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Opinión

" El español y el paisaje" por Julio LLamazares

" El español y el paisaje" por Julio LLamazares

Jardín de Ricla, Santa Isabel Zaragoza. Foto Apudepa 2009

Durante siglos -escribe Álvaro Martínez-Novillo-, los españoles permanecimos ajenos al paisaje, avergonzados seguramente por la pobreza y la sequedad de los nuestros, comparados sobre todo con los del centro y norte de Europa. Se identificaba entonces, y aún se sigue haciendo hoy, lo verde con lo bello.

Así que fueron los extranjeros, en especial los viajeros románticos de los siglos XVIII y XIX que recorrieron nuestro país, los que nos descubrieron a los españoles, en opinión de Martínez-Novillo y de otros estudiosos de la historia del arte en nuestro país, el pintoresquismo de unos paisajes que, inéditos para ellos, consideraban de gran belleza, tanto más acentuada cuanto más alejada estaba de la de los de sus países de procedencia. La construcción del ferrocarril, que se generalizó en Europa a finales del siglo XIX, propició, por otra parte, que los españoles pudieran ver el paisaje de un modo estético, una mirada casi imposible hasta entonces por las penalidades que comportaban los viajes en diligencia o a lomos de caballerías por caminos llenos de polvo e infestados de bandoleros.

Fue así como nuestros escritores y pintores comenzaron a considerar aquél y a pintarlo y describirlo como lo que verdaderamente es: el gran espejo que nos refleja y que conforma nuestra sensibilidad. Asturias para Clarín, Cantabria para Pereda, Valencia para Blasco Ibáñez o Galicia para Rosalía se convirtieron así en referentes, en espejos que reflejaban y determinaban el carácter de sus personajes y no en simples decorados de sus vidas, como había ocurrido durante siglos a excepción, quizá, de Cervantes.

El cambio radical de esa visión (la del paisaje como determinante) se produce, no obstante, con los autores de la generación del 98. Ellos son los que, por primera vez, buscan la esencia de este país, como ya habían hecho años antes los viajeros románticos europeos, en los paisajes que los rodeaban. Unamuno la halló en Castilla, igual que el propio Azorín, y hasta alguno, como Ortega, quiso dotarle de universalidad: "Castilla -llegó a escribir-, sentida como irrealidad visual, es una de las cosas más bellas del universo".

Baroja, por su parte, mostró siempre una gran predilección por el que rodeaba a Madrid, corroborando así sin saberlo aquello que había dicho Unamuno de que no hay paisajes feos sino tristes, o lo que pensaba Ortega cuando consideraba un prejuicio no creer bellos más que los paisajes donde la verdura triunfa, y lo mismo le pasaba a Valle-Inclán, éste sin perder, es cierto, la memoria de las brumas y de los bosques y corredoiras de su Galicia natal.

Una mirada que encuentra correspondencia en escritores de otras regiones y en los pintores contemporáneos, como Regoyos, y que culminará en Machado, el verdadero descubridor del sentido literario del paisaje entre nosotros y el que le dio la importancia que ya tenía en otras culturas.

Así que, siendo verdad que nuestra tradición paisajística no es muy antigua, sí es importante a partir de entonces a pesar de los desprecios que todavía sigue obteniendo por parte de alguna gente en nuestro país.

El paisaje, que, como concepción estética, es una idea moderna (hasta el Renacimiento al paisaje se le consideraba un adorno más, el del telón de fondo del escenario en el que se desarrollaba la existencia humana), es visto por algunos todavía como algo insustancial e intrascendente, un elemento decorativo que sólo contemplamos y acogemos como tema algunos escritores y pintores sin demasiada imaginación. Como si los impresionistas franceses del XIX o los novelistas nórdicos carecieran también de ella o como si los escritores viajeros españoles, con Cela a la cabeza, necesitaran de los paisajes para suplir su falta de fantasía.

Desde el romanticismo, la idea del paisaje, que hasta entonces sólo era un decorado, el tapiz que completaba las pinturas profanas y religiosas y el escenario teatral, cambió radicalmente, convirtiéndose en un elemento más de éstos y no el menos importante ni el menor.

