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APUDEPA

APUDEPA Summer

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APUDEPA se pone refrescante, como el discurso oficial, los periódicos, los programas de la tele, la música de los supermercados, los folletos publicitarios y el merchandising. Nos hemos vuelto aún más participativos y comunicativos. Interactivos, en definitiva, oigan.

Y es que, en verano, se hacen habituales las vacaciones, las visitas, los viajes. Desde APUDEPA queremos hacer un llamamiento a todos nuestros socios, amigos, simpatizantes y lectores para hacer entre todos este Blog de verano. Más cerca o más lejos, en nuestra ciudad, en el campo o en la sabana, todos tendremos la oportunidad de acercarnos al patrimonio cultural con algo más de tranquilidad. Lo que pretendemos con este “APUDEPA verano” es poner en común nuestras experiencias, para que conozcamos cómo se conserva el patrimonio cultural en otras Comunidades, países y continentes.

Os rogamos que tengáis los ojos abiertos, los poséis sobre el patrimonio y nos hagáis llegar vuestras miradas. Esperamos vuestras crónicas, fotografías, recomendaciones, anotaciones… Las podéis hacer llegar al correo de APUDEPA (apudepa@gmail.com). A ver si entre todos nos hacemos una idea de cómo está el mundo...

 

La importancia de las Asociaciones locales: el ejemplo de Banzo Azcón, en Luna

La importancia de las Asociaciones locales: el ejemplo de Banzo Azcón, en Luna

Fotografía www.aragondigital.es. APUDEPA es muy consciente, desde su nacimiento, de la necesidad de asociar la Defensa del Patrimonio a la Defensa de un saludable entorno de vida. Somos los ciudadanos de nuestros respectivos pueblos y ciudades los que más debemos de ejercer un control sobre las políticas aplicadas por nuestros gobiernos y demás poderes. Actuar en consecuencia y preocuparnos por el estado de salud de nuestro patrimonio y nuestro entorno.

El medio rural, por las especiales características que lo hacen débil en la supervivencia económica y social frente al mundo de las grandes ciudades, debe concentrar buena parte de las energías. Sólo así nos aseguraremos el verdadero equilibrio que vertebra el territorio y lo enriquece para beneficio de todos. El primer principio que defendemos en APUDEPA es que los recursos del territorio deben de ser explotados en beneficio del propio territorio, y no de agentes externos que absorben la riqueza dejando un camino esquilmado.

Hay que asegurar empleo en el medio rural, pero también servicios y equipamientos. Confiar estos últimos a la explotación del suelo, a la población y a la extensión territorial es un claro error de partida. El medio rural necesita un efectivo y contundente aumento del gasto social.

En Aragón hay muchas asociaciones que trabajan en el inmediato territorio, en el entorno más cercano. Muchas de ellas con un trabajo realmente meritorio y digno de alabanza: la Asociación Sancho Ramírez, la Asociación de Amigos de Serrablo o la Asociación Banzo Azcón, en Luna. Un papel muy importante en la reflexión sobre la situación del mundo rural lo juega el colectivo Sollavientos, en Teruel, del que hemos dado cuenta en diferentes ocasiones en este Blog.

Hoy queremos hablar de la buena labor realizada por la Asociación Banzo Azcón, de Luna, que se está convirtiendo en una de las más activas y reivindicativas de Aragón. Luna es una muy interesante población de las Cinco Villas con un gran patrimonio a disfrutar, descubrir y conservar. Y la Asociación está poniendo fuerte empeño en dar a conocer a todos, pero principalmente al resto de vecinos, el inmenso valor de un entorno hermoso y saludable.  Muy importante es también la labor de apoyo que APUDEPA realiza. Fruto de la relación de APUDEPA con la Asociación fueron las peticiones oficiales para la catalogación de la ermita de Yecra y para la restauración del edificio y del castillo. También la batalla para la conservación del caserón Sanz, magnífico edificio barroco de estilo civil aragonés. Por su parte, la Asociación lleva unas semanas de mucha actividad, dando parte del descubrimiento de un posible yacimiento de icnitas, denunciando los problemas estructurales de la magnífica iglesia de San Gil, inaugurando un punto de información turística y, últimamente, trabajando voluntariamente en la conservación de un puente medieval.

Esta última acción nos parece especialmente interesante, porque viene a poner el acento en la importancia de que los vecinos cuidemos el patrimonio que tenemos más cerca, con simples acciones de limpieza, control y desbroce. Estas actividades deberían llevarse a cabo en todos los pueblos, en relación con elementos hoy en día muy abandonados, como fuentes, ermitas, acequias, tapias, jardines… Sin duda, la Asociación Banzo Azcón es un ejemplo a seguir. Desde aquí nuestra enhorabuena.

 

Me llora el monte

Me llora el monte

Me sangra el pino y la carrasca.

 

Me encierran el corazón,

me estampan el alma...

 

De brasas y calibos hechos miedo,

de triste Cañadilla vacía, y humo,

y olor de desesperación,

y harto de rayos y truenos,

y de inocencia perdida,

y de gestores ancianos

que ven la vida desde azoteas de cemento.

 

Me llora el monte,

me sangra el pino y la carrasca.

 

De alcalde joven con lágrimas en los ojos,

de heróico pasaje, bombero y voluntario,

de anodina chispa que todo lo arde.

 

Me llora el monte,

me sangra y el pino y la carrasca.

 

Y al alba que fue la noche,

y la noche que fue el alba,

unos ojos,

abiertos,

un mensaje de esperanza."

 

Víctor Manuel Guíu Aguilar, el Mestizo

http://mestizo.blogia.com

La ermita de San Bartolomé de Bergua (siglo XI, Broto, Sobrarbe), restaurada tras las gestiones de APUDEPA

La ermita de San Bartolomé de Bergua (siglo XI, Broto, Sobrarbe), restaurada tras las gestiones de APUDEPA

Este verano nos trae una gran noticia para todos los aragoneses pero en especial, si nos lo permiten, para José María Satué y para APUDEPA. Con un amor inmenso por su tierra, José María lleva años luchando tenazmente para que sean efectivas las restauraciones de las iglesias de Otal, Bergua y Escartín, situadas en el antiguo Reino de Sobrarbe y no desaparezcan definitivamente, en consecuencia. APUDEPA lleva años liderando ante las administraciones, de la mano de Satué, la lucha por la recuperación de tan valioso patrimonio olvidado. Finalmente, tras innumerables gestiones, solicitudes y reclamaciones, PRAMES, empresa participada por el Gobierno de Aragón, ha acometido la restauración de la iglesia mediante la construcción de una cubierta a base de una estructura interior de madera, según el tipo original de mediados del siglo XI. Presupuesto: 62.910,63 euros. En Bergua están los orígenes del románico en Aragón. ¡Bien ha valido la pena el esfuerzo! APUDEPA se siente muy feliz y agradece sinceramente el gran trabajo de José María Satué.

