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Opinión

La casa de Pradilla, por Carlos Bitrian Varea

La casa de Pradilla, por Carlos Bitrian Varea

Artículo publicado en Heraldo de Aragón en su edición de 4 de diciembre de 2012.

Villanueva de Gállego, Aragón y el mundo entero han perdido el lugar memorial en que se había proyectado históricamente la admiración y el cariño de un pueblo hacia uno de sus genios artísticos. Unos brutos sedientos de suelo han lanzado sus máquinas contra una casita de pueblo, una arquitectura modesta y adorable, de tapial y cal, de medidas humanas y carácter popular, una de esas construcciones radicales, de las que ya no abundan, decididamente hechas para la vida humana y no para ganar dinero a espuertas. Una casa de cuando las casas eran principalmente eso, y no mercancía de traficantes de espacio, de piratas de tierra firme acostumbrados a levantar el teléfono para remover cualquier barrera que el bien común pueda poner en el camino.

La casa ahora derribada estaba estructuralmente bien e incluso presentaba buen aspecto. Con arreglos mínimos hubiera podido dar nuevo cobijo al habitar humano, y los vecinos hubieran podido seguir reconociéndola como elemento destacado de su memoria colectiva. ¿Quién podía estar interesado en interrumpir tan pacífica, útil y benéfica existencia? Quien no viera valor en ella, supongo. ¿Y quién no puede ver valor en una casa? Quien no vea la casa, tal vez. Quien vea otra cosa, como dinero. Me parece triste, pero no ilógico, que una sociedad como la nuestra que ha basado buena parte de su sistema económico en la explotación del suelo haya requerido conformar unos hábitos mentales que operan misteriosamente sobre la casa negándole su naturaleza de casa, sustrayendo sus cualidades protectoras, simbólicas y ambientales para sustituirlas por puro valor de inversión y cambio. Si esto ha sido así desde hace mucho tiempo, sorprende que en un país que vive ahora dramáticamente las consecuencias de la gran operación especulativa (por ejemplo en forma de injustos y fraudulentos deshaucios) siga pasando inadvertido el verdadero valor de una casa. Pero los hábitos mentales no cambian tan rápidamente como la situación económica.

Supongamos ahora que la casa de Pradilla no era de Pradilla. Que no había sido reiteradamente distinguida con las atenciones de las instituciones y con el cariño del pueblo. Supongamos incluso que no había placas en la fachada y que don Félix Cativiela no había tenido la generosidad de ofrecer sus bienes para la creación de un espacio sobre el gran pintor. Con todo ello, la casa seguiría siendo una morada construida a la manera tradicional del valle del Ebro por manos desaparecidas hace más de doscientos años y, por tanto, un patrimonio valioso para la vida humana. Nuestro patrimonio es lo que habitamos cotidianamente, y desde luego está sujeto a cambio, pero debe ser un cambio guiado por el bien común y no por la ambición de los Midas contemporáneos, que recalifican lo que tocan.

Pero lo cierto es que la casa era, además, el hogar natal de Pradilla. Su destrucción ha sido un duro golpe para el patrimonio aragonés que Apudepa ha tratado de evitar hasta el último momento. Lamentablemente, sola como ha estado, no ha podido conseguirlo. Además de fruto de la codicia, el derribo ha sido un gran acto de complicidad y cobardía política. La instancia oficial presentada por Apudepa el 9 de noviembre no fue atendida por Patrimonio en toda una semana, pese a que por la notoria urgencia fue presentada en su mismo Registro. El mismo día 15 Apudepa alertó telefónicamente del derribo al Ayuntamiento y al Gobierno sin conseguir reacción alguna. Cuando estas dilaciones “mortales” para el patrimonio se han producido en otras ocasiones (porque ya se han producido) ha podido pensarse que se trataba “simplemente” de manifiesta incompetencia gubernamental. El caso de la casa de Pradilla, por los diversos ingredientes y las graves contradicciones existentes, no resulta tan claro. El Gobierno debe explicar qué ha ocurrido y por qué una instancia urgente ha tardado una semana en ser atendida. Las Cortes han de investigar lo sucedido y, al depurar responsabilidades, deben ser analizados los fallos administrativos en la protección del patrimonio. Ello es necesario para la conservación del legado histórico, aunque lo que todavía es más importante es comenzar a trabajar para que una nueva reflexión sobre el espacio lo comprenda como cobijo del individuo y como lugar del bien común, y para que la casa vuelva a aparecer ante nosotros como una casa, aunque jamás ninguna podrá ser ya la de Pradilla.