Los paisajes hasta entonces armónicos y felices sobre los que destacaban las figuras de Dios o de los hombres, que ocupaban el centro de las iconografías, se convirtieron en más presentes al tiempo que en más dudosos. Despojado de su fe, el hombre, que atravesó la historia apoyado en ella, pasó a entender de repente que ya no era el centro del mundo y que el paisaje era determinante tanto para su vida como para su sensibilidad. Y, también, que la naturaleza, hasta entonces representada de un modo idílico, como correspondía a su carácter puramente ornamental, no era ya aquel lugar fabuloso en el que el hombre vivía feliz, sino el espejo que reflejaba sus ilusiones, sus sueños y sus temores. De ahí que las ruinas (reales o artificiales), los paisajes solitarios y vacíos, los cielos limpios o amenazantes, los océanos inmensos o los desiertos atravesados por una luz cegadora sustituyan poco a poco en sus poemas y en sus cuadros a los amables paisajes clásicos en los que todo estaba en su sitio, desde los hombres a los animales, confirmando de ese modo lo que la humanidad ya sabía desde su origen, pero que se había empeñado en negarse tras los muchos subterfugiosreligiosos o profanos inventados para ello: que el hombre es un elemento más del paisaje, por más que les duela a muchos.

Sorprende, por eso mismo, que, a dos siglos ya de ese descubrimiento y después de toda la producción filosófica, artística y literaria que se ha generado a partir de él, en España se siga viendo el paisaje con cierto distanciamiento, incluso con displicencia, tanto a nivel cultural como sociológico.

Cierto que muchas personas lo consideran fundamental para su realización vital y que hay artistas que han hecho de él el motivo central de sus creaciones, pero, por lo general, al español el paisaje le resulta indiferente, cuando no directamente un obstáculo para sus pretensiones de desarrollo, que circunscribe normalmente a lo económico.

Sólo así puede explicarse la destrucción progresiva a la que lo somete, tanto con obras públicas como privadas, no siempre necesarias y a veces incomprensibles (y que contrasta con el respeto que el paisaje recibe en otros países), y sólo desde esa perspectiva puede entenderse el desprecio que el paisajismo, como concepción estética, merece generalmente por parte de una crítica ignorante que considera aquél algo secundario y de una sociedad para la que el paisaje es sólo lo que se ve por la ventanilla al pasar en coche.

Ahora que la crisis económica ha detenido de golpe la destrucción a la que nuestro país ha sometido durante décadas los diferentes paisajes de nuestra geografía, quizá sea la ocasión de replantearse el modo en el que los españoles contemplamos el mundo que nos rodea, tan alejado del de nuestros vecinos.

Basta mirar por televisión cualquier carrera ciclista, cualquier documental de divulgación o viajes (y no digamos ya viajar directamente, cosa que en estos momentos están haciendo muchos compatriotas) para darnos cuenta de hasta qué punto todavía hay una enorme diferencia entre los españoles y otros europeos en el cuidado de la naturaleza y del aspecto de nuestras ciudades, que también son paisaje aunque muchos arquitectos no parezcan comprenderlo.

Y, sobre todo, quizá sea la ocasión para que nuestros gobernantes también entiendan que los paisajes, esos espejos en los que nos reflejamos todos y que condicionan, por ello mismo, nuestro carácter, son tan valiosos para nuestra felicidad como la sanidad o la educación, aunque solamente sea porque influyen en nuestro ánimo tanto como las condiciones de vida.

Y es que ya lo dijo Josep Plà, el gran divulgador del paisaje ampurdanés, en el que nació y vivió: lo que diferencia al hombre del resto de los animales, aparte de la capacidad de pensar, es la de disfrutar del paisaje; es decir, de mirar el paisaje con mirada inteligente.

Julio Llamazares es escritor.

 

La justicia podrida de un estado podrido (el caso Camps)

La justicia podrida de un estado podrido (el caso Camps)

El Presidente de la Generalitat Francisco Camps con su amigo magistrado Juan Luis de la Rúa.

Si usted es empresario, de la construcción o no, y desea obsequiar con algún presente a alguno de nuestros mandamases, no se resista: los Tribunales de Justicia interpretarán que lo hace usted por efusión del espíritu, afán de comunión humana y amor al prójimo.