La ermita de San Bartolomé de Bergua, restaurada

Por José María Satué,  natural de Escartín (Sobrarbe)

En la parte alta del pueblo (encima de la pista) están los restos de la ermita de San Bartolomé, de gran valor artístico, que ha sucumbido ante la desidia y el abandono, a pesar de estar catalogada por el Gobierno aragonés como Bien de Interés Cultural desde el 2 de octubre de 2001 (BOA del 29-X-2001), reconocimiento obtenido gracias a las gestiones realizadas por el oscense Adolfo Castán Sarasa, tras un completo estudio del monumento. En sus muros se combinan el sillarejo, la mampostería, sillares trabajados en las aristas, junto a tramos renovados con piedra seca. Tiene planta rectangular (11x5,5 m. aprox.), orientada al NE., con cabecera triabsidial plana: los dos ábsides laterales más retirados, comunicados con el central, de mayor luz y altura, a través de dos vanos simétricos con arcada semicircular, disponiendo cada uno una ventanita, con derrame interior, bóveda capialzada rebajada, dintel al exterior y perfil escalonado en la base.

La nave tenía una armadura de madera y tejado de lajas a dos vertientes, mientras que los tres ábsides están cubiertos con bóveda de medio cañón. El suelo está empedrado con cantos rodados, que componen motivos geométricos. La puerta de acceso se abre en la fachada N., con un tímpano monolítico al exterior, a modo de arco rebajado; junto al tímpano se dispuso un dintel de madera y otro más de piedra, tallado en una sola pieza, al interior; y las jambas están formadas por sillares de gran tamaño, bien trabajados.

Hasta hace poco todavía se apreciaban los restos de pinturas murales (tonos negros y ocres) de tipo popular, que decoraban los paños frontales y laterales de los ábsides, entre las que se podía distinguir: un Calvario completo(la Crucifixión, la Virgen y san Juan), san Bartolomé(portando un cuchillo en la mano diestra y una cadena en la zurda), san Sebastián(atado a un árbol, cuerpo lleno de flechas), san Cristóbal(de grandes proporciones, atravesando un río). Además hay algunos curiosos grabados en los sillares, como en uno de la puerta: representa una figura humana en forma esquemática que porta una tea o vela en su mano derecha, una cruz en la izquierda, otras cruces sobre los ojos, el sexo, brazos y costado izquierdo, con una especie de aureola sobre su cabeza.

Para el Prof. Antonio Ubieto Arteta ("Historia de Aragón. Los pueblos y los despoblados". Vol. I-II-III. Anúbar. Zaragoza. 1985), "San Bartolomé de Bergua es un edificio singular por la original concepción de su cabecera tripartita, sin parangón en el Alto Aragón, difícil de catalogar por la falta de referencias estilísticas y documentales, que bien pudiera datarse en el siglo XI". En 2003, el también Prof. de la Universidad de Zaragoza Bernabé Cabañero Subiza ("Nuevos datos sobre la recepción de los modelos del arco alpino en las iglesias del Gállego: San Bartolomé de Bergua". Separata del Seminario de Arte Aragonés XLIX/L. Institución Fernando el Católico (C.S.I.C.). Zaragoza, 2003), publicó un análisis exhaustivo de las evidentes influencias de algunas iglesias carolingias del arco alpino (Este de Francia, Suiza y Norte de Italia) en las iglesias del Gállego y San Bartolomé de Bergua, además de sus semejanzas con la iglesia de San Julián de Asprilla (hoy Santa Isabel de Espuéndolas, Huesca), confirmando la cronología de la misma a mediados del siglo XI, entre los años 1040 y 1050. Concluye el estudio diciendo que "es de desear, dada la singularidad de esta iglesia, su pronta restauración y se evite así la desaparición de uno de los monumentos más interesantes del románico aragonés, que en la actualidad yace en un estado de ruina absoluta".

Pero un día..., en la primavera de 2009, apareció en el lugar un equipo técnico de PRAMES, se pusieron manos a la obra y la preciada ermita ¡¡¡quedó recuperada!!!... Le pusieron una armadura nueva de madera, tejado de losas de piedra, arreglaron las bóvedas del ábside, colocaron la losa altar, limpiaron el interior y exterior, colocaron una puerta...¡¡¡está casi como en 1050!!!.

Las gestiones se iniciaron en junio de 2006, con queja incluida al Justicia de Aragón. Han tenido que pasar 3 años para salvar, gracias a las reivincaciones de APUDEPA, una joya de nuestro patrimonio. Gracias a todas/os.

P.D. (como en las cartas).- Nuestra felicidad no es completa: la iglesia de san Miguel de Otal (s. XI) y la de san Julián de Escartín (s. XII-XVIII) siguen esperando una actuación urgente. Po favor, ¡¡¡no las dejemos caer!!!

 ****

Gestiones realizadas por APUDEPA para la salvación de la Iglesia de Otal, la Ermita de Bergua y la Iglesia de escarpín (coordinadas por José María Satué) 

Fecha                       Destino de los escritos.

•6-06-06        Ayuntamiento de Broto.

7-06-06         id.       id. (envío documentación)

7-06-06         Servicio de Prevención y Protección del Patrimonio Cultural-DGA.

6-10-06         Presidente Comarca de Sobrarbe (entrega documentación por Satué).

Verano-2007          Recogida de firmas en Otal, Bergua y Escartín.

21-12-07        Dirección Gral. de Patrimnio Cultural-DGA (pidiendo informe del arquitecto y las actuaciones que pensaba hacer).

21-12-07        Servicio de Guardería del Patrimonio C.

21-12-07        Servicio de Prevención y Protección del Patrimonio.

20-02-08        Presidente de la Comarca de Sobrarbe.

20-02-08        Dirección Gral. de Patrimonio Cultural-DGA.

14-03-08       Queja al Justicia de Aragón.

                        Nota de prensa al respecto (salió en Diario del Alto Aragón)

 

Respuestas y actuaciones de la DGA.

2006/07        Actuación: El Servicio de Protección y Protección (DGA) se pone en

contacto con la delegación en Huesca, que envía al arquitecto Antonio García Cid a visitar y evaluar las iglesias, 4-10-2006 va a Bergua, el 24-   04-2007 va a Otal y Escartín. El informe lo remite a Patrimonio (DGA).

14-01-08        Respuesta del Dr. Gral. de Patrimonio, nos dice que estamos equivocados en la nomenclatura de los Servicios, que le "descalificamos" al recordarle que se interese por las gestiones y que Patrimonio tiene un plan de actuación (no especifica más).

29-02-08        Del Presidente de la Comarca de Sobrarbe, comunicando acuerdo del Consejo para instar a Patrimonio a actuar.

7-03-08          Del Dir. Gral. de Patrimonio Cultural, insiste en la anterior.