Carlos Bitrián Varea es presidente de Apudepa.

Entrevista a Paul Goldberger, historiador y crítico de arquitectura

Entrevista a Paul Goldberger, historiador y crítico de arquitectura

Paul Goldberger

Paul Goldberger es historiador y crítico de arquitectura que  profundiza en el tema de la construcción contemporánea, manteniendo un espíritu libre y crítico  con la construcción actual, ─la mala construcción reciente ha contribuido a la caída de la economía─, incluyendo afirmaciones poco habituales en este país,  ‘cada vez hay más interés en lo original, por eso los lugares que no borren el pasado serán más atractivos’,  -comenta el autor- . Muy preocupante y sagaz es la acusación que lanza,  ‘la construcción ha sido una excusa perfecta para esconder dinero negro y mucha corrupción’. Cuenta que hay quien, sin ser corrupto, diseña o construye pisos para que los clientes blanqueen dinero’. Como ven el autor no  tiene pelos en la lengua, ni elude temas comprometidos. Por su innegable interés, recogemos  en este blog la entrevista   de Luis Sevillano publicada en El País hace algunos días, fruto de  la presentación  en castellano y en Madrid del libro de Goldberger Why Architecture Matters (Yale, 2009),  ‘Por qué importa la arquitectura’ (editorial Yvory, 2012). Un libro  imprescindible de lectura para este otoño.

Del prólogo del libro, cuyo comentario también recogemos a continuación,  nos llama la atención las palabras de  Luis Fernández- Galiano,profesor arquitecto y crítico, cuando  alude en el  mismo que Goldberger ‘logra salvar la brecha entre las arquitecturas patrimoniales, que son del gusto de cualquier persona,  y las de vanguardia, que son más difíciles de aceptar’. Desde nuestro punto de vista, quizá en la teoría quede muy bonita la cita de Fernandez-Galiano,  pero no compartimos su afirmación de que la arquitectura histórica sea del gusto de cualquier persona, sencillamente porque la práctica en este país nos demuestra justo lo contrario: ha habido más aceptación de  los proyectos contemporáneos que de  las arquitecturas patrimoniales. Y si no que se lo pregunten a los arquitectos y a la administración española.

Enlace con la entrevista de El País

Enlace con la Presentación de Por qué importa la arquitectura   

Otra de porras en Artieda, por Victoria Trigo

Otra de porras en Artieda, por Victoria Trigo

Artieda 10/10/2012. Foto MásPúblico

Sacar las porras a pasear está de moda y, si algo tiene de democrático cuando se trata de desmontar movilizaciones pacíficas, es que no discrimina a las que ocurren en un pequeño lugar y, tal como están los medios de mayor difusión, difícilmente será noticia a nivel nacional. Sí, pequeño lugar Artieda de Aragón, pero no por ello menos grande la causa por la que allí hace años que se lucha y que, de nuevo, ha merecido los mamporrazos de los mantenedores de un orden donde caben muchos disparates.

Lo sucedido el pasado 10 de octubre en Artieda es la confirmación de que al poder le incomoda mucho que haya quienes no se dobleguen a la apisonadora del “porque sí”. Desde que en mayo de 2001 Jaume Matas pusiera la primera piedra del recrecimiento de Yesa –primera piedra también del trasvase, como bien dijo el entonces Ministro de Medio Ambiente- los conatos de paseo militar no han cesado en ese territorio. Arias Cañete puede estar contento en su retorno a la plana mayor del gobierno, pues al menos en el empecinamiento, los fondos y las formas no han cambiado pese a las reforzadas razones en contra del citado recrecimiento.