Si de usted dependen los contratos millonarios de toda una administración pública y recibe en amorosa ofrenda algún tipo de regalo de empresarios que participan en los concursos que usted convoca, no se resista: los Tribunales de Justicia interpretarán que lo hace usted por cortesía y respeto a los “usos sociales”.

El mamoneo español es por todos conocidos y nos caeríamos de un guindo si ahora pensáramos que es necesario explicarles a ustedes, queridos amigos del Blog, cómo funcionan estas cosas. Lo cierto es que, por lo que a nuestra actividad afecta, creemos que los estudios que en el futuro se hagan sobre el urbanismo español y la obra pública de estas décadas no serán nunca completos si no se tienen en cuenta las prácticas corruptas que son el aeiou de la gestión pública y la intervención privada. Comidas, viajecitos, fiestas, obsequios, maletines… No hace falta ser diputado para saberlo: cualquier profesional del ramo de la arquitectura o la obra pública conocerá hasta qué punto está extendida la comisión y la palmadita en la espalda, que llegan y se transmiten casi hasta los becarios. Lo extraño es que no explote todo de una vez y fuertemente.

El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana acaba de emitir un auto en el que considera que, pese a que el presidente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, recibió regalos valiosos de una vasta red corrupta (actualmente investigada por el Tribunal Supremo y otros tribunales de Justicia), no es posible probar que los recibiera “en función de su cargo” tal y como prescribe el tipo penal. Dice el auto (que cuenta con voto particular del magistrado Juan Montero) que “no cabe en el ámbito del Derecho Penal estimar que pueda existir un automatismo genérico en considerar que la conducta de admitir una dádiva por una autoridad o funcionario público (…) implique (…) que necesariamente se realiza ‘en consideración de su cargo’”. Es decir, que cuando el señor Camps y el resto aceptaban regalos de la red corrupta lo hacían en nombre propio y en nada les afectaba para tomar las posteriores decisiones referentes a los contratos públicos. Y lo que es mejor, los jueces afirman que el presidente de la Generalitat Valenciana, y el Vicepresidente del Consell, entre otros, no tenían “por objeto de su cargo o función ninguna relación o competencia respecto de la adjudicación de contratos”. Es claro: por todos es sabido que un Presidente no tiene vela en el entierro de los contratos de su Gobierno.

Lo más interesante del auto es, con todo, la aceptación de que existen en España unos usos sociales que fundamentan todo un mercado del obsequio que, por lo que se ve (pese a mover millones de euros ¿facturados?), es inocuo y fruto de la proverbial cortesía española. Dice el auto:

 “Igualmente se viene señalando doctrinal y jurisprudencialmente (STS 13 de junio de 2008) que existen supuestos en que la conducta puede no ser típica, como en el caso de que venga a ser generalmente admitida por los usos sociales. Así, existen supuestos en los que no resulta fácil la delimitación de la relevancia típica de determinadas acciones, pues la existencia de módulos sociales generalmente admitidos en los que la aceptación de regalos o actos de cortesía forma parte de la normalidad de las relaciones personales, obliga a un esfuerzo para discernir cuándo determinados obsequios adquieren carácter típico y cuando pueden inscribirse en el marco de la adecuación social”.

Es decir, que si se pone de moda regalar chaletes o yates o viajes a la Polinesia (porque los políticos suelen ser horteras) a los diputados y consejeros, su adecuación a tales usos sociales será suficiente causa para dejar tales hechos fuera del tipo penal. Tal es el razonamiento del Tribunal Superior de Justicia de Valencia.

Creemos que, si dudáramos públicamente de la honorabilidad de los señores magistrados Juan Luis de la Rúa y José Francisco Ceres, podríamos cometer un delito muy superior al del presidente de un Gobierno que acepta regalos de empresarios que se presentan a sus concursos públicos. Por ello, no lo haremos. Aunque está en los usos sociales españoles considerar corrupto al más pintado. Pero nosotros no lo haremos.

Esta es la Justicia que a España le cae como a un guante. Una Justicia comprensiva con la cortesía del caballero español y con unos usos sociales que están muy por encima de un quisquilloso y aguafiestas Código Penal. ¿Recibirá cortesías la Justicia española? Está claro que si las acepta, no será en consideración de su cargo o su función.