25-04-08       En el BOA nº 47: concurso de licitación para contratación, restauración ermita de S. Bartolomé de Bergua, 64.523,72 €, plazo ejecución 4 meses.

17-08-08       Adjudicación a PRAMES por 62.910,63 €.

5-VII-09        La ermita de san Bartolomé de Bergua, está restaurada (según ha constatado José María Satué).

 

A VUELTAS CON EL “ESPACIO GOYA"

A VUELTAS CON EL  “ESPACIO GOYA"

Alumnos de la Escuela de Artes de Zaragoza. Foto Heraldo de A.  junio 2007

A VUELTAS CON EL "ESPACIO GOYA: CONSERVACIONISTAS Y CRÍTICOS"

Este artículo se ha publicado en Heraldo de Aragón, hoy 16 de julio del 2009*

El día 7 de mayo de 2009 en el suplemento de ARTES Y LETRAS de Heraldo de Aragón se publicó un artículo titulado "ESPACIO GOYA: UN ESPACIO PARNASIANO" firmado por Ricardo Marco, arquitecto. Su autor centra  el texto  en  la transformación de la Escuela de Arte de Zaragoza, obra del aragonés Félix Navarro de 1908, en el Espacio Goya, obra amparada por el Gobierno de Aragón a partir del concurso restringido que ganó en el 2006 el estudio Herzog y de Meuron; se declara ferviente admirador de  los suizos  y alaba la elección oficial de un  proyecto que describe en una extraña mixtura como arqueológico y crítico (?). Define al respecto  el autor cuatro posicionamientos técnicos pero puestos a identificar grupos Apudepa  añadiríamos  a muchos ex alumnos del edificio Escuelas que encuentran en el mismo un elemento identitario de cultura, así como  otros muchos ciudadanos que se sienten vinculados a su historia: Memorial de Héroes; Exposición Hispano Francesa; centro de educación y sala de exposiciones contemporánea. ¿De dónde se cree Ricardo Marco que salieron esas más de 20.000 firmas, recogidas por la Asociación en Defensa de  Emplazamiento y Uso Histórico de la Escuela de Arte (ADEEA) y el severo encierro de muchos alumnos en el verano del 2006? Apudepa apuesta por el edificio histórico, su uso y sus usuarios, en este caso centrado en lo educativo.

 En el texto detectamos  una fuerte subjetividad  al no situar el edifico docente de Navarro  en el Conjunto Histórico ni en el Catálogo de Edificios Históricos del PGOU de Zaragoza  como  Bien de Interés Monumental que es. En consecuencia, elude la legislación en materia de patrimonio cultural. ¿Con qué  derecho nos hace "renunciar", en materia de patrimonio cultural,  a la Constitución española y a la Ley de Patrimonio Histórico Español de 1985,  que es "conservacionista" (art. 39), al igual que la Ley de Patrimonio Cultural Aragonés de 1999?  En la práctica el catálogo debería suponer el derecho y deber de mantenimiento  del  valor  inherente al bien cultural a conservar. Marco sitúa al proyecto de Herzog y de Meuron entre una intervención arqueológica,  para el edificio en general, y de restauración crítica (de diseño moderno  o transgresor) para las salas anclas. Nosotros decimos directamente que no nos lo creemos pues según deducimos del proyecto de Herzog  van a quedar poco más que los cuatro muros de carga perimetrales de la fachada y los correspondientes al patio, puro "fachadismo" o casi un "falso histórico" en términos profesionales. Habrá una restauración crítica en el más duro diseño moderno. En suma, para que nos entiendan, el edificio de Navarro será irreconocible y  resulta difícil asimilar que el propio proyecto del Espacio Goya sea el resultado de dicha propuesta. ¿Será posible tanto papanatismo en la ciudad?

Para que no quepa ninguna duda diremos que Apudepa sí se posiciona en la opción "conservacionista"  y no en la "restauración arqueológica" (una bella mentira)",  que de forma  manipulada nos atribuye Ricardo Marco, expresión concreta con la que Apudepa no se  identifica, mientras él   se posiciona  a favor de la restauración crítica. En suma, aclararemos que la opción conservacionista, que responde básicamente al denominado Restauro Científico, de origen italiano,  tiene una fecunda trayectoria que en España introdujo durante  la II República la importante figura del arquitecto L. Torres Balbás en la Alhambra de Granada. La victoria franquista dio al traste con esos planteamientos  y en España se impuso una heterodoxia que hizo rechinar casi todos los cimientos de la restauración conservacionista (salvo contadas excepciones), a la par que las facultades obviaron toda docencia en materia restauradora y en paralelo se fue introduciendo  la nueva doctrina italiana del Restauro Crítico, aportada por C. Brandi, opción restauradora revisada  "a  la española"   en un momento, el de la transición democrática española, al que se adscribieron sin formación específica ingente número de arquitectos. De todo ello resultó "un totum revolutum" que España ha digerido como ha podido, lo que ha conllevado intervenciones que han supuesto, a veces, la transformación abusiva del objeto teóricamente a restaurar. Es la impronta del diseño moderno en edificios históricos, que como tal en ocasiones  dejan de serlo, el referente del restauro crítico, de transgresión amparada en el éxito asegurado del edificio histórico. Zaragoza ha sido, y es, una ciudad conservadora con un planteamiento contradictorio: para  las iglesias aplica una intervención conservacionista  como se puede observan en los templos,  y para la arquitectura civil en general emplea la demolición (salvo dignas excepciones), el  fachadismo o la restauración crítica en el mejor de los casos. Como ejemplo de esta última opción están los antiguos  palacios del actual colegio de arquitectos y  Museos Camón Aznar y  Pablo Gargallo. Hoy día Casa Tarín lleva el mismo paso.

Nos  desconcierta  Marco con tanta admiración por Hergoz y de Meuron y tan poca por Félix Navarro.  Nada dice sobre  la destacada biografía del arquitecto aragonés, a quien en su época llamaban el "arquitecto filósofo",  profesional de talante abierto e ilustrado, cuya trayectoria ha  quedado bien reflejada en el libro del Colegio de Arquitectos de Zaragoza, "Felix Navarro. La dualidad audaz".   Es duro aceptar con qué cierto desafecto Marco define el edificio de la Escuela de Arte como ecléctico espureo (sic),  ampliado por L. de la Figuera en 1936, ¿No hubiera sido más apropiado que lo hubiera clasificarlo como arquitectura historicista?, obra de calidad de la casi última generación formada en un academicismo riguroso y de alto valor constructivo. ¿Acaso Navarro no tuvo que someterse a  un encargo oficial de la Subcomisión de Obras de la Exposición Hispano Francesa de 1908? Obvia el autor del artículo el importante valor documental de una arquitectura orgánica llena de vida a través de unos amplios espacios pensados para talleres y aulas, en suma, una esperanzadora  escuela pública de artes  y oficios que hacía posible  incorporar,  por fin, a todas las clases sociales, un modelo pedagógico que   da  tantos  frutos en Zaragoza. La antigua Facultad de Medicina, la Escuela de Arte y Oficios, el colegio público Gascón y Marín y  el de Joaquín Costa  son cuatro hitos en cincuenta años de la Historia de la Educación Pública.