Ver a los vecinos de Artieda, a los miembros de la Asociación Río Aragón y de otros colectivos que les apoyan a pocos metros de quienes acudieron a abrir paso como fuera a los funcionarios de la CHE que iban a proceder a las expropiaciones, produce pena, indignación y rabia. Sería muy limitado descargar únicamente contra el Partido Popular la protesta que esta actuación merece. ¿Qué cabe esperar del PSOE, que también aboga por embalsar todos los ríos que circulen por sus mapas? Oportunidades tuvieron los socialistas de paralizar este dislate y, sin embargo, lo consintieron desde el mero borrar de su diccionario la palabra trasvase –cuando procedía según el guión político, se hablaba de transferencia temporal de caudales-, pero manteniendo intocable ese concepto de reservas hídricas que la ciudadanía ha hecho suyo llamándolo “las obras necesarias” aunque muchos todavía no sepan detallar cuáles son esas obras cuasidivinas a las que se refieren. Y es que en 2012, independientemente de quien desgobierne, en materia de medio ambiente continuamos igual que en la gloriosa España de Aznar, con sequías pertinaces, previsiones de regadíos imposibles y cuencas excedentarias frente a cuencas deficitarias.

En fin, que el tiempo ha pasado en balde, como vueltas de cangilones vacíos de una noria que sólo aporta desazón a quienes siguen sufriendo la amenaza de ver sus vidas pisoteadas por más pantanos y mueve a la crispación a los observadores más sensibles que ven cómo las cuentas de los megaproyectos se vuelven rosarios de desfases y agujeros que, como las fallas de las laderas de Yesa, no pueden repararse ni frenarse con efectivos armados a lo Santaliestra -¡ah aquella toma del pueblo, con María Campo como improvisada Agustina…!-, como si fueran a rodar una película protagonizada por los peores demonios de Jánovas, esos que, como un cáncer mal curado, de vez en cuando arremeten con la única fuerza que les asiste, la de la sinrazón.

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Victoria Trigo Bello

Escritora

Derecho a Desobedecer. El pueblo español y otros europeos hemos comenzado a vivir bajo una tiranía, por Juan López Torres

Derecho a Desobedecer. El pueblo español y otros europeos hemos comenzado a vivir bajo una tiranía,  por Juan López Torres

Desde el blog de Apudepa, andamos tan perplejos en los últimos meses observando  la tiránica deriva del Gobierno en su descalabrado intento de parar la crisis,  que lo retomamos ahora incluyendo este interesante artículo del profesor Juan Torres López publicado en su blog. El texto es claro y contundente, nada de medias tintas, un balón de oxigeno que proviene de un miembro de la Universidad española, lo que no deja de ser inaudito en el contexto general de la Academia. Bien que se lo agradecemos al profesor de Sevilla.

En fin,  que tenemos al zorro en el gallinero y aquí no hay quien se salve a excepción de los tiranos de turno y sus colaboradores que actúan al son de ¡aprieten las cadenas! Nosotros replicamos ¡abajo las cadenas!

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El pueblo español y otros europeos hemos comenzado a vivir bajo una tiranía.


Juan Torres López es Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Las autoridades imponen políticas que provocan daños económicos, físicos y morales a la mayoría de la población. Reducen los ingresos y aumenta la pobreza y la exclusión (solo entre 2009 y 2010 aumentó en 1,1 millones el número de personas pobres en España). Disminuyen la financiación de los servicios públicos básicos, lo que hace que aumente la mortalidad, las enfermedades y todo tipo de daños psicológicos y personales (la tasa de mortalidad ha aumentado un 20% en Portugal desde que empezaron a adoptarse las políticas de ajuste y la esperanza de vida ha bajado por primera vez en España). Recortan los derechos de los más desfavorecidos al mismo tiempo que aumentan los privilegios de quienes gozan de más renta y riqueza (la desigualdad aumentará en España un 9% en 2012 como consecuencia de los recientes ajustes fiscales del PP).

Además, imponen estas medidas recurriendo a todo tipo de mentiras.