 

APUDEPA Summer

APUDEPA Summer

APUDEPA se pone refrescante, como el discurso oficial, los periódicos, los programas de la tele, la música de los supermercados, los folletos publicitarios y el merchandising. Nos hemos vuelto aún más participativos y comunicativos. Interactivos, en definitiva, oigan.

Y es que, en verano, se hacen habituales las vacaciones, las visitas, los viajes. Desde APUDEPA queremos hacer un llamamiento a todos nuestros socios, amigos, simpatizantes y lectores para hacer entre todos este Blog de verano. Más cerca o más lejos, en nuestra ciudad, en el campo o en la sabana, todos tendremos la oportunidad de acercarnos al patrimonio cultural con algo más de tranquilidad. Lo que pretendemos con este “APUDEPA verano” es poner en común nuestras experiencias, para que conozcamos cómo se conserva el patrimonio cultural en otras Comunidades, países y continentes.

Os rogamos que tengáis los ojos abiertos, los poséis sobre el patrimonio y nos hagáis llegar vuestras miradas. Esperamos vuestras crónicas, fotografías, recomendaciones, anotaciones… Las podéis hacer llegar al correo de APUDEPA (apudepa@gmail.com). A ver si entre todos nos hacemos una idea de cómo está el mundo...

 

A VUELTAS CON EL “ESPACIO GOYA"

A VUELTAS CON EL  “ESPACIO GOYA"

Alumnos de la Escuela de Artes de Zaragoza. Foto Heraldo de A.  junio 2007

A VUELTAS CON EL "ESPACIO GOYA: CONSERVACIONISTAS Y CRÍTICOS"

Este artículo se ha publicado en Heraldo de Aragón, hoy 16 de julio del 2009*

El día 7 de mayo de 2009 en el suplemento de ARTES Y LETRAS de Heraldo de Aragón se publicó un artículo titulado "ESPACIO GOYA: UN ESPACIO PARNASIANO" firmado por Ricardo Marco, arquitecto. Su autor centra  el texto  en  la transformación de la Escuela de Arte de Zaragoza, obra del aragonés Félix Navarro de 1908, en el Espacio Goya, obra amparada por el Gobierno de Aragón a partir del concurso restringido que ganó en el 2006 el estudio Herzog y de Meuron; se declara ferviente admirador de  los suizos  y alaba la elección oficial de un  proyecto que describe en una extraña mixtura como arqueológico y crítico (?). Define al respecto  el autor cuatro posicionamientos técnicos pero puestos a identificar grupos Apudepa  añadiríamos  a muchos ex alumnos del edificio Escuelas que encuentran en el mismo un elemento identitario de cultura, así como  otros muchos ciudadanos que se sienten vinculados a su historia: Memorial de Héroes; Exposición Hispano Francesa; centro de educación y sala de exposiciones contemporánea. ¿De dónde se cree Ricardo Marco que salieron esas más de 20.000 firmas, recogidas por la Asociación en Defensa de  Emplazamiento y Uso Histórico de la Escuela de Arte (ADEEA) y el severo encierro de muchos alumnos en el verano del 2006? Apudepa apuesta por el edificio histórico, su uso y sus usuarios, en este caso centrado en lo educativo.

 En el texto detectamos  una fuerte subjetividad  al no situar el edifico docente de Navarro  en el Conjunto Histórico ni en el Catálogo de Edificios Históricos del PGOU de Zaragoza  como  Bien de Interés Monumental que es. En consecuencia, elude la legislación en materia de patrimonio cultural. ¿Con qué  derecho nos hace "renunciar", en materia de patrimonio cultural,  a la Constitución española y a la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985,  que es "conservacionista" (art. 39), al igual que la Ley de Patrimonio Cultural Aragonés de 1999?  En la práctica el catálogo debería suponer el derecho y deber de mantenimiento  del  valor  inherente al bien cultural a conservar. Marco sitúa al proyecto de Herzog y de Meuron entre una intervención arqueológica,  para el edificio en general, y de restauración crítica (de diseño moderno  o transgresor) para las salas anclas. Nosotros decimos directamente que no nos lo creemos pues según deducimos del proyecto de Herzog  van a quedar poco más que los cuatro muros de carga perimetrales de la fachada y los correspondientes al patio, puro "fachadismo" o casi un "falso histórico" en términos profesionales. Habrá una restauración crítica en el más duro diseño moderno. En suma, para que nos entiendan, el edificio de Navarro será irreconocible y  resulta difícil asimilar que el propio proyecto del Espacio Goya sea el resultado de dicha propuesta. ¿Será posible tanto papanatismo en la ciudad?