La experiencia nos indica que quien no honra la memoria y el trabajo de Félix Navarro tampoco admirará en el futuro la trayectoria de ningún arquitecto relevante, sea quien sea, aunque sea un transgresor moderno, como  Zaragoza ya lo ha  demostrado con   el  Rincón de Goya, obra del arquitecto aragonés José García Mercadal (1928), arquitectura del Movimiento Moderno que nunca asimiló como propia a pesar de ser un icono de la vanguardia  española y mundial, referencia inexcusable sobre el tema.

Exigimos voluntad política en el recto ejercicio del poder porque  es una condición imprescindible para sacar proyectos consensuados entre profesionales y  la opinión pública porque son garantía de éxito, económicos y propios de una sociedad más culta.  En suma, proponemos evitar el derroche en tiempo de crisis, respetar  un buen ejemplo de arquitectura civil historicista y apostamos para que se propicie una salida cabal al futuro Espacio Goya.

¿Por qué no abordar la recuperación del emblemático  edificio racionalista  y los jardines de García Mercadal como Espacio Goya? Otra alternativa sería el palacio de Fuenclara. Apudepa boga por una política de mantenimiento y respetuoso tratamiento del patrimonio cultural. La buena gestión se la debemos ahora a la Memoria de Goya.

Belén Boloqui (Apudepa)

* La versión que aquí presentamos es la original

 

Casa Sanz de Luna. Cultura rechaza la solicitud de catalogación, en consecuencia otra casa histórica de interés que perdemos.

APUDEPA denuncia que la Diputación General facilita el derribo de un caserón barroco (Casa Sanz) en pleno centro histórico de Luna. El Gobierno rechaza la solicitud de catalogación de esta Asociación con unos criterios indignos de una política moderna de patrimonio cultural

 La Asociación de Acción Pública para la Defensa del Patrimonio Aragonés, APUDEPA, ha denunciado hoy que la Diputación General de Aragón ha rechazado la solicitud de la Asociación para paralizar el derribo de Casa Sanz, en Luna, un caserón barroco de arquitectura aragonesa y gran belleza.

APUDEPA solicitó el pasado mes de mayo la catalogación de Casa Sanz en alguna de las categorías del patrimonio cultural aragonés (que son 4 y no 3, contrariamente a lo que afirma el informe técnico) para evitar el derribo de un edificio catalogado decretado por el Ayuntamiento de Luna.

Lamentablemente, la Diputación General se ha desentendido de nuevo de la conservación del patrimonio cultural, dejando su responsabilidad en manos de un ayuntamiento que ha decretado el derribo. El informe técnico en que se basa la resolución del Director General es indigno de unas políticas serias de patrimonio cultural y muestra una insensibilidad y un desconocimiento plenos de la arquitectura popular, rural y urbana.

La casa responde a los invariantes de la arquitectura civil de carácter noble en Aragón. Consta de tres plantas: baja, principal y planta falsa bajo cubierta, ventilada mediante el característico mirador corrido formado por la sucesión de arquillos de medio punto moldurados.  A esta galería, que nace de una línea de imposta también moldurada en piedra, se restringe el trabajo en ladrillo al exterior, ya que la fábrica, de gran calidad, es de piedra sillar bien escuadrada.  

Del análisis de su fachada, y de la constatación de su estado de conservación, se comprende el indudable interés que con toda seguridad conserva el edificio en su interior, que debe responder a la tipología noble y burguesa aragonesa, manteniendo los elementos constructivos y arquitectónicos que la definen. Se trata, sin duda, de uno de los ejemplares principales de la arquitectura civil de Luna, y un ejemplar destacado en las poblaciones medias de Aragón, por lo que debe ser protegido no solo exteriormente sino en su totalidad.

 

APUDEPA, 10 de julio de 2009

 

Elvira Adiego, Una vida dedicada a la ciudad

Elvira Adiego,  Una vida dedicada a la ciudad

Mucha profesionalidad, dedicación a la ciudad, sentido común y sencillez, eso y otras muchas cosas se desprende de una profesional experimentada  que deja por jubilación su trabajo de funcionaria arquitecta urbanista en el Ayuntamiento de Zaragoza.

Casi cuarenta años de práctica urbanística  en Zaragoza y su estilo directo y sincero hace que sea esta entrevista de enorme interés. Leamos con detenimiento a Elvira Adiego que habla claro de los problemas de la ciudad,  esos que vemos los ciudadanos y que los responsables no quieren  aceptar. Adiego apuesta por el caso histórico como espejo de la ciudad la rehabilitación: rehabilitar y rehabilitar, salvar lo que queda, que queda muy poco, dice la arquitecta; cuidar los espacios vivenciales; cuidar los cascos históricos; habla claro cuando incide en la falta de interés de la propiedad que sólo tiene interés especulativo; no es partidaria de la Expo floral sino de preservar la huerta.

Nos preocupa mucho que en sus últimos párrafos concluya aludiendo a la falta de entusiasmo y participación en los movimientos ciudadanos;  que las leyes urbanísticas primen en el interés privado más que el público; en la multiplicación administrativa de tal forma que los profesionales dejan de identificarse con su responsabilidad en la ciudad; en  "que el urba­nismo integral, entendido como servicio a la ciudad, debe ser reinventado o resuci­tado, si ya los griegos y los romanos lo ha­cían tan bien..."

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Rasmia aragonesa

 

Elvira Adiego, "Una vida dedicada a la ciudad"

Por  Francisco Felipe Ayala en "La calle de Todos", abril 2009 (Revista de la FABAZ)

TRAS 38 AÑOS DE TRABA­JO ININTERRUMPIDO, LA ARQUITECTA y URBANISTA MUNICIPAL ELVIRA ADIEGO DEJA POR JUBILACIÓN EL AYUNTAMIENTO DE LA CIU­DAD. RESPONSABLE DU­RANTE SU ÚLTIMA ETAPA DEL SERVICIO DE PLANES INTEGRALES Y ESTUDIOS URBANOS, SOMOS MU­CHOS QUIENES LA RECOR­DAMOS POR SU ACTITUD SIEMPRE DISPUESTA A CO­LABORAR CON LOS COLEC­TIVOS SOCIALES Y CON LA PROPIA FABZ EN MÚLTI­PLES SEMINARIOS Y JOR­NADAS SOBRE LA REHABI­LITACiÓN DEL CASCO HIS­TÓRICO. ZARAGOZANA DEL POPULAR BARRIO DEL GANCHO (SAN PABLO), PRECISO ES DESTACAR SU RIGUROSA LABOR, DíA A DíA DURANTE ESOS LAR­GOS AÑOS, EN ESTUDIOS URBANOS Y COMO DEFEN­SORA DE UN CASCO VIEJO QUE PARA ELLA ES EL "ES­PEJO DE LA CIUDAD". SIR­VAN ESTAS PÁGINAS, ADE­MÁS DE PARA CONOCER SUS INAPRECIABLES OPI­NIONES SOBRE EL URBA­NISMO DE LA CIUDAD, TAMBIÉN COMO MODES­TO HOMENAJE Y AGRADE­CIMIENTO POR TAN TENAZ Y VALIENTE ESFUERZO.