Dicen que las toman para mejorar la economía pero esta está peor que antes de tomarlas. Nuestra prima de riesgo esta más de 400 puntos por encima de la que había en mayo de 2010 cuando empezaron los recortes que Zapatero y luego Rajoy dijeron que había que tomar para que bajase.

Dicen que las reformas del mercado laboral son para crear empleo y lo que sucede es que la tasa de paro está cinco puntos más alta que antes de aprobarse.

Dicen que hay que reducir el gasto social para disminuir la deuda y resulta que ahora está casi 17 puntos más arriba en porcentaje sobre el PIB que hace dos años porque lo que ocurre, lógicamente, es que con menos gasto público se generan también menos ingresos en todas las actividades.

Dicen que hay que reducir el gasto en personal público porque no hay dinero pero privatizan servicios a base de contratos a favor de empresas privadas que son más caros que el personal que ahorran. Así ha pasado, entre otros muchos casos, con la privatización del servicio de expedición de vidas laborales de la Seguridad Social pagando 4,7 millones de euros a una empresa privada.

Dicen que no hay dinero pero se sacan de la manga cuando les conviene miles de millones para salvar a los banqueros corruptos, conceden amnistías fiscales, desmantelan la lucha contra el fraude fiscal y renuncian a obtener los ingresos que podría proporcionar combatirlo de frente y eficazmente. Solo en pago de deuda ilegítima que deberíamos repudiar nos hemos gastado en 2008, 2009 y 2010 algo más de 122.800 millones de euros.

Dicen que todas esas medidas son imprescindibles para salir de la crisis pero la realidad indiscutible es que no hay ninguna experiencia en el mundo de algún país que haya salido de una parecida adoptando este tipo de políticas. Al revés, le han hecho frente mejor quienes hacen lo contrario.

Y entre tanta estafa y falsedad, nuestras instituciones han quedado viejas y resultan inútiles. Ni el PP ni el PSOE son capaces de aportar soluciones a la situación ni de enfrenarse con inteligencia, valentía y dignidad a las imposiciones de los poderes financieros. Pero no tienen inconveniente en repartirse cerca de 25 millones de euros en subvenciones solo para el primer trimestre de 2012, según acaba de publicar el Boletín Oficial del Estado.

El Presidente del Gobierno ha reconocido ante el Pleno del Congreso de los Diputados que en España no tenemos libertad, y ninguna institución, ningún juez, ningún fiscal, ningún partido pide cuentas por reconocer que la voluntad del pueblo ha sido secuestrada.

El Rey, cuya función constitucional es la de arbitrar con equidistancia, toma partido y gobierna a favor de la oligarquía que se beneficia de estas políticas y de los recortes con los que está en desacuerdo el 70% de la población española.

La Constitución es un papel mojado porque no garantiza el ejercicio de derechos básicos, ni la soberanía nacional, ni el libre albedrío de todos sus ciudadanos, ni la defensa de nuestro patrimonio ni la de los intereses económicos de la Nación española, ni, por supuesto, la libertad que Rajoy reconoce sin inmutarse que nos han robado.

Y en Europa se asienta el cerebro del Tirano: no hay manera democrática de hacer frente a las imposiciones de la banca, cuyos antiguos directivos han tomado al asalto las grandes instituciones, y donde sus autoridades incluso comienzan a declararse, como en el Estatuto del Mecanismo Europeo de Estabilidad, inmunes e inviolables (artículo 35.1) decidan lo que decidan y hagan lo que hagan.

Los españoles no tenemos por qué aceptar la traición de nuestros gobernantes y la imposición de políticas injustas y basadas en mentiras, que solo benefician a las minorías privilegiadas, ya salgan de La Moncloa, de Bruselas o del mismo infierno. “Cuando el gobierno viola los derechos de los ciudadanos la insurrección es para el pueblo, y para cada porción del pueblo, el más sagrado de sus derechos y el más indispensable de sus deberes”, tal y como decía el artículo 35 de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1793, porque, como también afirma la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su Preámbulo, el pueblo tiene el “supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Si los pueblos no hubieran ejercido estos derechos, si no hubieran desobedecido leyes injustas como las que se imponen ahora, si en lugar de ello hubieran obedecido “con responsabilidad”, como pide la Secretaria General del PP, todavía habría esclavitud, todavía los negros serían considerados seres de rango inferior, y las mujeres ni podrían votar ni tomar decisión alguna sin el permiso de sus padres o maridos.