Para que no quepa ninguna duda diremos que Apudepa sí se posiciona en la opción "conservacionista"  y no en la "restauración arqueológica" (una bella mentira)",  que de forma  manipulada nos atribuye Ricardo Marco, expresión concreta con la que Apudepa no se  identifica, mientras él   se posiciona  a favor de la restauración crítica. En suma, aclararemos que la opción conservacionista, que responde básicamente al denominado Restauro Científico, de origen italiano,  tiene una fecunda trayectoria que en España introdujo durante  la II República la importante figura del arquitecto L. Torres Balbás en la Alhambra de Granada. La victoria franquista dio al traste con esos planteamientos  y en España se impuso una heterodoxia que hizo rechinar casi todos los cimientos de la restauración conservacionista (salvo contadas excepciones), a la par que las facultades obviaron toda docencia en materia restauradora y en paralelo se fue introduciendo  la nueva doctrina italiana del Restauro Crítico, aportada por C. Brandi, opción restauradora revisada  "a  la española"   en un momento, el de la transición democrática española, al que se adscribieron sin formación específica ingente número de arquitectos. De todo ello resultó "un totum revolutum" que España ha digerido como ha podido, lo que ha conllevado intervenciones que han supuesto, a veces, la transformación abusiva del objeto teóricamente a restaurar. Es la impronta del diseño moderno en edificios históricos, que como tal en ocasiones  dejan de serlo, el referente del restauro crítico, de transgresión amparada en el éxito asegurado del edificio histórico. Zaragoza ha sido, y es, una ciudad conservadora con un planteamiento contradictorio: para  las iglesias aplica una intervención conservacionista  como se puede observan en los templos,  y para la arquitectura civil en general emplea la demolición (salvo dignas excepciones), el  fachadismo o la restauración crítica en el mejor de los casos. Como ejemplo de esta última opción están los antiguos  palacios del actual colegio de arquitectos y  Museos Camón Aznar y  Pablo Gargallo. Hoy día Casa Tarín lleva el mismo paso.

Nos  desconcierta  Marco con tanta admiración por Hergoz y de Meuron y tan poca por Félix Navarro.  Nada dice sobre  la destacada biografía del arquitecto aragonés, a quien en su época llamaban el "arquitecto filósofo",  profesional de talante abierto e ilustrado, cuya trayectoria ha  quedado bien reflejada en el libro del Colegio de Arquitectos de Zaragoza, "Felix Navarro. La dualidad audaz".   Es duro aceptar con qué cierto desafecto Marco define el edificio de la Escuela de Arte como ecléctico espureo (sic),  ampliado por L. de la Figuera en 1936, ¿No hubiera sido más apropiado que lo hubiera clasificarlo como arquitectura historicista?, obra de calidad de la casi última generación formada en un academicismo riguroso y de alto valor constructivo. ¿Acaso Navarro no tuvo que someterse a  un encargo oficial de la Subcomisión de Obras de la Exposición Hispano Francesa de 1908? Obvia el autor del artículo el importante valor documental de una arquitectura orgánica llena de vida a través de unos amplios espacios pensados para talleres y aulas, en suma, una esperanzadora  escuela pública de artes  y oficios que hacía posible  incorporar,  por fin, a todas las clases sociales, un modelo pedagógico que   da  tantos  frutos en Zaragoza. La antigua Facultad de Medicina, la Escuela de Arte y Oficios, el colegio público Gascón y Marín y  el de Joaquín Costa  son cuatro hitos en cincuenta años de la Historia de la Educación Pública.

