por APUDEPA) y no suficientemente aclarados, sin que se dé noticia desde hace años, del curso de las investigaciones anunciadas ni se les dé digna sepultura en el Monasterio que debe de acogerlos definitivamente. El Gobierno de Aragón debe de explicar inmediatamente qué está sucediendo con los huesos de los Reyes de Aragón.
Para finalizar, APUDEPA desea llamar la atención sobre las condiciones humillantes en que se encuentra el sepulcro de Alfonso III y otros miembros de la casa real aragonesa en la Catedral de Barcelona (aparte la situación complicada y menos clara del sepulcro de la reina Petronila). Así, la placa que acompaña al sepulcro del Rey Alfonso III lo identifica como “Sobirà de Catalunya i Aragó” en un claro desprecio histórico a sus títulos reales (en el doble sentido) de Rey de Aragón, de Valencia y de Mallorca y Conde de Barcelona. Asimismo, se oculta el ordinal del Rey, obviamente porque el correspondiente a su título principal (el de Rey de Aragón, Alfonso III) por el que es conocido, no coincide con el que la moderna historiografia catalana le otorga como “Rei Alfons II” correspondiente a su condición de Conde de Barcelona. Bajo el mismo título inconcreto y manipulador de “Sobirans de Catalunya i Aragó” se acompañan los sepulcros de las Reinas Constanza de Sicilia, María de Chipre y Sibila de Fortiá, a cuyos maridos (por las mismas razones) también se les priva de su correspondiente ordinal. Cabe decir que los hijos de Alfonso IV Jaime y Fadrique no fueron “príncipes” (como los identifica la placa) sino “infantes de Aragón”.
APUDEPA solicita a las autoridades competentes que gestionen el cambio de dicha placa por una que corresponda a la historia y a la condición de los ilustres personajes enterrados.
APUDEPA, 31 de marzo de 2008