¡Ya está bien de obedecer a los tiranos que gobiernan contra el pueblo! Hay que reclamar sin miedo elecciones generales para acabar con la estafa electoral protagonizada por el PP y con la ineficacia y corrupción de los partidos instalados en el sistema nacido de la transición, hay que abrir paso a una nueva Constitución que salvaguarde de verdad nuestra soberanía nacional y el ejercicio de los derechos básicos, que combata la corrupción como a un cáncer maligno, que obligue a respetar los principio de equidad y justicia fiscal, que proporcione nuevos medios de participación social y ciudadana… que no permita nunca más la vergüenza de estar gobernados por un presidente al que le dé igual que hayamos perdido la libertad.

Quienes nos imponen estas políticas cuentan ya con un determinado grado de respuesta y rechazo social (“pueden hacer mil marchas, mil huelgas, nada cambiará”, decía Menem en julio de 1997 en la Argentina que sufría entonces lo mismo que ahora los pueblos europeos). Por eso no basta con respuestas aisladas y desunidas. Hay que reaccionar frente al tirano con el único medio al que nunca podrán vencer: la máxima unidad ciudadana, la desobediencia civil y el sabotaje pacífico, siempre pacífico, y democrático de sus normas e imposiciones. Sin miedo y con esperanza, porque Gandhi lo dijo bien claro: “Siempre ha habido tiranos y asesinos, y por un tiempo, han parecido invencibles. Pero siempre han acabado cayendo. Siempre”.

 

'Donde reside la Justicia', por Carlos Bitrián Varea

'Donde reside la Justicia', por Carlos Bitrián Varea

Donde reside la Justicia  

 Por  Carlos Bitrián Varea, arquitecto y presidente de Apudepa

 Heraldo de Aragón 15/05/2012

LA FIRMA I La operación inmobiliaria que el Gobierno de Aragón ha planeado para el traslado de las dependencias judiciales de Zaragoza a Ranillas tienen inconvenientes implicaciones económicas y también simbólicas

 «Es importante que, para que la soberanía y la justicia continúen residiendo en el pueblo, lo hagan también en su espacio y no en el de un fondo de inversión»

Que a nuestra pobre Zaragoza le está costando digerir eso que los gurús locales llamaron ‘el legado urbano de la Expo’ no es un secreto para nadie. Y no resulta demasiado preocupante si se tiene en cuenta que las ciudades (parabién o para mal) con el tiempo lo acaban digiriendo casi todo. Mucho peor es que las administraciones sigan apostando, para lograr ingresos, por los viciados instrumentos de la especulación del suelo que tanto daño han hecho al país y a la justicia social. La constatación del desastre económico, social y cultural a que nos ha conducido el modelo que trata al suelo como un mero material de combustión ”debería haber generado, al menos, una reflexión en la búsqueda de nuevas soluciones.

 Pero no, las administraciones siguen alimentando el negocio de la especulación. La DGA anuncia ahora una rocambolesca operación inmobiliaria que no deja de ser absurda aunque esté de moda. Después de decidir el traslado de las sedes judiciales de Zaragoza a los pabellones de Ranillas por ser de su propiedad, el Gobierno de Aragón los quiere poner a la venta por 52,6 millones de euros para Quedar seguidamente como arrendatario del fondo de inversión que los adquiera. A partir del momento de la enajenación, a ese fondo de inversiones irá a parar el alquiler de 622.072 euros al mes que hasta entonces el Gobierno va apagarse así mismo. Pues bien, en siete años el Gobierno habrá perdido los 52,6 millones que prevé ganar al vender el espacio de la Justicia y a partir de entonces pagará 7,5 millones y medio de euros al año por mantener allí los órganos judiciales. ¿Son estas las políticas a medio y largo plazo a las que se refería la estrategia 2025 de la presidenta Rudi? ¿Por qué aceptan o promueven estas cuentas las administraciones si nos empobrecen a todos y solamente enriquecen a los especuladores?