La experiencia nos indica que quien no honra la memoria y el trabajo de Félix Navarro tampoco admirará en el futuro la trayectoria de ningún arquitecto relevante, sea quien sea, aunque sea un transgresor moderno, como  Zaragoza ya lo ha  demostrado con   el  Rincón de Goya, obra del arquitecto aragonés José García Mercadal (1928), arquitectura del Movimiento Moderno que nunca asimiló como propia a pesar de ser un icono de la vanguardia  española y mundial, referencia inexcusable sobre el tema.

Exigimos voluntad política en el recto ejercicio del poder porque  es una condición imprescindible para sacar proyectos consensuados entre profesionales y  la opinión pública porque son garantía de éxito, económicos y propios de una sociedad más culta.  En suma, proponemos evitar el derroche en tiempo de crisis, respetar  un buen ejemplo de arquitectura civil historicista y apostamos para que se propicie una salida cabal al futuro Espacio Goya.

¿Por qué no abordar la recuperación del emblemático  edificio racionalista  y los jardines de García Mercadal como Espacio Goya? Otra alternativa sería el palacio de Fuenclara. Apudepa boga por una política de mantenimiento y respetuoso tratamiento del patrimonio cultural. La buena gestión se la debemos ahora a la Memoria de Goya.

Belén Boloqui (Apudepa)

* La versión que aquí presentamos es la original

 

José Luis Arce: Una triste historia

José Luis Arce: Una triste historia

Con estas mimbres tenemos que hacer cestos, así que entenderán Vds. que el patrimonio cultural en Aragón ni cuente ni interese. Los negocios de la administiración, no para bien de la ciudadanía, apuntan hacia otro lado: el suelo y  las empresas, aunque las de la administración sufran mala gestión, falta de profesionalidad y pérdidas millonarias  En este mes se han aprobado la Ley Urbanística de Aragón y la de Ordenación del Territorio y  está a punto de aprobarse la del Ocio y Centros de Alta Capacidad, todas ellas un fiasco para la colectividad. Añadan ahora cómo se gestionan las empresas públicas según  J.L.  Arce en Heraldo de Aragón.

LA TRIBUNA. Basta ver las hemerotecas para comprobar cuánto fallido, cuánto desastre, cuánta enga­ñifa, ha ido poblando la estela de nuestra historia económica pública.

Por José Luis de Arce,  Heraldo de Aragón 21/6/2009

Una triste historia

«Está por escribir la triste historia de los fiascos de las empresas públicas de Aragón en 30 años y la falta de controles»

 NO voy a dar detalles ahora, porque tengo la es­peranza -y ya hay algún indicio de ello- de que la penosa historia de la empresa pública arago­nesa promovida desde diferentes órganos de los poderes públicos en los últimos treinta años sea recogida en una demoledora tesis doctoral que ponga de manifiesto la inepcia y las corrup­telas que han acompañado en estas décadas a la promoción de un sector público auspiciado por diferentes gobiernos y que, en genera), han supuesto un dispendio disparatado de recur­sos, una dilapidación de oportunidades, y un ridículo tremendo de los equipos que han regi­do las áreas económico-industriales.

Los fiascos han sido innumerables y constan­tes, por más que desde el poder se haya trata­do de extender un tupido velo de desinforma­ción y ocultación de responsabilidades; los fra­casos empresariales son de traca, explotando, como en las tracas verdaderas, uno tras otro los petardos de aventuras pseudo inversoras y pseudo empresariales que han debido dejar "grogui" a más de un consejero sin que aquí na­die haya movido una pestaña y nadie, como es natural, haya sido capaz de reconocer su incom­petencia que nos ha costado a todos dinero, prestigio y credibilidad. Y no quiero entrar en si se las han llevado crudas, o no, o quien se las ha llevado; pero lo cierto es que las aventuras empresariales públicas han dejado más aguje­ros que un queso de gruyere.