 

Hay que empezar por la infancia que los niños se eduquen e integren bien

El urbanismo entendido como servicio  a la ciudad debe ser resucitado

¿Cómo era la Zaragoza de su infan­cia? ¿Iba al colegio andando? Era una ciudad más familiar, más pró­xima. Vivíamos en la calle Agustina de Aragón (la parte estrecha). Los vecinos de la casa se ayudaban y los del mismo tramo de calle se conocían entre sí. Los cha­vales formábamos "pandas" de juego terri­toriales con gritos de llamada propios, y se jugaba en las calles que no tenían tráfico. y sí, iba al colegio de las Escolapias del Arco de San Roque andando, y las vueltas del colegio se eternizaban acompañándonos las amigas hasta nuestras casas varias veces.

¿Cómo decidió hacerse arquitec­ta? ¿Dónde estudió?

Me gustaba dibujar, la escultura...; también las ciencias y las matemáticas se me daban bien, mejor que las letras y el la­tín, si bien en mi familia no había arqui­tectos. Llegué a la selectividad de Cien­cias sin tenerlo muy claro, porque tam­bién me gustaba la biología, pero dadas mis aptitudes, un buen "maestro" me re­comendó la arquitectura. Estudié en Ma­drid, porque habiendo dos escuelas en­tonces (Madrid y Barcelona), se suponía a Madrid con un marchamo más artístico, en tanto que Barcelona lo tenía más prag­mático.

No habría muchas estudiantes de arquitectura entonces...

Ya empezaba a haber algunas. Nos co­nocíamos todas y éramos a la vez más co­nocidas por estudiantes y profesores, para bien y para mal. Junto con Raquel Martí­nez de Ubago fuimos las primeras que re­calamos en Zaragoza en el año 68. Tras un corto impasse de "pasante", entré a formar parte del equipo Z/7 - Arquitectos.

¿Cuándo entró en el Ayuntamien­to?

Entré en el año 71. Con el alcalde Horno Liria, en plena transición, con un Plan General recientemente aprobado y por desarrollar, aquel Ayuntamiento fue sobre todo gestor. El trabajo de los jefes de Servicio, dirigidos y coordinados por la propia Alcaldía, era más directo y se con­taba con la colaboración de todos, como no podía ser de otra manera. Se consiguió mucha ayuda de Madrid (eran tiempos en que todo el Urbanismo dependía del Mi­nisterio de la Vivienda), pues allí contá­bamos con un director general de aquí, Emilio Larrodera, autor del propio Plan General del 68, con el que hubo muy bue­na sintonía. Simultáneamente se estaba iniciando el movimiento ciudadano, al que conocíamos y dábamos charlas y con el que los redactores del planeamiento también teníamos buena sintonía. En este "clima" y de acuerdo con la Ley del Suelo del 56 se desarrollaron por el propio Ayuntamiento (no por los propietarios) casi todos los Planes Parciales previstos en la primera etapa del Plan: General. Se in­coó el expediente de Conjunto Histórico, se hicieron los primeros Catálogos de Edi­ficios de Interés y se realizó un Plan Espe­cial del Centro Histórico, que no fue aprobado definitivamente.

Ya. Se ha hecho mucho, pero lle­vamos treinta años y aún quedan edificios ruinosos y enormes sola­res. ¿Por qué?

Las causas son múltiples: la gestión bu­rocrática, complicada ... Tampoco hay preocupación por parte de la propiedad, que sólo tiene un interés especulativo. Al Registro de solares se le encuentran vein­te argucias jurídicas para evadirlo; igual sucede con la conservación de su patri­monio, a pesar de haber legislación y nor­mativa para ello. No se valora lo que te­nemos. Se ha dado "cancha" a su evolu­ción natural y esta evolución se encamina a sacarle el mayor provecho económico posible con muy mediocre calidad urba­nística y cultural.

¿En todos los cascos antiguos ha pasado lo mismo?

No, no. No hay más que mirar a Vito­ria, Barcelona, Pamplona, Oviedo, Lo­groño, o incluso los pueblos patrimonio histórico de Aragón..., sin pasar a Europa. Supongo que ha habido una mayor disci­plina urbanística y un mayor cariño por la ciudad. El actual aumento de inmigración es genérico para todos.

¿La inmigración es ahora un nue­vo problema añadido?

Sí, pero cuando se hicieron los prime­ros Planes Especiales ya estábamos al tan­to de lo que pasaba en otras ciudades eu­ropeas. El urbanismo debe aprender de otros. La experiencia de esos países nos decía que es mejor mezclar la población y los usos, que tienen que seguir siendo zo­nas vivas del mayor interés.

¿Qué necesita hoy el Casco?

Lo primero, que los que están vivan en condiciones de calidad urbanística y am­biental e integrados en la vida ciudadana. Pero también fomentar la diversidad, que no haya guetos que expulsen al resto de población.

Pero ¿cómo se integra?

Hay que empezar por las guarderías, por la infancia, que los niños se integren y se eduquen bien, y a través de las madres hacer también una política integradora. En las escuelas tendrá que haber alguna intervención específica para que no sean también guetos, que sean "mezcladitas", para que se aprenda a convivir. Se ha pe­dido siempre que las escuelas estuvieran abiertas con horarios extraescolares, que mientras los niños hacen sus actividades las madres puedan aprender español y nuevas habilidades.

¿Y desde el urbanismo?

Rehabilitar y rehabilitar, intentar sal­var lo que queda, que queda muy poco, mejorando la calidad de su hábitat con pequeñas y adecuadas renovaciones urba­nísticas; darle vida, cuidar más sus espa­cios vivenciales y apoyar sus ejes comer­ciales que se están hundiendo por la pro­pia globalización del comercio. Pero sobre todo hay que valorarlo más.     

¿Cómo?

El casco histórico tendría que ser el es­pejo de la ciudad. Al patrimonio históri­co-artístico debería suponérsele algún ti­po de valoración comercial-ciudadana, ya que la cultural parece como si no valiera o importara nada. Porque ¡cuánto vale el patrimonio de una ciudad que es singular por lo que ha sido, es y tiene, si lo compa­ramos con los nuevos barrios que se pue­dan añadir contemporáneos y global iza­dos?