La operación suscita también muchas dudas en otros órdenes. Nadie aclara qué va a pasar con el interesante construcción de Regino Borobio con una ampliación proyectada por Alejandro de la Sota que constituye la única obra en Zaragoza de uno de los mejores arquitectos españoles del siglo XX. Grave irresponsabilidad sería, y atentado contra el patrimonio cultural, pretender otro negocio destructor con un edificio cuyo uso es además estratégico para el casco histórico de la ciudad.

Pero quizás más importante que todo ello es la consecuencia simbólica de la venta. La Justicia no es un servicio más. El espacio en el que se desarrollan sus trabajos y se despliegan sus ritos no debería ser gestionado como mercancía, pues es un espacio que, como ningún otro, debe mantener una exquisita neutralidad respecto de todo tipo de poderes y presiones. ¿Qué pasaría si un día los tribunales tuvieran que juzgar a los dueños de su casa? ¿Cómo sería la justicia que los jueces tendrían que impartir entonces a sus patronos (que así llama la RAE a los dueños de la casa donde se reside)? ¿Acaso no se vende en algo la Justicia si se vende el techo que la alberga? Si la Justicia tiene ya serios problemas de credibilidad, medidas como ésta la alejan más todavía del pueblo del que constitucionalmente emana.

Los gobiernos no deben olvidar la importancia simbólica de la gestión del espacio. El artículo más solemne de la Constitución, el primero, al proclamar que «la soberanía nacional reside en el pueblo» utiliza un verbo de evidentes implicaciones espaciales, pues «residir» significa «estar establecido en un lugar». El uso de una metáfora que remite al espacio y al alojamiento para fijar la relación entre la soberanía y su titular viene a explicitar la relación natural entre el lugar en que la soberanía se manifiesta y su titularidad. La residencia del as cosas tiene causas y consecuencias simbólicas, por cuanto esas cosas se ven afectadas por la naturaleza del espacio que las alberga. Y el discurso espacial que la comunidad despliega en la ciudad es herramienta fundamental que le sirve para reconocerse a sí misma como lo que es o aspira a ser. La residencia metafórica de la soberanía en el pueblo conlleva la residencia literal de sus poderes en el espacio público. Y es importante que, para que la soberanía y la justicia continúen residiendo en el pueblo, lo hagan también en su espacio y no en el de un fondo de inversión. Que la justicia pase a residir en el lugar de los mercados quizás no sea lo de menos, sino, invirtiendo la metáfora, un paso más en a construcción de eso que podría ya denominarse la ‘soberanía mercantil’.

Elecciones 20N, 2011. Entrevistas a Emilio Lledó y José Manuel Caballero Bonald en 'Estados de Ánimo' en el País.

Elecciones 20N, 2011. Entrevistas a Emilio Lledó y José Manuel Caballero Bonald en 'Estados de Ánimo'  en el País.

Foto de los Indignados de Valencia contra los corruptos

La situación política y económica de nuestro país en los últimos meses se ha tornado un puro esperpento, de asfixiante hedor por el estupor  que nos produce a propios y extraños. Es difícil creer lo que está ocurriendo.

El Blog de Apudepa, ante las elecciones de mañana día 20N,  no quiere estar al margen del hecho, por lo que hemos tenido a bien traer las últimas entrevistas  del periodista Juan Cruz aparecidas en prensa, El País, Estados de Ánimo / 1 y 3, mantenidas con el filósofo Emilio Lledó y el poeta José Manuel Caballero Bonald. Ya es significativo el vuelo de sus títulos,  “No es tolerable que el imperio de la indecencia domine la política”, opina LLedó (16/11/2011) y “Ante lo que pasa estoy perplejo, entre atónito y desconcertado” (19/11/2011), comenta Caballero Bonald.