Basta ver las hemerotecas para comprobar cuánto fallido, cuánto desastre, cuánta engañi­fa ha ido poblando la estela de nuestra historia económica pública, con la complicidad, la par­ticipación y el aplauso de nuestras más dignas organizaciones e instituciones, que han tenido que recoger velas tantas veces y cargar a su cuenta de resultados los "marrones" en que se han visto embarcados por amiguismos, embus­tes, montajes o complacencias interesadas. Es­tá por escribir, sí, esta triste historia de los naufragios empresariales que han sido una constante están por anotarse los nombres y apelli­dos de los responsables de tanta veleidad; está por explicarse por qué no se han instalado los mecanismos de control establecidos en cual­quier democracia que se precie, como los tri­bunales de cuentas, que aquí están durmiendo un inicuo y culpable sueño de los justos porque no interesa su presencia; están por hacerse tras­parentes la gestión y las cuentas de tanto insti­tuto, corporación, empresa, sociedad o instru­mento al servicio de la política partidista y hui­dizo de los controles parlamentarios y sociales al socaire de no sé qué interpretaciones sesga­das y para encubrir peligrosas connivencias que el público no debe conocer.

Ya sé que puede ser perder el tiempo; pero se­ñalar una de las lacras que hemos soportado en nuestra economía y en nuestras finanzas, administradas muchas veces por aficionados e in­competentes y pedir que alguien lo explique, aunque sean los historiadores del mañana -los de hoy no están por la labor, ni saben ni con­testan- me parece un derecho ciudadano al que no debemos renunciar. Vamos a ver qué dice esa tesis, si es que se hace pública.

 

EL CODIGO DEL BUEN CORRUPTO

EL CODIGO DEL BUEN CORRUPTO

Quería poner solo el CODIGO DEL BUEN CORRUPTO, pero no he podido evitar unas palabras que he leído en el mismo periódico, que sirven a modo de introducción. Es una entrevista al Alcalde de Teruel, Miguel Ferrer, del PAR (Heraldo de Aragón, 14-junio-2009, pág.22) lean, analicen y opinen:

(…) Un alcalde a veces bordea la legalidad, porque, si no, muchas cosas no se harían. Dicho esto, creo que la ley está para cumplirla y no para apropiarse de lo que no es de uno. Lo que tiene que hacer un partido es abordar los casos de corrupción y tratar de que no se produzcan, aunque puede ocurrir en todos los partidos. Que, de cientos de alcaldes, uno o dos hayan hecho algo irregular, lo que está aún por demostrar, no quiere decir nada.

-¿Se sintió salpicado por el caso de Herrera por la participación de su hijo como arquitecto en el proyecto de la residencia de la tercera edad?

-Como consejero, di subvenciones a muchos municipios. Cuando dejé la consejería, en uno de esos proyectos trabajó mi hijo. Pero no tendría sentido que no pudiera trabajar en ningún proyecto de Aragón. Yo no era consejero cuando mi hijo redactó el proyecto.(…)

Otra cosita más. Este decálogo debería ir acompañado por un ARGUMENTARIO  a utilizar cuando te pillan, que ya existe y no es difícil de intuir…….

 

 

 

Heraldo de Aragón

Domingo 14 de junio de 2009-06-14 Pag. 28

LA OPINION

EL CÓDIGO DEL BUEN CORRUPTO

Por Angel Garcés Sanagustín, profesor de Derecho Administrativo

Muchos de los implicados en los escándalos de corrupción dan la impresión de seguir al pie de la letra un tácito código de conducta del político corrupto.

Hay una pandemia en los boletines oficiales de normas pastorales, es decir , de preceptos de escaso o nulo valor jurídico que irradian principios éticos, que exhortan a ser mejores. Los códigos del buen gobierno afloran por doquier, aderezados por una exhaustiva enumeración de principios éticos y de conducta. No obstante, el quehacer diario de muchos políticos se adecua a lo que podríamos llamar código del buen corrupto. Solo hay que analizar las declaraciones de los “presuntos” de toda clase, color y condición para describir un manual de actuación que gira en torno al siguiente decálogo.

PRIMERO. Todo lo que firmes debe venir avalado por un técnico. Previamente , habrás conseguido que la estabilidad del técnico en su puesto dependa de tu libre albedrío.

SEGUNDO: Si te parece insuficiente el aval técnico, no dudes en recabar el aval científico. Para ello dispones de innumerables centros, públicos y privados, dedicados presuntamente ala educación superior. Cuantas más universidades menos Universidad. Cuantos más universitarios menos Universidad.