Por cierto, ¿cómo ve las obras previstas para el Casco del Fondo de Inversión Local?

Creo que no están recogidas las necesi­dades prioritarias detectadas por su actual Plan Integral. Sí se han recogido obras ne­cesarias para el patrimonio histórico. En general creo que se han tenido que prepa­rar de forma apresurada, dada la premura del tiempo. Señalar que además urgen al­gunas obras como la reurbanización de las calles Miguel de Ara, Boggiero y Echeandía, que no deben verse demoradas.

Por seguir con la actualidad, ¿qué opina de hacer otra Expo en Las Fuentes?

Creo que Zaragoza no reúne condicio­nes para producción floral, por lo tanto resulta un tema forzado. Sí tiene una bue­na huerta en su entorno y una comarca frutícola de excelencia, y que para poten­ciar ambas cualidades o vocaciones de for­ma sostenible no resulta dicha Expo pre­cisamente lo más apropiado. También tie­ne ahora suficientes zonas verdes genera­les y los ríos cuidados.

¿Qué opina del tranvía?

Lo considero en todo caso comple­mentario. No creo que sea su momento sin tener previsto simultáneamente un medio de transporte mas rápido, sosteni­ble y que no deteriore otras movilidades como la peatonal y rodada de los bouleva­res y eje de Gran Vía, o la permeabilidad del barrio de San Pablo dependiente de San Blas-César Augusto.

¿Tiene algún recuerdo, profesio­nal, particularmente amargo de es­tos años? ¿Y más feliz? ¿Qué le hu­biera gustado hacer y no ha hecho?

Se echa de menos que no se aprobara definitivamente el Plan Especial del Con junto Histórico aprobado inicial y provi­sionalmente en el 82, por falta de enten­dimiento entre los coaliados, y aún con­tando con un sensible y buen defensor del mismo, el alcalde Sáinz de Varanda. Tam­bién el no haber conseguido sacar adelan­te la red de Cercanías comarcal, prevista con anterioridad a la implantación de la General Motors. A otro nivel más genéri­co que las recalificaciones sean casi siem­pre en detrimento de un urbanismo de ca­lidad y sostenible de la ciudad, o que los edificios de Interés, sobre todo los Am­bientales, no hayan sido rehabilitados in­tegralmente.

¿Cómo compara aquel Ayunta­miento con el que deja?

El Ayuntamiento que dejo no tiene nada que ver con aquel. No existe el entu­siasmo de la Transición con la participa­ción de los movimientos ciudadanos. Ni puede existir la carrera funcionarial admi­nistrativa, al estilo de los grandes admi­nistradores ingleses. Las leyes urbanísticas han cambiado dando más participación al interés privado en la redacción y gestión de los Planes Parciales que al propio inte­rés público de la ciudad. Y por si fuera po­co, junto a todo ello, en su crecimiento la Administración ha producido tal conglo­merado de dependencias, competencias políticas diversas, asesorías, departamen­tos, áreas, jefaturas ... junto a múltiples y sucesivos cambios, que los servicios, im­posibilitados de una gestión directa, en al­guna medida dejan de identificarse ine­quívocamente con su propia responsabili­dad en la ciudad, pues dependen de múlti­ples decisiones partidistas o de determina­dos puestos de poder dentro del propio partido. En estas circunstancias la defensa del propio Servicio de acuerdo con las ne­cesidades detectadas resulta heroica, ine­ficaz e ineficiente.

Desde fuera vemos el esfuerzo de los técnicos municipales que es­tudian y redactan miles de páginas que luego parecen no servir para nada, buena parte del PGOU, del PICH... ¿Es lógico, es inevitable?

Es un despilfarro económico y de ta­lento que debería y podría evitarse. Debe­rían existir criterios urbanísticos respecto a la ciudad que se mantuvieran aun con cambio de sus responsables o de sus legis­laturas. Es buen momento ahora con la crisis económica, pero requiere un con­senso y buenos gestores. Creo que el urba­nismo integral, entendido como servicio a la ciudad, debe ser re inventado o resuci­tado, si ya los griegos y los romanos lo ha­cían tan bien...

La jubilación parece producir sen­saciones contradictorias... ¿ Tam­bién se dedicará a "ver obras"?

Debo tener un problema, ni mi expe­riencia, ni mi mente, ni el interés por mi propia ciudad se han debido de jubilar. La edad no es óbice para participar. .. y además sensatamente, como bien saben algunos ciudadanos que persisten en ello a pesar de la edad, o gracias a la misma. Además los zaragozanos, jubilados o no, son generosos, lo que debería ser aprove­chado.

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Carlos Castilla del Pino: "Apresúrese a ver Córdoba"

Carlos Castilla del Pino: "Apresúrese a ver Córdoba"

Palacio del vizconde de Miranda en Córdoba- "venta de pisos, cocheras y locales comerciales".Foto Castilla del Pino publicada en la Rev. Triunfo (1973)

Éste es el artículo que publiqué en el n.  538 de la revista Triunfo, el 20 de enero de 1973, en el que denunciaba el abandono en que se hallaba la ciudad de Córdoba.Carlos castilla del Pino en "La Casa Del Olivo. Autobiografía (1942-2003) ". Tusquets ed.,  2004.

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"Apresúrese a ver Córdoba"

Salvo excepciones, cualquiera estaría dispuesto a aceptar que el hecho de que España no hiciese a su debido tiempo la revolución in­dustrial constituye una desgracia irreparable. España -la faz de Espa­ña- sería, con la mayor probabilidad, distinta, como lo fue tras la in­vasión árabe, y luego tras la Reconquista cristiana. Pero la negatividad que supone el no haberse incorporado en su momento nuestro país a lo que fuera el requerimiento industrial europeo, podría ofrecer hoy día una contrapartida positiva en algún sentido, a poco que existiese una mínima sensibilidad histórica: el desarrollo económico actual po­dría hacerse -debería nacerse, mejor dicho- de manera que fuese com­patible con la pervivencia del pasado y de los caracteres mismos de la ciudad, que la hicieron cuando menos habitable.