Desde el blog compartimos sus expresiones e invitamos al lector  a su lectura. Es urgente  que seamos los propios ciudadanos los que  forcemos  ciertas compromisos con la clase política,  porque  ya hemos visto que en sus campañas respectivas los dos grandes partidos políticos no han hecho una reflexión de fondo ante  la gravedad de los hechos que está viviendo la sociedad española en su conjunto. Y eso es también corrupción. Y surge la pregunta,  ¿para qué sirven los políticos? ¿a quién representan?

Puede parecer un comentario opontunista por nuestra parte pero les aseguramos que no lo es. Desde hace un tiempo, primeros años del siglo XXI,  estamos obervando, a través de la defensa del patrimonio cultural,  la desvergüenza, política, que se  estaba introduciendo en todo lo concerniente al tema objeto de nuestra defensa. Ya no necesitan las máscaras de la tragedia griega, sencillamente casi hacen lo que les viene en gana.  

En el 80 aniversario de la II República: defensa de las Escuelas del Arrabal en Calatorao

En el 80 aniversario de la II República: defensa de las Escuelas del Arrabal en Calatorao

Escuelas del Arrabal, arquitectos Emiliano de Castro (1932-34) y Enrique Bass (1958-59). Foto Apudepa 2007. 

APUDEPA pide, en el 80 aniversario de la II República, la catalogación de las antiguas Escuelas Unitarias de Calatorao, interesante muestra arquitectónica de su política educativa

La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA, ha hecho público hoy, 14 de abril, 80º aniversario de la proclamación de la República Española, la solicitud de catalogación de las antiguas Escuelas unitarias de Calatorao, ubicadas en el Arrabal, construidas durante la II República. El edificio, proyectado por Emiliano de Castro Bonel (Borja, 1897- Madrid, c.1993) para el Gobierno de la República, es una de las mejores muestras de la política educativa de esos años en Aragón.

El inmueble cuya catalogación se demanda, además de ser memoria viva de unos años trascendentales en la historia de la educación española, es un ejemplo arquitectónico de mucho interés y valor, pues a la vez que responde al principio racionalista de sencillez se encuadra en el camino de búsqueda del confort e higiene en el aula  y de  la nueva estética de la modernidad.

A todo ello se suma el dato, que las escuelas mantienen vivo en la memoria, de que el arquitecto autor del edificio, hermano de uno de los aragoneses republicanos más influyentes, fue sometido posteriormente a un proceso de depuración franquista, siendo represaliado y condenado al ostracismo  profesional al no poder ejercer su profesión de arquitecto ni ostentar cargos.

Por todo ello, en el momento en que se celebra lo que de bueno tuvo la II República Española, APUDEPA considera que sería inadmisible el derribo de tan importante muestra ejemplar de una de sus grandes señas de identidad: la educación.

APUDEPA, 14 de abril de 2011

80 aniversario de la proclamación de la II República Española

Sociedad y Paisaje por Ángel Marco Barea del colectivo Sollavientos

 Les presentamos del Diario de Teruel,  Lunes, 24 Enero 2011, un artículo de interés general porque muestra la  importancia de la conservación del paisaje y la participación ciudadana,  participación que no es de interés  habitualmente en nuestras esferas administrativas, ni políticas, porque omiten con extrema facilidad  la participación real de la sociedad en las consultas previas a las tomas de decisiones del tema que nos ocupa, el paisaje, posicionamiento que está acarreando, en la actualidad,  una enorme pérdida social, medio ambiental, cultural y económica de nuestro territorio. Gran Escala en Monegros podría representar la cúspide del mal gobierno sobre el paisaje y la ordenación del  territorio, aunque hay otros muchos ejemplos, a lo largo y ancho del territorio. Expo Paisajes en la orla Este de Zaragoza, otro mal modelo.