TERCERO: Si te pillan no dimitas nunca. Sería entendido como un signo de debilidad y, lo que es peor, como un reconocimiento implícito de culpabilidad.

CUARTO: niega lo evidente. Cuanto más graves sean las imputaciones más debes apelar a la tranquilidad de tu conciencia.

QUINTO: Defiende tu presunción de inocencia a capa y espada. Agota las vías judiciales, acude al Constitucional y, si es preciso, plantea un recurso ante el Tribunal de Estrasburgo. Apela, en última instancia, a la justicia divina. Siempre te quedará la invocación a Dios y a la Historia.

SEXTO: El inevitable paseíllo a la entrada de los juzgados debes hacerlo acompañado de una cuadrilla. Debes entrar arropado por los vítores de tus correligionarios y conmilitones, que portarán banderas y estandartes de tu comunidad autónoma o de tu pueblo. No olvides insistir en que los hechos que se te imputan son un agravio para tu comunidad, a la que sirves con denuedo.

SEPTIMO: las urnas sanan y subsanan cualquier responsabilidad política. El Estado de derecho decae ante cualquier convocatoria electoral. Contrapón legitimidad democrática y legalidad democrática. Piensa al respecto en personajes como Hugo Chávez, que consolida su poder autoritario a golpe de cita electoral.

OCTAVO: Denuncia  con vehemencia que eres víctima de una conspiración. Tus rivales no soportan tu éxito e intentan alcanzar a través de los juzgados lo que no consiguen en las urnas.

NOVENO: No faltes a ningún festejo, romería o morería convenientemente vestido para la ocasión. Mimetízate con el pueblo.

DECIMO: Recuerda que fuera de la actividad política no tienes futuro. Ni pasado.

Katharine Hepburn, en la excelente película de Capra titulada “El estado de la unión”, espeta a la plana mayor del Partido Republicano la siguiente frase: “Vosotros, los políticos, sois profesionales porque los votantes siguen siendo unos aficionados”. Ya se sabe, la perenne actualidad del cine clásico.

 

 

 

 

 

El saludo ideológico a través de los tiempos

El saludo ideológico a través de los tiempos

FORGES: EL SALUDO IDEOLÓGICO A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS

Y nosotros apostillamos: mas vale una imagen que cien palabras. Pues eso, fin de la trilogía "imaginaria".  Apudepa

Campaña logotipo Zaragoza

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Hace falta ser inútil o venir de fuera para tardar nueve meses que las señas de identidad de Zaragoza son las mismas que las de una inmobiliaria (Cano).

Una ciudad democrática, glamurosa, “fashion y moderna es la  que  no hace nada a espaldas de  sus vecinos y no los engaña:  consulta sus propuestas  y  en paralelo  se hace eco de sus  inquietudes  y acude a sus eventos  para escuchar y relacionarse de igual a igual;   de forma semejante plantearía  sus relaciones con todo tipo de profesionales, sin discriminaciones,  y  por su puesto está al tanto de lo que se hace en otros lugares de vanguardia. También la que acoge y potencia una sociabilidad de iguales, honesta, educada y  culta; una ciudad políglota y universal; la que  no trampea con pactos secretos ignominiosos  y realmente hace lo que dice va a hacer;  la que genera confianza entre sus administrados;  la que confía en sus equipos técnicos a los que da pie para desarrollar sus ideas más brillantes; la que programa y potencia actos culturales creativos; la que desarrolla una gestión urbanística impecable potenciando la ciudad consolidada representada por su centro histórico y barrios;   la que cuida su medio ambiente evitando el alza de la emisiones de gases;  la que atiende sus parques y su  relación con los vecinos;   la que plantea y mejora  el transporte público de forma eficiente; la que cuida su paisaje periurbano tradicional y la que no aprovecha ciertos acontecimientos de masas para  objetivos inconfesables.   

Una ciudad moderna es la que corta de raíz cualquier atisbo de especulación inmobiliaria, la que tiene siempre por norte el beneficio de sus administrados, la creativa y culta, laica, ahorradora y eficiente.

                                                           APUDEPA

 

Una ciudad democrática, glamurosa, “fashion y moderna es la  que…   anímese amable lector y participe con su comentario…