A mí me interesa el pasado -las huellas de nuestro pasado- no sólo a modo de adorno que ofrecemos a nosotros mismos y a los que nos visitan, cosa de por sí bastante importante. Me interesa que el pa­sado perviva en nuestras ciudades y pueblos, porque, paradójicamente, satisface necesidades elementales que la nueva ciudad está lejos de dar cumplido fin. Me refiero al hecho de que estas ciudades y pueblos sigan siendo habitables (cuando grandes masas los despueblan es «por otra» razón). Porque resulta que esas elementales instancias que son el vivir en relativo silencio, pasear, contactar uno con otro en tanto per­sonas, o sea, como conciudadanos, sólo es factible allí donde la ciu­dad todavía existe en tanto fue hecha por y para los hombres. Así se explica el comportamiento de tantos de nuestros emigrantes, que salen de sus tierras ante la imperiosa necesidad de subsistir, pero que una y vez regresan a las mismas, aunque sea pasajeramente, precisamente para convivir, porque esto del mero convivir emerge como necesidad, una vez que la de subsistir ha sido satisfecha. Posiblemente, ciudades como Écija, Antequera o Ronda, Cáceres o Trujillo, Plasencia, Ciudad­ Rodrigo o Cuenca, Toledo o Salamanca, por sólo citar unas pocas, no han sido edificadas de acuerdo a la acepción actual del vocablo «pla­nificación». La ciudad, creo, se hizo, o mejor, se fue haciendo concor­de con necesidades de toda índole, que van desde la climática y la de­fensiva a la artes anal y profesional. La consecuencia de todo ello es que cada ciudad de esta índole tiene el carácter que le es propio, o sea, su individualidad. En manera alguna, hay homogeneidad -ni siquiera entre pueblos de una misma comarca o región, aunque, con toda suer­te de aproximaciones, pueda hablarse del pueblo andaluz, castellano o gallego-, porque la identidad entre ciudades, como entre individuos, sólo puede ser expresión de la más opresiva forma de alienación, im­puesta, desde luego, por unos pocos. Hoy, sin embargo, se tiende a la ciudad-igual, y las colmenas inhumanas lo mismo se edifican en To­rremolinos o Sitges, a cien metros del mar, que en Badajoz o Segovia. El resultado de todo ello es el divorcio ostensible entre lo que la ciu­dad es y lo que debiera ser a tenor de los factores ecológicos, sencilla­mente porque la ciudad se planifica al margen de los ciudadanos, en armonía con los exclusivos intereses de un grupo de ellos.

Córdoba era una ciudad -y todavía lo es en alguna medida, aunque el futuro próximo se muestre en este sentido con tintas som­brías- que se podía habitar. Pero está dejando de serlo en virtud de una hábil y sutil maniobra. Se ha considerado un recinto monumental, y fuera del mismo se deja hacer, dentro de unas limitaciones que no son suficientes para evitar la pérdida del carácter que le ha sido propio. Pero Córdoba no será la misma porque se respete (?) el mínimo cír­culo de la judería y el que circunda a la Mezquita. El carácter de Cór­doba está también en el barrio de Santa Marina, en la Piedra escrita, en el conjunto de Santa Marta o de San Francisco, en la extensa área que comprende San Pedro, la calle de la Palma, de Alcántara, del Acei­tuno, la de Santiago y del Sol, el ámbito de la Magdalena ... Mi expe­riencia de «guía» durante los años que hace que vivo en Córdoba, me ha deparado siempre, ante visitantes que ofendería denominándoles tu­ristas, que estas zonas aludidas y muchas más muestran el notable con­traste entre lo que fuera remotamente la Córdoba árabe y judía y lo que ha sido la cristiano-popular, salpicada de palacios y casas solariegas de la aristocracia rural. Usted puede pasear esta Córdoba, sentarse en algu­nas de sus plazas, vivir la experiencia del testimonio directo de sus ha­bitantes, sencillamente porque el «hábitat» hace posible todavía hablar con el que pasa. Usted puede vivir la propia evolución histórica de la ciudad, las modificaciones sociológicas habidas, merced a los distintossignos que entre sus calles se ostentan. Porque la Historia no debe es­tar meramente en museos y archivos, sino que, allí donde ha sido res­petada, está sobre todo en la propia ciudad.

Córdoba está, como he dicho, dejando de ser. Y hay que reputar su devastación, ante todo, a la especulación del suelo. Pese a las tími­das limitaciones impuestas, sobre todo en lo que concierne a la altu­ra, han sido sacrificados ya los palacios del conde de Priego (siglo XVI), del conde de San Calixto (XVIII), del marqués de Valdeflores (XVIII), del vizconde de Miranda (XVIII), del marqués de la Fuensanta del Valle (XVI), la casa de los Ceas, popularmente conocida como «Casa del In­diano» (del xv); el Ayuntamiento (siglos XVI-XVII) y un conjunto de ca­sas solariegas que sería prolijo enumerar (por ejemplo, en la plaza de San Juan, en la calle de San Pablo, en la Trinidad1.- [Nota al pie: En la plaza de la Trinidad fue demolida la casa en donde murió don Luis de Góngora, pese a la oposición, solamente oral, claro es, de una gran ma­yoría. Sobre el solar ha sido edificada la residencia del Opus Dei.], et­cétera). No sólo son pérdidas irrecuperables en tanto edificaciones sim­bólicas del pasado, que podrían ser perfectamente utilizadas hoy, sino que la misma espacialidad que tales edificaciones conlleva ha sido de­finitivamente perturbada. Tras la torre de la Malmuerta -algo seme­jante a lo ocurrido con la torre de Valencia en Madrid- se alza un blo­que de pisos. La plaza del conde de Priego, para citar uno de los más graves ejemplos de destrucción inimaginable, era realmente un asom­bro: el palacio formaba un ángulo recto, con sus dos fachadas de una sobriedad impresionante; otro lado del rectángulo lo forma aún la fa­chada del convento de Santa Isabel, con ventanales de celosía a unos ocho o diez metros sobre el suelo; al frente, la iglesia de Santa Mari­na cerraba parcialmente el espacio apenas iluminado, de manera que la vivencia habitual, apenas anochecido, venía a ser una mezcla de re­cogimiento y temor. La destrucción comenzó emplazando allí el mo­numento a Manolete, horrendo pisapapeles de tamaño descomunal, que tiene el honor de figurar en la antología del mal gusto mundial. (Véase Gillo Dorfles, Kitsch. An Antology 01 Bad Táste, Studio Vista, Lon­don, 1969, página 84. Tras el primer plano del monumento, puede ver el lector parte de la fachada del palacio desaparecido.) Hubo entonces una oposición encubierta a que a Manolete se le erigiese un monu­mento, y luego, a su emplazamiento. Recuerdo que su elevación se hizo gracias al producto obtenido de una corrida en la que hubieron de lidiarse once toros, amén de una charla de aquel inefable académi­co que se llamó en vida don Federico García Sánchiz: el buen sentido del público hizo callar a tan ilustre charlista apenas abrió la boca para emitir toda suerte de tópicos acerca de «la Córdoba de Maimónides y de los Abderramanes», y le obligó a limitarse a contemplar la corrida como uno de tantos y a que le dejara en paz. Pero el monumento se hizo. Y cuando un cordobés sensato -«discreto», diría Baroja-, con toda suerte de precauciones, hizo una tímida protesta a que a Mano­lete se le erigiese tamaño artefacto, en esta ciudad en la que Séneca, Lucano, cualquiera de los Emires y Califas, Maimónides, Albucasis y varias docenas más de ilustres nacidos, no poseían aún nada que los hiciese recordar, alguien salió con la razón: «Es que ésos no eran ca­tólicos ... ». En una segunda etapa, el propio palacio ha sido demolido para edificar en su lugar una casa de pisos, eso sí, de corte seudo an­daluz, con el aire de alegría estúpida quinteropemaniana que nada tie­ne que ver con lo que quiera que sea eso que, por llamado de alguna manera, denominamos «lo andaluz» (es curioso que el descubrimiento de la lógica tristeza y la seriedad del andaluz, que se corresponde tan­to con el «cante jondo» cuanto con Bécquer, Machado, Larca o Juan Ramón Jiménez, tuviera que ser entrevisto gracias a extraños tales como Borrow, Baroja u Ortega, entre otros). emitir toda suerte de tópicos acerca de «la Córdoba de Maimónides y de los Abderramanes», y le obligó a limitarse a contemplar la corrida como uno de tantos y a que le dejara en paz. Pero el monumento se hizo. Y cuando un cordobés sensato -«discreto», diría Baroja-, con toda suerte de precauciones, hizo una tímida protesta a que a Mano­lete se le erigiese tamaño artefacto, en esta ciudad en la que Séneca, Lucano, cualquiera de los Emires y Califas, Maimónides, Albucasis y varias docenas más de ilustres nacidos, no poseían aún nada que los hiciese recordar, alguien salió con la razón: «Es que ésos no eran ca­tólicos ... ». En una segunda etapa, el propio palacio ha sido demolido para edificar en su lugar una casa de pisos, eso sí, de corte seudoan­daluz, con el aire de alegría estúpida quinteropemaniana que nada tie­ne que ver con lo que quiera que sea eso que, por llamado de alguna manera, denominamos «lo andaluz» (es curioso que el descubrimiento de la lógica tristeza y la seriedad del andaluz, que se corresponde tan­to con el «cante jondo» cuanto con Bécquer, Machado, Larca o Juan Ramón Jiménez, tuviera que ser entrevisto gracias a extraños tales como Borrow, Baroja u Ortega, entre otros).