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TRIBUNA ABIERTA

Sociedad y paisaje en El Diario de Teruel, 21/01/2011

 por ÁNGEL MARCO BAREA del Colectivo Sollavientos

Es creciente la presencia de voces de la sociedad que, bien mediante artículos de opinión en la prensa,  presentación de alegaciones en procesos de información pública de proyectos de minas o infraestructuras, o en el intercambio de opiniones, muestran su preocupación por los  cambios en el paisaje.

Esto no debe entenderse  únicamente como  una crítica al modelo socioeconómico industrial  asentado  en la creencia de que desarrollo y progreso van unidos a crecimiento sin límites, sino como una demanda de cauces  para colaborar en fórmulas de consenso para definir el futuro.

Con frecuencia no vemos con buenos ojos cómo el paisaje del territorio donde vivimos es modificado por  elementos industriales (líneas de alta tensión, parques eólicos, canteras)  o por una explotación intensiva de los recursos agrícolas, ganaderos y forestales.

Ello indica que   en los procesos de autorización de esos proyectos se ha olvidado una participación directa de la sociedad afectada respecto a aspectos cruciales de su calidad de vida.

Aunque esos elementos se presenten como  una llegada del desarrollo, deben ser los afectados los que decidan  qué valores lo simbolizan  realmente.

Muy probablemente, el rechazo por grupos sociales, y la simpatía de gran parte de la población a esas voces que se alzan en contra, indican que una amplia mayoría no observa que traigan el tipo de riqueza que quieren para sí, ni sienten que ésa sea la manera en que debemos crecer personal y socialmente.

No nos estamos refiriendo al impacto sobre paisajes de naturaleza primigenia. Nuestro territorio ha sufrido una gran transformación, fruto de las diferentes sociedades que lo han ocupado. La ganadería y la agricultura han transformado lo que en su momento debieron de ser bosques en extensas parameras de cultivo de secano o de  vegetación rala aprovechable por el ganado. Los bosques que subsisten recuerdan la necesidad de madera y leña de los habitantes, y por ello no constituyen verdaderos bosques biodiversos.


Pero este territorio simboliza  la identidad con nuestro pasado.
Por ello aceptamos las actividades endógenas responsables de su modelado y rechazamos que sufra una nueva transformación,  si ésta  se lleva a cabo por actividades  exógenas que no van a revitalizar el  tejido social.

El paisaje que hoy observamos contiene  no sólo elementos culturales, sino también   elementos naturales  con valor estético y que simbolizan la buena salud de un ecosistema capaz de ofrecernos bienes ambientales: oxígeno, sumidero de CO2, agua de calidad, control de la erosión,  suelo capaz de soportar la  regeneración de bosques, de cultivos, de pastos…

 Es cierto que el éxodo rural ha traído el abandono de actividades agrarias y ganaderas y la autoregeneración de masas forestales. Esto  ha conllevado la sustitución  de diversas especies animales  antaño abundantes  por otras  a las que las nueva situación favorece (corzo, jabalí, cabra montés….). Todo ello  ofrece vías de desarrollo en torno al sector servicios  en la forma de turismo de naturaleza,  demandado por un amplio sector de la sociedad urbana.

En la actualidad existen herramientas surgidas del,  como las llamadas Cartas del Paisaje, que posibilitan el debate social respecto  a cómo queremos  el lugar donde deseamos vivir.  Es una apuesta por fórmulas de participación pública garantes del consenso social sobre la planificación del futuro del territorio. Es cierto que se requiere de criterios y personal técnico para conservar y regenerar el paisaje, pero los objetivos deben surgir de esas apreciaciones de los habitantes, atendiendo a lo que el paisaje simboliza para ellos: un medio de vida, unos valores patrimoniales, una identidad, una espiritualidad.

La falta de participación pública en las decisiones sobre el territorio conlleva que esas voces disonantes sobre las líneas fijadas por los gobiernos  autonómicos  o locales sean recogidas con agrado por una amplia mayoría de la sociedad. No se desea  que la planificación  sobre el futuro del territorio, que la toma de decisiones trascendentales sobre el lugar donde hemos decidido vivir, surja de foros cerrados.  Ese es el matiz que marca la diferencia entre   democracia directa y democracia representativa.

*Colectivo Sollavientos