En ocasiones, antes de la destrucción-construcción, se obliga a la empresa, como si fuera una exigencia drástica, a que respete la fachada, y así vemos surgir engendros de pisos tras la fachada del ya demolido palacio del vizconde de Miranda; o tras la casa del Indiano, un artifi­cioso decorado muy propio para un film de Imperio Argentina o Lola Flores.

Cualquier ciudad del mundo habría encontrado usos para estas edi­ficaciones, desde grupos escolares -Córdoba, tan necesitada de ellos­y Colegios Universitarios, hasta bibliotecas públicas, salas de concier­to, teatro municipal, incluso hoteles o mesones, si no mediante el in­terés económico, capaz de convertir en solar útil, si se le deja, a la pro­pia Mezquita. Hoy están en peligro inmediato, por ejemplo, la casa del marqués de Boil y el soberbio palacio del marqués de Benamejí, que conserva todavía intactos incluso los jardines descritos por Baroja, a principios de este siglo, en La firia de los discretos,·y que ha sido durante años Escuela de Artes y Oficios.

Para calmar sin duda la mala conciencia ante los hechos somera­mente apuntados, en Córdoba ha entrado la peligrosa absesión recons­tructora. Es muy probable que nuestros «reconstructores" consideren salvajes a los ciudadanos de Roma, que no han rehecho el Foro o el Coliseo, o que estimen indolentes e incultos a las atenienses, que no han tenido interés en reconstruimos el Partenón, dejando los fragmen­tos del mismo esparcidos por la Acrópolis. Aquí, en Córdoba, no se trata de dejar a las ruinas en condiciones, todo lo más, de que no se arrui­nen más: eso se estimaría en poco. Hay que hacer de nuevo -absolu­tamente de nuevo- la Sala del Trono del palacio de Medina Azahara, hasta ofrecemos una ridícula parodia de lo que fue; hay que hacer íntegramente de nuevo el inmenso templo romano, aunque, desde luego, con columnas de escayola y capiteles de lo mismo; hay que ha­cer de nuevo la totalidad de las almenas de la muralla del Alcázar y construir un foso escuálido, capaz de ser saltado por un infante en jol­gorio, porque -como me dijo el teniente de alcalde de su momento­ «después de dos inviernos, ¿qué americano sabe que esto que hacemos no tiene más de quinientos años?"; hay que estropear definitivamente la puerta de Sevilla, único resto de arquitectura militar visigótica que poseemos, con bloques de piedra simulada; hay que pintarrajear de co­lorines absurdos la portada románico-ojival de la capilla mudéjar de San Bartolomé, o hacer que nos sonrojemos ante los que, al visitamos, nos preguntan: «¿Pero, qué es eso?», cuando contemplan la horripilan­te fachada del Hospicio (hoy Diputación), estucada para simular már­moles veteados. Y así sucesivamente.

Imagino que una ciudad plantea innumerables y muy complejos problemas, sobre todo en etapas socio económicas de transición. Pero ha de haber, necesariamente, forma de resolverlos, y se podrá aprender, sin duda, en Roma, en Florencia, en Pisa, Urbino, Siena, o simplemen­te recurriendo al buen sentido. Cuando hablo de que se respete la hue­lla del pasado, no estoy defendiendo la pervivencia de la miserabilización que, para las actuales exigencias, ofrecen sin duda muchas muestras de arquitectura popular, como las clásicamente denominadas casas de veci­nos. No planteo el problema en alternativa, y, desde luego, ignoro cuál sea su solución racional. Quiero simplemente llamar la atención so­bre que no es permisible -perdón: no debiera ser permisible- que una ciudad se destruya ante nuestros ojos, y con una rapidez que no hace honor a la tan cacareada apatía de los españoles. Probablemente, la mayor parte de los que colaboran en esta tarea pertenecen al grupo de los que hablan reiteradamente de «valores eternos» y sitúan a España como «reserva espiritual de Occidente». Nunca se dio tan ostensible desparpajo entre la espiritualista retórica al uso y la práctica utilitarista. A lo peor, hablando como hablo, se me incluye, una vez más, entre los que forman en el grupo de esa curiosa entidad que ellos mismos denominan «anti-España».

Alberto Moravia dijo hace años que Córdoba era la ciudad más bella del mundo. Por principio, hay que considerar esta frase inexacta. Sólo en un arrebato disculpable puede emitirse, porque, de hecho, na­die, ni Moravia, ni Fidias redivivo, posee una vara para dictaminar so­bre medidas estéticas. Yo me limito a decir que Córdoba me parecía muy bella y que, para mí también, no era intercambiable. Si usted, querido lector, pretende tener idea de lo que Córdoba era nada más que hace diez años, ha de apresurarse. Porque de algo de lo que fuera pue­de no quedar huella alguna cuando venga, o, por el contrario, puede hallado todavía, pero bajo la forma de esperpento. C. C. DEL P. Re­portaje gráfico: ZURITA.